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Morgan Freeman reivindicó el valor de la quietud: "Dejar que la vida suceda"

Lejos de asociar la calma con la pasividad o la resignación, el actor y protagonista de películas como Sueño de fuga y Million Dollar Baby planteó una forma distinta de habitar el tiempo.

13/06/2026 | 09:30Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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Morgan Freeman criticó a Donald Trump.

FOTO: Morgan Freeman criticó a Donald Trump.

  1. Audio. Morgan Freeman reivindicó el valor de la quietud: "Dejar que la vida suceda"

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  2. Audio. Morgan Freeman reivindicó el valor de la quietud: "Hay que dejar que la vida suceda"

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En una época marcada por la urgencia, la productividad permanente y la sensación de que siempre hay que estar haciendo algo, una reflexión de Morgan Freeman invitó a mirar la vida desde otro lugar. A sus 89 años, el actor reivindicó el valor de la quietud y dejó una frase que funciona como síntesis de esa mirada: "Hay que aprender a estar quieto y dejar que la vida suceda".

Lejos de asociar la calma con la pasividad o la resignación, el protagonista de películas como Sueño de fuga y Million Dollar Baby planteó una forma distinta de habitar el tiempo: una que no depende de correr detrás de cada objetivo ni de llenar cada minuto de actividad.

"Hay que aprender a estar quieto y dejar que la vida suceda; esa quietud se convierte en un resplandor", expresó Freeman. La reflexión apunta a una idea sencilla, aunque difícil de aplicar en la vida cotidiana: no todo necesita ser controlado, resuelto o anticipado. A veces, detenerse también puede ser una forma de avanzar.

En diálogo con Cadena 3, la psicóloga Patricia Altamirano, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y exdecana, analizó el trasfondo de este tipo de planteos. Según explicó, estas reflexiones aparecen como una reacción frente a los mandatos actuales de rendimiento, éxito y felicidad permanente.

"Estas reflexiones han aparecido como rechazo al imperativo de 'debés hacerlo todo bien'", señaló Altamirano. La especialista advirtió que hoy no solo pesa la exigencia de trabajar, tener éxito o ganar dinero, sino también una presión social más reciente: la obligación de ser feliz.

"Ser feliz no era antes un pedido social hacia las personas. Tener éxito y tener dinero posiblemente viene desde hace tiempo, pero ahora el imperativo es 'deberás ser feliz'", explicó.

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Para Altamirano, la frase de Freeman puede leerse en ese contexto: como una invitación a bajar la exigencia y aceptar que la felicidad no es un estado permanente ni algo que se instala de manera completa en la vida de una persona. "No es tan fácil ser feliz y mucho menos pensar que la felicidad es una cosa que se instala en la vida de uno de manera completa", sostuvo.

La psicóloga vinculó este clima de época con los análisis del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien trabaja sobre las exigencias contemporáneas de rendimiento, positividad y éxito personal. En esa línea, Altamirano remarcó que el malestar no debe interpretarse solo como un problema individual. "No me pasa a mí sola. Es un fenómeno social, un fenómeno de época. Traspasa los géneros, las clases y lo cultural", afirmó.

Desde esa mirada, "dejar que la vida suceda" no significa abandonar los proyectos ni dejar de actuar, sino aceptar que no todo puede estar bajo control. También implica reconocer que la experiencia humana se construye en los momentos de pausa: una conversación sin apuro, una caminata, el silencio después de un día difícil o la posibilidad de no tener una respuesta inmediata para todo.

Altamirano fue más allá y planteó que una parte central de ese aprendizaje consiste en habilitar emociones que suelen ser rechazadas rápidamente. "Hay que autorizarse a estar triste, no a estar deprimido, pero sí a tener días que son mejores que otros", expresó.

La especialista explicó que muchas personas intentan escapar de la tristeza o la nostalgia porque les cuesta soportar esos estados. Sin embargo, consideró que también es necesario aprender a habitarlos. "Si algo me pone triste o nostálgico, si me hace acordar a gente que ya no está o a afectos que no tengo cerca, en vez de pasar rápidamente a otra cosa, hay que habitar esa tristeza", señaló.

En ese sentido, la quietud aparece como una forma de descanso, pero también como una manera de aceptar los propios tiempos. Para Altamirano, no se trata de renunciar a la alegría, sino de quitarle el peso de la obligación. "Uno puede habitar la nostalgia, que también es descansar, y puede habitar la fiesta o estar alegre sin el imperativo de tener que estar así todo el tiempo", concluyó.

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Informe de Lucía González.

Lectura rápida

¿Qué reflexión hizo Morgan Freeman?
A los 89 años, Freeman destacó el valor de la quietud, afirmando que "hay que aprender a estar quieto y dejar que la vida suceda".

¿Quién analizó el planteo de Freeman?
La psicóloga Patricia Altamirano, docente de la Universidad Nacional de Córdoba, analizó el contexto de las reflexiones de Freeman.

¿Cuándo surgieron estas reflexiones?
Estas reflexiones surgen como reacción a los mandatos actuales de rendimiento, éxito y felicidad permanente.

¿Dónde se vincula la idea de la felicidad?
Altamirano señala que la felicidad no es un estado permanente y que la presión social actual exige ser feliz.

¿Cómo se relaciona la quietud con las emociones?
La quietud permite aceptar y habitar emociones como la tristeza, en vez de escapar de ellas.

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