Cómo fue el crimen del policía y cuáles son los cabos aún sueltos en la causa
Pese a la rápida liberación del principal acusado de haber baleado al policía en una casa de barrio Villa Belgrano, la investigación aún tiene varios interrogantes abiertos.
16/03/2026 | 11:54Redacción Cadena 3
Faltaba un puñado de minutos para que el reloj marcara las 21 del jueves último. En la vivienda ubicada sobre calle Nepper al 5900, pleno Villa Belgrano, en el noroeste de la ciudad de Córdoba, hacía rato que llegaba el eco del Estadio Kempes, donde estaban terminando de jugar el clásico Talleres e Instituto. Una zona con un infernal movimiento de personas, autos, naranjitas, inspectores, puestos y policías que no amedrentó a los delincuentes.
Según se observa en las cámaras que tiene en su poder la fiscalía a cargo de la investigación, dos jóvenes ladrones armadas con un destornillador irrumpieron adentro de esa casa, donde se encontraba Paolo Zambelli (39) junto a su actual pareja, Lorena Bonivardo.
En ese momento, la mujer estaba hablando por celular con una amiga, que escuchó cuando los ladrones la sorprendían y la obligaban a cortar la comunicación.
Fue esta amiga la que dio aviso al 911 de la Policía sobre lo que estaba ocurriendo.
En segundos, los delincuentes redujeron a Zambelli y a Bonivardo, mientras les exigían dinero en efectivo.
Minutos después, llegó hasta la puerta de la vivienda el policía Luis Alejandro Azábal (56), quien se bajó para observar la casa desde la vereda. A los pocos minutos, apareció una segunda patrulla. Mientras un comisario se quedaba afuera, Azábal cruzó las rejas y se internó en el hall de la casa, camino a la puerta principal.

Fue entonces que todo se precipitó. Los ladrones se dieron cuenta de que habían llegado policías, por lo que salieron corriendo por el patio de la casa. Treparon un techo y se descolgaron por la esquina, según se corroboraría después, cuando se encontró una campera abandonada en el techo de esta otra casa.
Zambelli, en tanto, logró desatarse, corrió hacia la planta alta de su casa, tomó una de sus pistolas, una Glock nueve milímetros, y se asomó por la ventana de arriba, que da hacia la calle Nepper. Desde allí, vio que alguien estaba agachado en el hall. Todo indica que jamás se dio cuenta de que era un policía, y creyendo que era alguno de los ladrones, o acaso un cómplice, le disparó desde la planta alta.
La historia es conocida: el balazo le ingresó a Azábal por la clavícula, justo al lado de la zona cubierta por el chaleco antibalas, y viajó hasta el corazón.
En el mismo registro de las cámaras, confiaron las fuentes consultadas, se observa cómo Zambelli baja corriendo y comienza a hacerle maniobras de reanimación a Azábal, mientras exclamaba para que no se muriera.
De inmediato, los compañeros lo cargaron en un móvil y lo llevaron hasta el cercano Sanatorio Allende, donde los médicos estuvieron 45 minutos intentando sostenerlo con vida. Hasta que no lograron sacarlo del quinto paro cardíaco.
Hoy, los jefes policiales se muestran agradecidos al esfuerzo de los médicos. El balazo había sido fatalmente certero.
Zambelli quedó detenido, acusado en un primer momento por homicidio agravado por el uso de arma de fuego, y casi de inmediato nombró como abogada a la penalista Mónica Picco.

