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Empleo: no tan mal como esperábamos

Los datos de desempleo muestran una foto menos dramática de lo esperado, pero detrás de esa resistencia aparecen salarios bajos, pluriempleo y una economía que todavía está en rojo.

23/06/2026 | 11:06Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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Según el INDEC, la tasa de desempleo en el primer trimestre fue del 7,8%.

FOTO: Según el INDEC, la tasa de desempleo en el primer trimestre fue del 7,8%.

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  1. Audio. Empleo: no tan mal como esperábamos | Por Adrián Simioni

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Esta mañana, camino a la radio, vi una escena mínima, de esas que dicen mucho más que cualquier estadística. Era muy temprano, todavía de noche, y una chica muy joven, llegaba a una panadería. Se detuvo en la esquina, abrió el local y empezó su jornada.

Yo pensaba: ojalá le vaya bien. Ojalá tenga un buen día. Ojalá venda mucho pan. Ojalá ese trabajo le sirva para proyectar una vida, para mejorar sus ingresos, para estudiar, para crecer, para soñar con algo mejor.

Es conmovedor ver a alguien tan joven, a esa hora, en una ciudad con problemas de transporte, con dificultades para moverse, dando probablemente sus primeros pasos en el mundo laboral. Uno se pregunta a qué hora se habrá levantado, cuántas horas trabajará, si después estudiará, si tendrá otro empleo, si ese esfuerzo enorme será recompensado.

Pensaba en eso cuando se conocieron las cifras del desempleo en la Argentina. Y la primera reacción puede parecer contradictoria: el mercado laboral está mal, está duro, está difícil, pero los números no son tan malos como cabría esperar.

Eso no significa negar la realidad. Los salarios están bajos. Los ingresos no alcanzan. Mucha gente cuida su trabajo como puede. Muchos tienen más de un empleo. Otros hacen changas después de una jornada completa. Hay sectores enteros golpeados por la caída del consumo, por la competencia de las importaciones, por la reconversión de la economía y por la falta de crédito.

Pero aun así, con todo ese contexto, el empleo resiste más de lo que uno podía imaginar.

La tasa de actividad, según el Indec, se ubicó en 48,2%, prácticamente igual que un año atrás. Es decir, no hubo una retirada masiva del mercado laboral. La gente sigue buscando, sigue trabajando, sigue intentando sostenerse dentro del sistema.

La tasa de empleo también se mantuvo casi sin cambios: 44,4% contra 44,8%. Y la desocupación subió apenas una décima, de 7,8% a 7,9%.

Uno mira esa foto y dice: con todo lo que pasó, ¿cómo se la aguanta el mercado laboral?

Porque el escenario no es menor. Hay una reconversión muy fuerte de la economía argentina. La industria clásica, históricamente protegida, está obligada a transformarse. Algunas empresas se achican, otras se reacomodan y otras directamente cierran. El comercio, gran generador de mano de obra, también sufre por la caída del consumo y por la competencia externa.

Además, venimos de meses de restricción financiera, de ventas que se frenaron, de sectores que venían mejor y de golpe se cayeron. En ese marco, el dato de empleo no es bueno, pero podría haber sido bastante peor.

Ahora bien: el problema está en la calidad de ese empleo. Ahí aparece el deterioro.

Porque puede haber trabajo, pero si el ingreso no alcanza, el dato queda incompleto. Puede haber ocupación, pero si una persona necesita dos empleos para pagar lo básico, la estadística no cuenta todo. Puede haber menos desempleo del esperado, pero también más cansancio, más informalidad de hecho, más presión sobre las familias y menos margen para proyectar.

Los subocupados que quieren trabajar más vienen creciendo desde hace años. Hace una década representaban alrededor del 10%. Hoy están cerca del 30%. Eso habla de una Argentina donde tener trabajo ya no garantiza llegar a fin de mes.

