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Jorge Ossona: “Argentina no tiene clase dirigente, sino grupos corporativos”

El historiador e investigador analizó en Cadena 3 la crisis del conurbano bonaerense, el declive del modelo industrial, la migración interna y las dificultades para alcanzar acuerdos políticos.

15/06/2026 | 19:37Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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Jorge Ossona habló en

FOTO: Jorge Ossona habló en "La Argentina hoy".

El historiador e investigador Jorge Ossona, uno de los especialistas que más ha estudiado el conurbano bonaerense, analizó en diálogo con Sergio Suppo en "La Argentina, hoy" la transformación social y económica de esa región, el impacto de la crisis del modelo industrial y los desafíos que enfrenta la Argentina para generar oportunidades de desarrollo.

Sergio Suppo: La Argentina ha tenido y tiene una tragedia social vinculada a la caída de sectores que hasta hace 50 años generaban empleo masivo en las grandes ciudades y en el conurbano bonaerense, una geografía compleja y diversa. Me gustaría que actualices los datos que fuiste verificando y que convertiste en libros. ¿Cómo está hoy?

Jorge Ossona: Es un universo tan extenso que es difícil dar un diagnóstico preciso. Allí conviven la pobreza más dura del país y la riqueza más profunda, además de clases medias que algunas veces progresan y otras apenas logran mantenerse. La transición se siente, pero comenzó mucho antes, hace unos 50 años.

La ruptura fue más profunda en el Gran Buenos Aires, donde existe una situación de hipertrofia. El Gran Buenos Aires fue durante mucho tiempo la persecución del sueño argentino, sostenido por un Estado fuerte que garantizaba progreso. Ese modelo comenzó a quebrarse hacia mediados de los años 70 y hoy atraviesa una etapa terminal.

Los intentos de apertura económica vienen produciéndose desde la dictadura, continuaron durante el gobierno de Mauricio Macri y ahora vuelven a plantearse en un contexto internacional distinto, en un mundo bipolar que impone desafíos tecnológicos frente a los cuales muchas actividades emblemáticas van desapareciendo.

De todos modos, el Gran Buenos Aires no puede reducirse a marginalidad o violencia. Hay mucha gente que sigue peleándola y conserva la idea del progreso. Lo que se percibe es una falta de horizonte. Hay personas que estudian carreras cortas y abandonan porque deben sostener tres o cuatro trabajos. También hay sectores de la marginalidad más dura con talentos asombrosos. No es un escenario de catastrofismo absoluto.

Usaste una palabra que resume lo que vivimos: transición. Hoy se observan escenarios de desarrollo diferentes en provincias cordilleranas. ¿Ves voluntad de migración de millones de argentinos hacia esas zonas, algo que no vimos en décadas?

Jorge Ossona: Sería un retorno a la montaña, porque durante mucho tiempo el eje fue el Río de la Plata y luego se produjo una concentración hacia la Pampa Húmeda.

El país nació mirando al norte, al Virreinato de Lima.

Exactamente. Las economías regionales miraban hacia Potosí, que era el gran centro económico. El primer censo nacional, en 1869, registró unos dos millones de habitantes: un millón en el norte y otro millón en la llanura.

Después se aceleraron las migraciones internas y aparecieron otras economías regionales, hasta que todo comenzó a romperse en los años 60 con la crisis del azúcar tucumano y del algodón chaqueño. A partir de allí se produjo una migración masiva que desembocó en la situación actual, con unos 20 millones de habitantes concentrados entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano.

Grandes desarrollos como Vaca Muerta podrían absorber algunos de estos problemas. También podrían generarse acuerdos entre las provincias y el Gobierno nacional.

Ese es un temor que existe en Neuquén o San Juan: sentirse, entre comillas, invadidos.

Sin infraestructura, de alguna manera eso ocurrirá. La cuestión son los tiempos. Tal vez sea un proceso que demande 30 años. Mientras tanto, ¿cómo se sobrevive? Ese es un problema político.

Argentina no tiene clase dirigente, sino grupos corporativos. Cada sector defiende sus propios intereses y eso obtura cualquier posibilidad de acuerdo.

Desde que entró en crisis el modelo industrial, no recuerdo que la Argentina haya pensado qué hacer con la población del conurbano. No parece imaginable una migración masiva en un plazo razonable ni tampoco generar empleo para tanta gente. ¿Dónde podrán encontrar lo que perdieron sus padres y abuelos, que era el trabajo sustentable?