En un comunicado divulgado por el Ministerio Público Fiscal el viernes a media mañana, se indicó que el fiscal Víctor Chiapero (que reemplaza de manera temporal a su colega Jorgelina Gutiez, la titular natural de esa fiscalía), además había imputado a Zambelli por la supuesta tenencia ilegal de armas de fuego, ya que se habría constatado que no tenía los papeles de dos de las seis armas incautadas en el domicilio.
De manera llamativa, este comunicado, divulgado a las 9.04 del viernes ya no existe más en la página oficial del MPF de Córdoba. Fue reemplazado por otra gacetilla, el mismo viernes al mediodía, en el que de manera escueta se indicaba que Chiappero había ordenado la liberación de Zambelli, sin aclarar qué imputaciones pesaban ahora sobre él.
Las fuentes consultadas indicaron que le bajó la imputación a exceso en legítima defensa y que desapareció la acusación de tenencia ilegal de arma de guerra.
La velocidad con la que el fiscal Chiappero resolvió la liberación de Zambelli, junto a la morigeración de la figura penal, provocó críticas por parte del ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros.
Los informantes agregaron que en un principio se habría constatado que en el domicilio de calle Nepper había seis armas de fuego, entre pistolas y escopetas: dos estarían a nombre de Zambelli y las otras cuatro a nombre de su actual pareja, Bonivardo.
Quienes conocen el mundo del tiro deportivo en Córdoba aseguran que ambos han practicado esa actividad. Incluso, ella, arquitecta de profesión, tiene fotos en redes sociales apuntando con un arma.
En ese sentido, las mismas fuentes aclararon que, si bien habían ido varias veces al Tiro Federal, tanto Zambelli como Bonivardo no eran considerados, en ese ambiente, como “expertos” en la materia.
Zambelli y Bonivardo tienen vínculos con un expolicía. Ella es hermana de Alejandro Bonivardo, quien fue expulsado de la fuerza tras un resonante episodio.
De acuerdo a los registros periodísticos de la época, en mayo de 2012, los entonces policías Bonivardo y Victorio Joaquín Bernardo fueron a la comisaría de Huinca Renancó y les ofrecieron 10 mil pesos a los colegas que estaban de guardia, a cambio de que liberaran a varios individuos que habían sido detenidos en una ruta cercana.
Al año siguiente, la Cámara del Crimen de Río Cuarto los condenó por cohecho en grado de tentativa, y en el caso de Bonivardo también por portación ilegal de arma de guerra. Fueron exonerados, pero no a prisión.
El mismo fiscal Chiappero ya tuvo al expolicía Bonivardo en la mira años atrás, cuando una serie de atentados a los tiros y con bombas tipo molotov, originaron denuncias cruzadas en la Justicia de Córdoba.
En enero de 2019, una bomba incendiaria y varios disparos ejecutados contra una vivienda de calle Tupac Amaru al 3100, alteraron la calma en esa zona de barrio Jardín. En la causa se sospechó que los sicarios se habían equivocado de blanco, ya que los ocupantes de la casa atacada no tenían motivo alguno para recibir un mensaje mafioso de esas características.
Pero al lado de ese domicilio, vivían hasta esa madrugada del 7 de enero María Nieves Díaz Carballo y sus hijos Roque Spidalieri (en ese entonces era subsecretario de Financiamiento del Ministerio de Finanzas de la Provincia) y Santiago Spidalieri (dueño de un boliche y empresario de espectáculos nocturnos).
Este último fue quien en noviembre anterior había presentado en la Justicia penal una denuncia en contra de un empresario farmacéutico y del expolicía Bonivardo por un supuesto “apriete” que habría sufrido de ambos. En principio, le habrían reclamado el pago de una deuda que Spidalieri mantenía con el titular de la droguería y estaba lejos de ser saldada.
Esa presentación judicial que investigaba el fiscal Chiappero pasó a convertirse en el antecedente en la investigación del atentado de barrio Jardín de comienzos de este año.
Las causas se ramificaron en diferentes fiscalías (la del “apriete”, en la de Chiappero, y la del “atentado”, en la de Guillermo González) y terminaron por desinflarse con el paso de los años.

A todo esto, otro dato que los investigadores han anotado ahora apunta a que la vivienda de calle Nepper, donde la semana pasada fue ultimado el policía Azábal, hace tiempo que es objeto de un conflicto judicial entre dos exsocios de una firma por una presunta usurpación.
Fue en el marco de esta disputa que Zambelli y Bonivardo llegaron a habitarla hace poco tiempo.
Pese a todo este contexto, en la investigación no se sospecha, hasta ahora, que el asalto que sufrió la pareja el jueves a la noche haya estado motivado por alguna otra cuestión ajena a la inseguridad cotidiana en ese sector de la ciudad.
“No parece un ajuste de cuentas ni que se haya tratado de delincuentes ‘profesionales’; entraron con un destornillador y ni fueron a robarle las armas, como si no tuvieran estudiadas a las víctimas”, amplió un avezado investigador, aún conmovido por lo ocurrido en la despedida final de Azábal, el sábado a la mañana en Río Ceballos: camino al cementerio, varias personas que se cruzaban con el cortejo detenían lo que estaban haciendo para saludar con respeto el último paso del policía que pensaba retirarse en junio próximo.






