Santa Cruz siembra futuro: el desafío al desierto
Con el apoyo del gobierno provincial, buscan poner a producir a una franja de valles pre cordilleranos; en el marco de una visión mayor que permita aprovechar el agua y controlar plagas naturales.
02/02/2026 | 10:09Redacción Cadena 3
En una provincia históricamente asociada a la aridez, el viento y la ganadería extensiva, una imagen inesperada comenzó a cambiar el paisaje: una cosechadora levantando avena a pocos kilómetros del glaciar Perito Moreno. No es una postal menor.
Es, según explica Enrique Jamieson, presidente de la Federación de Instituciones Agrícolas de Santa Cruz, el símbolo de una apuesta productiva que busca abrir una nueva etapa para el agro provincial.
En diálogo con El Campo Hoy, Jamieson contextualiza el desafío: “Santa Cruz, básicamente, es una zona desértica. Pero el cordón cordillerano tiene mayor precipitación y una buena capa fértil”. Allí, en esa franja al oeste de los Andes, se concentraron las primeras pruebas agrícolas impulsadas por gestiones del gobierno provincial.

La experiencia abarcó unas 370 hectáreas, una superficie acotada pero significativa para una provincia donde la agricultura prácticamente no existe. “Para nosotros fue un placer ver una trilladora levantando avena”, resume Jamieson. Los resultados, aun preliminares, fueron alentadores: un lote sembrado en primavera rindió alrededor de 1.200 kilos por hectárea, mientras que otro implantado en otoño alcanzó los 2.500 kilos. La diferencia estuvo en la captación de humedad, clave en una región donde cada milímetro cuenta.
Más allá del rinde, el valor estratégico es claro. Hoy, la avena que se consume en Santa Cruz llega desde cientos o incluso miles de kilómetros, con fletes que muchas veces cuestan más que el propio grano. “Producir un forraje local, aunque no parezca tan atractivo en términos tradicionales, se vuelve muy interesante cuando descontás el costo del transporte”, explica el ruralista.
Van por más
La iniciativa no se agota en esta primera prueba. El gobernador provincial habló de una proyección que podría superar las 2.400 hectáreas sembradas, un número que Jamieson considera viable, aunque con matices. “No es toda la provincia: es la franja cordillerana, con otro régimen de lluvias y otra aptitud de suelo. Son lotes vírgenes que hay que preparar, hacer barbechos, romper miles de años sin labranza. Pero no lo veo como algo lejano”, afirma.

El contagio a los productores será clave. Y para eso, sostiene Jamieson, el rol del Estado resulta decisivo. “Muchas de estas pruebas son muy difíciles de encarar para un privado solo. El esfuerzo inicial, el riesgo, la maquinaria… ahí el impulso del gobierno provincial es fundamental”.
La visión es ambiciosa y va más allá de la avena. En agenda aparecen cultivos como trigo, arveja, y hasta proyectos vitivinícolas. En la zona de Tucu Tucú, cerca del lago Posadas, ya se implantaron las primeras plantas de vid con riego por goteo. “Ojalá podamos tener un vino más austral, con buena amplitud térmica y una capa fértil interesante”, se entusiasma Jamieson.
La meta es ponerse a producir
Agua, tierra y clima parecen alinearse en algunos sectores privilegiados de la cordillera santacruceña, donde pequeños ríos y arroyos permitirían desarrollar sistemas de riego más estables. Sin embargo, el dirigente no esquiva los límites estructurales: Santa Cruz sigue siendo un desierto, con grandes ríos que desembocan en el mar sin aprovecharse. “Necesitamos obras hídricas. Es una picardía que tanta agua se vaya sin poder usar al menos una parte”, advierte.
El problema del guanaco
El panorama productivo, además, enfrenta otros desafíos. Sequías severas, especialmente en la meseta central y el norte provincial, y una problemática que Jamieson plantea con crudeza: la presión de depredadores y el crecimiento exponencial de la población de guanacos. “Hace 20 años había 300 mil; hoy hay cerca de 3 millones. Hay productores que pierden hasta el 50% del forraje”, señala. Para el sector, la discusión ya no es ideológica sino productiva: sin control en áreas destinadas a la producción, resulta imposible sostener la actividad.
En ese contexto, la incipiente experiencia agrícola aparece como una señal de largo plazo. No una solución mágica, pero sí un camino. “Uno nunca sabe si no prueba”, resume Jamieson. En Santa Cruz, donde el desierto domina, probar puede ser el primer paso para sembrar algo más que avena: sembrar futuro.
Federico Aguer