Sin embargo, hay otro dato interesante: dentro de los ocupados, los asalariados con descuento jubilatorio aumentaron levemente. Pasaron del 20% al 20,6%. Los que no tienen descuento jubilatorio bajaron algo, al igual que los cuentapropistas y los independientes.

Es decir, el empleo en relación de dependencia se sostiene. No es poco en una economía que atraviesa semejante ajuste.

En Gran Córdoba, por ejemplo, la desocupación sigue alta: 9,7%. Pero no se movió respecto de la medición anterior. Y al mismo tiempo creció la tasa de empleo y también la tasa de actividad. Hay más gente en el mercado laboral, más gente buscando, más gente demandando empleo. Y aun así, el sistema no se rompió.

Cuando se miran las regiones, la película se vuelve más clara.

En Villa Constitución-San Nicolás, una zona clave de la industria metalúrgica tradicional, el desempleo saltó de 8,5% a 10,4%. Ahí se ve el impacto sobre el corazón de la industria clásica argentina, en ese corredor entre Santa Fe y Buenos Aires, con Ramallo, San Nicolás y Villa Constitución como puntos sensibles.

Pero en otros lugares del interior la situación es muy distinta. San Juan tiene 3,1% de desocupación, contra 4,5% del año anterior. Neuquén bajó de 6,7% a 3,7%. Jujuy ronda el 2%. Son números casi de desempleo cero, porque en esos niveles muchas veces se trata de personas que están cambiando de trabajo.

Ahí aparece una Argentina partida en distintas velocidades.

Hay zonas donde la actividad económica crece, donde hay inversión, donde se mueve la minería, la energía o nuevas cadenas productivas. Y hay otros lugares donde el viejo esquema industrial y comercial está sufriendo mucho.

También hay que mirar con cuidado cómo mide el INDEC. El relevamiento toma los grandes aglomerados urbanos, las grandes ciudades. Allí está buena parte del empleo público, de la industria tradicional y del comercio. Es decir, mide con mucha fuerza los lugares donde el ajuste pega más.

Pero no siempre registra con la misma precisión lo que pasa en los nuevos polos de actividad. No mide Añelo como fenómeno propio de Vaca Muerta. No mira con suficiente detalle lo que sucede en ciudades productivas como Rafaela, Villa María, San Francisco, Casilda o Malargüe. Y en una economía que está cambiando de mapa, eso importa.

Por eso la lectura tiene que ser equilibrada. El mercado laboral está tremendo. Hay que cuidar el trabajo. Hay salarios que no alcanzan. Hay gente agotada de trabajar muchas horas. Hay jóvenes que empiezan muy temprano, como esa chica de la panadería, y hacen un esfuerzo enorme para sostenerse.

Pero también es cierto que, con todos los golpes recibidos, el empleo formal no se desplomó. Y eso, en esta Argentina, no es un dato menor.

Ahora, ¿qué pasará con la reforma laboral?

En el primer trimestre, buena parte de sus efectos todavía no se veía. Había normas trabadas judicialmente, cuestiones sin reglamentar y empresas esperando señales. A partir de ahora, el impacto puede empezar a sentirse con más claridad.

¿Habrá empresas que, después de hacer un gran esfuerzo para sostener empleos, aprovechen la reforma para desprenderse de personal? ¿O serán más las que vean un panorama de mayor previsibilidad y se animen a contratar?

Ahí estará una de las claves de los próximos meses.

Argentina necesita bajar el desempleo. Pero sobre todo necesita que el trabajo vuelva a ser una promesa. Que una chica que abre una panadería a las cinco y media de la mañana pueda pensar que ese esfuerzo la lleva a algún lado. Que trabajar no sea apenas sobrevivir. Que tener empleo vuelva a significar la posibilidad concreta de progresar.

Los números, esta vez, muestran un mercado laboral que aguanta. La pregunta es cuánto más puede aguantar si los ingresos siguen sin alcanzar.

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