Y también hay que preguntarse dónde vivir. Existe una saturación demográfica enorme y proliferan los asentamientos precarios.

Durante décadas, los migrantes menos calificados del interior encontraron en la construcción un gran espacio de inserción laboral. Las obras públicas daban empleo al trabajador, a su familia y generaban movilidad social. Ese esquema se quiebra a mediados de los años 70.

A partir de los años 80 se observa una profunda transmutación cultural. Las nuevas formas de urbanización precaria surgen de ocupaciones territoriales que diluyen el concepto de propiedad privada.

No sé si el Estado se retiró o si se transformó en un Estado administrado por funcionarios que perdieron noción del interés general.

Hemos visto municipios que promovieron ocupaciones de tierras como una forma de responder a la presión social de quienes no tenían dónde vivir.

Trasladar gente de un lugar a otro muchas veces se convierte en un negocio político. Además existe una inviabilidad económica de los municipios.

No hay autonomía fiscal y persiste una especie de burocracia virreinal con sede en La Plata. Lo que recaudan los municipios no alcanza, y tampoco alcanza lo que reciben de la Provincia mediante la coparticipación secundaria.

Esa situación generó una economía informal inmensa. A partir de allí surgen negocios y recursos que los dirigentes utilizan para hacer política, muchas veces asistencial, mediante fondos que no provienen de los circuitos formales del Estado.

Hay estrategias de subsistencia que se expresan de formas muy distintas, algunas rescatables y otras delictivas.

Ese es un problema central y hay que distinguir situaciones.

El narcotráfico avanza de manera catastrófica. San Martín, que fue un histórico polo textil, se convirtió en una de las principales estaciones de distribución de droga proveniente de Rosario.

Hoy muchos jóvenes están destruidos por el consumo. Hay millones de dólares circulando alrededor de la droga. También existen zonas particularmente conflictivas vinculadas a obras de infraestructura inconclusas que terminaron generando focos de inseguridad.

Señalabas la desconexión ideológica entre Nación y Provincia de Buenos Aires. Hoy también es evidente una desconexión financiera y política. ¿Ves posible algún tipo de acuerdo entre ambos gobiernos?

No. Hay que mirar más la película que la foto. A la Provincia de Buenos Aires suelen llegar los dirigentes de segunda línea de las grandes fuerzas políticas. Es una provincia prácticamente ingobernable. Aporta alrededor del 36% de los fondos coparticipables y recibe mucho menos. Es una provincia saqueada.

Sergio Suppo: Algunos plantean incluso la posibilidad de dividir la Provincia de Buenos Aires. ¿Lo ves como una hipótesis posible?

Jorge Ossona: Hay muchas ideas interesantes, como la que planteó Esteban Bullrich, pero todo depende de una decisión política.

Regiones como el sur bonaerense, Mar del Plata o Bahía Blanca podrían pensar en algún tipo de fragmentación administrativa para planificar políticas comunes entre municipios.

Una parte de Buenos Aires podría tener una dinámica similar a Córdoba o Santa Fe.

Incluso seguiría teniendo más población que Santa Fe o Córdoba. El interior bonaerense, sin contar el conurbano, tiene una escala enorme.

Debería existir un gran acuerdo sobre coparticipación. Persiste una anomia fiscal de casi un siglo. El conurbano es una región de la que sabemos dónde empieza, pero no dónde termina, porque ni siquiera existe consenso sobre el tercer o cuarto cordón.

Muchos intendentes carecen de incentivos para coordinarse entre sí porque dependen de no quedar mal con la burocracia provincial para no perder recursos. Es un juego de suma cero.

Sos uno de los hombres que más conoce el conurbano, una región que nadie logra organizar políticamente desde hace décadas.

La Provincia de Buenos Aires dejó de ser una provincia para convertirse en un virreinato. Y tampoco es la provincia más rica del país.

Para terminar, ¿qué libro, película o serie recomendarías?

Vi muchísimas series, pero me fascinó The Crown. Es la historia de la última reina de un imperio que se va derrumbando. Desde el punto de vista literario, estoy fascinado nuevamente con Borges. Volví a leerlo. Me pasa como con El Padrino: podés verla cincuenta veces y siempre descubrís algo nuevo.}

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