¿Cambio de era en la cadena de ganados y carnes?
Según Andrés Costamagna, referente de la Sociedad Rural Argentina, la escasez define los aumentos, aunque anticipa una tenencia de estabilización para 2027.
26/02/2026 | 07:22Redacción Cadena 3
En medio de la discusión pública por el precio de la carne, algunas voces plantean un diagnóstico que rompe con la explicación más repetida: el aumento no responde al mayor nivel de exportaciones, sino a una transformación profunda en la matriz económica de la cadena de ganados y carnes.
Así lo sostuvo Andrés Costamagna, referente ganadero de la entidad, en diálogo con El Campo Hoy. Su lectura apunta a un fenómeno estructural: menor oferta tras años de distorsiones, y un mercado que empezó a regirse por reglas globales.
Falta de oferta, no boom exportador
“En la realidad, el precio de la carne se dispara por falta de oferta”, resume Costamagna. Y esa falta de oferta —según detalla— es consecuencia de “muchos años de política pública en contra del sector”, sumados a una crisis económica con tres años de alta inflación, caída de stock y sequía.
El dato que sorprende es que, aun en un año recesivo como 2025, el consumo interno de carne vacuna creció. Es decir, el consumidor argentino —al menos una parte significativa de él— siguió demandando carne pese al contexto económico adverso.
La diferencia, explica, es que el precio dejó de estar atado al salario como ocurría en períodos de inflación crónica. “Antes, el techo lo ponían los ingresos y las paritarias. Ahora el precio sigue los parámetros globales de oferta y demanda”, afirma.
Se rompieron los “vasos comunicantes”
Durante años, la administración de exportaciones y los controles de precios generaron un mercado con “vasos comunicantes” entre la carne vacuna, la porcina y la aviar. Cuando la carne vacuna subía, las otras proteínas actuaban como sustitutos cercanos.
Hoy el escenario cambió. Con precios más desregulados y arbitrados según valores internacionales, la carne vacuna vale bastante más que el pollo y el cerdo, tal como ocurre en la mayoría de los países.
Igualmente, Argentina sigue estando entre los principales consumidores de carne vacuna del mundo, pero la tendencia empieza a modificarse. Según Costamagna, este año el pollo pasará a ser la proteína más consumida, seguida por la carne vacuna y luego la porcina. No por una pérdida de poder adquisitivo exclusivamente, sino por una menor producción de carne vacuna.
El efecto “recomposición”: menos carne hoy, más equilibrio mañana
Uno de los puntos centrales del diagnóstico es el proceso de recomposición del stock ganadero.
Durante años, el sistema operó con tasas de extracción por encima del nivel de equilibrio, lo que implicó liquidación de hacienda. Ahora, con una señal de precios más clara, los productores optan por retener animales más tiempo en el campo para lograr mayor peso por res.
Ese “roleo” —como lo define Costamagna— implica demorar entre seis meses y un año la salida de animales al mercado. El resultado inmediato es menor oferta en el corto plazo y presión alcista sobre los precios durante esta transición, que se extendería a lo largo de 2026.
“Estamos estimando que este año se producirán 200.000 toneladas menos de carne vacuna en Argentina”, advierte. Sin embargo, prevé que el proceso se equilibre hacia 2027, cuando la recomposición del rodeo y el aumento del peso promedio permitan recuperar volumen.
Importaciones, exportaciones y arbitraje de precios
Frente a la caída productiva, el mercado ya empieza a mostrar otro cambio de paradigma: la importación como herramienta de arbitraje. El sector estima que podrían ingresar unas 120.000 toneladas desde Brasil y Paraguay.
Así, el precio interno terminará siendo un equilibrio entre lo que se produce localmente y lo que se importa.
En paralelo, se abren oportunidades externas. Argentina cuenta con una cuota de 80.000 toneladas hacia Estados Unidos y podría sumar entre 25.000 y 30.000 toneladas adicionales hacia Europa. Para Costamagna, más exportación no implica necesariamente menos carne ni precios más altos en el mercado interno. “A mayor exportación, puede haber más barato el consumo interno”, sostiene, en la medida en que la producción crezca y el sistema se ordene.
Un cambio estructural tras años de distorsión
El dirigente ganadero señala que el actual escenario es consecuencia de un largo período de desorden macroeconómico: inflación del 211%, cierre de exportaciones, caída del stock bovino y sequía: todo eso derivó en menor producción.
Cuando la oferta cae y tanto el consumo interno como la exportación se mantienen firmes, el resultado es una suba de precios. Pero, a diferencia del pasado, el mercado dejó de moverse al ritmo del salario y empezó a hacerlo al compás de la oferta y la demanda global.
En síntesis, el entrevistado argumentó a Cadena 3 que el aumento de precios de la carne vacuna no sería un fenómeno coyuntural vinculado exclusivamente al comercio exterior, sino la manifestación de una transición profunda en la cadena ganadera argentina. Una transición que implica tensiones en el corto plazo, pero que —según el sector— apunta a recomponer producción y eficiencia para volver a crecer.
La discusión, entonces, ya no es sólo cuánto cuesta el asado, sino qué modelo productivo y comercial definirá el futuro de la carne argentina.
Federico Aguer





