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Lo único que obstruye Adorni es la credibilidad del Gobierno

   

08/05/2026 | 13:02Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Adorni y la cascada (Foto realizada con IA)

FOTO: Adorni y la cascada (Foto realizada con IA)

  1. Audio. Lo único que obstruye Adorni es la credibilidad del Gobierno

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Lo único que está obstruyendo hoy Manuel Adorni no es una causa judicial. Es la credibilidad del Gobierno.

Porque cuesta encontrar una explicación más difícil de sostener que la que dio el propio funcionario cuando argumentó que no puede hablar públicamente sobre su patrimonio para no "obstruir a la Justicia". No solamente resulta débil desde lo legal. También suena extraña desde lo político.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Adorni no es un técnico escondido en una oficina. Es uno de los principales rostros políticos del gobierno de Javier Milei. Ganó una elección importante en la Ciudad de Buenos Aires, representa públicamente al oficialismo y ocupa un lugar central en la comunicación política del Gobierno. Por eso tiene no sólo la posibilidad, sino también la obligación política de explicar aquello que genera dudas públicas.

Nadie espera que vaya a un canal de televisión a litigar una causa judicial. Pero sí que explique, políticamente, aquello que la sociedad necesita entender. De dónde salió el dinero, cómo evolucionó su patrimonio o cuál es el origen de los gastos que hoy están bajo sospecha pública.

Eso no es obstrucción de la Justicia. Eso es rendición de cuentas.

/Inicio Código Embebido/

/Fin Código Embebido/

La figura de obstrucción judicial tiene características muy concretas. No se trata de brindar una explicación pública. Lula da Silva fue acusado de intentar comprar el silencio de un exdirectivo de Petrobras en medio del escándalo de corrupción. Richard Nixon quedó envuelto en el caso Watergate porque buscó influir sobre organismos de inteligencia para frenar una investigación. Ahí hay presión, encubrimiento, manipulación de pruebas o interferencia concreta.

No tiene nada que ver con presentarse frente a la sociedad y decir: "Esto salió de una herencia", "esto de un préstamo" o "esto de una operación declarada".

En la Argentina, además, el Código Penal contempla situaciones muy específicas para hablar de obstrucción: falso testimonio en sede judicial, desobediencia de órdenes judiciales, ocultamiento de pruebas, amenazas a testigos o encubrimiento. Una conferencia de prensa no entra en ninguna de esas categorías.

Por eso la explicación de Adorni parece más una estrategia política que una limitación jurídica. Y una estrategia, además, que está generando el efecto contrario al buscado.

Porque mientras el Gobierno intenta instalar buenas noticias económicas, el caso Adorni se convirtió en el centro absoluto de la agenda pública. Todo queda tapado. La discusión económica, las inversiones, las reformas, el relato oficial sobre la estabilidad. Todo termina absorbido por una pregunta básica que todavía no encuentra respuesta clara.

/Inicio Código Embebido/

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Y el problema ya dejó de ser exclusivamente opositor o mediático. Empezó a generar ruido interno.

Patricia Bullrich salió a marcar públicamente que "el proyecto es más importante que las personas" y pidió que Adorni presentara rápidamente su declaración jurada. Milei respondió respaldándolo de manera contundente y aseguró que no piensa echarlo “ni en pedo”. Pero al mismo tiempo admitió que dentro del Gobierno evaluaban adelantar la presentación patrimonial.

Sin embargo, Adorni volvió a cerrarse: no va a explicar nada hasta presentarse ante la Justicia, antes del 31 de julio, en una fecha todavía indefinida.

Ahí aparece otro problema serio para el oficialismo: los tiempos judiciales argentinos no son precisamente veloces. Algunas causas tardan décadas en resolverse. El expediente definitivo contra Cristina Fernández de Kirchner demoró cerca de veinte años.

Entonces, ¿la estrategia es permanecer en silencio durante meses o años mientras la sospecha sigue creciendo?

La política funciona de otra manera. La Justicia determina responsabilidades penales. Pero la credibilidad se juega todos los días. Y ahí el Gobierno está entrando en una zona incómoda.

Porque cuando un funcionario evita explicar algo elemental apelando a un argumento jurídicamente endeble, lo que termina dañando no es una causa judicial. Es la confianza pública.

Y para un gobierno que construyó gran parte de su identidad alrededor de la idea de transparencia, honestidad y ruptura con “la casta”, ese desgaste puede ser mucho más peligroso que cualquier expediente.

/Inicio Código Embebido/

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