Fernández Meijide: "Pudimos conseguir que se escriba un Nunca Más muy poderoso"
La ex dirigente y activista por los derechos humanos, que tuvo un hijo desaparecido, habló con Cadena 3 en el 50° aniversario del golpe. Dijo que Videla "merecía haber sido cuidado como cualquier persona en su enfermedad".
24/03/2026 | 20:16Redacción Cadena 3
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Audio. Fernández Meijide: "Enfermo, Videla merecía haber sido cuidado como cualquiera"
La Argentina Hoy
Sergio Suppo: A propósito de una fecha tan significativa como el 24 de marzo, que sigue siendo muy dolorosa, ¿por qué cree que, 50 años después, todavía no es vista por todos los argentinos como un hecho plenamente incorporado a la historia y sigue generando tanto dolor y controversia?
Graciela Fernández Meijide: Es una fecha que se volvió dramática a raíz de una fortísima confrontación. Los militares venían trabajando con partidos conservadores y la Iglesia Católica, y ese fue el sexto golpe desde 1930. Había una cuestión económica y, al mismo tiempo, es la primera vez en que las tres fuerzas se ponen de acuerdo para golpear a lo que era la resistencia a su propio plan, que eran las organizaciones guerrilleras, sobre todo Montoneros. Eso duele, porque dejó víctimas en muchos lugares y en ambos bandos.
¿Cree que, 50 años después, la sociedad y los actores políticos encontraron puntos en común para entender lo que pasó el 24 de marzo y darle el lugar histórico que corresponde?
Cuando se demostró con más fuerza que la sociedad estaba harta de las peleas, desangrarse y perder a sus hijos fue después de Malvinas, cuando eligió a quien prometió investigar los crímenes de la dictadura, que se había negado a la amnistía y no había querido la guerra: (Ricardo) Alfonsín. Fue un político que comprendió lo que le pasaba a la sociedad y por eso su propuesta fue más aceptada que la de su oponente con más chances, que era el peronismo, que se apresuró a decir que iba a garantizar la amnistía.
Le tocó ser protagonista tras el dolor irreparable por la desaparición de su hijo y transformó esa tragedia en militancia por los derechos humanos. ¿Cómo era militar en ese contexto durante la dictadura?
Era sentirse muy sola. A veces, incluso los propios familiares abandonaban por miedo. Aprendí lo que era el miedo: amigos íntimos y familiares cercanos no se animaban a venir a casa. Nuestro trabajo en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos era muy visible, para que nadie pensara que conspirábamos. Lo que más pedíamos era la aparición con vida. A las personas desaparecidas, en su inmensa mayoría, las habían matado.
Con el regreso de la democracia y la creación de la Conadep, de la que usted formó parte, ¿terminó de dimensionar la magnitud de la tragedia? ¿Descubrió aspectos que desconocía?
Pude percibir la cantidad y la brutalidad de lo que se había hecho, junto con quienes trabajaban conmigo. No había otra persona en la Conadep que hubiera perdido un familiar, pero todos ponían su esfuerzo para descubrir cada día qué había ocurrido y cómo. Agradezco a las casi 600 personas que, habiendo estado desaparecidas, fueron liberadas y tuvieron el coraje de declarar. Sin ellos, hubiera sido muy difícil construir tanta prueba. A partir de sus testimonios, otros se animaron y se fue reconstruyendo lo ocurrido en cada centro de detención.
En ese momento también había incertidumbre sobre la estabilidad democrática, después de décadas de interrupciones militares. ¿Sentían que la democracia podía ser definitiva?
Hacíamos lo posible para que lo fuera, pero existía ese temor. Se pensaba que los militares todavía tenían poder y se sentían con derechos. Aun así, utilizábamos los medios a nuestro alcance y, con la democracia, tuvimos más herramientas. Pudimos lograr el “Nunca Más”, que fue muy poderoso y se tradujo a otros idiomas. Sabíamos que podíamos tener errores o poco tiempo, pero hay algo que se ignora: cuando Alfonsín firma el decreto para juzgar a miembros de la guerrilla, mucha gente no sabe que, por ejemplo, (Mario) Firmenich (exlíder de Montoneros) estuvo siete años preso hasta que Menem lo indultó.
Usted hizo una lectura crítica de esos años, tanto de la dictadura como de la actuación de las organizaciones guerrilleras. ¿Se sintió acompañada en esa mirada?
No sé si me sentí acompañada, pero después de mi vida política escribí cuatro libros. Uno de ellos, “Eran humanos, no héroes”, fue el que más se vendió. Allí planteo que ninguna de las revoluciones iniciadas con violencia o guerrillas triunfó en lo que prometía. Basta ver el caso de Cuba hoy.
¿Cree que en algún momento habrá una revisión más completa y abarcativa de lo ocurrido en los años 70?
No lo sé. Estaría dispuesta a ayudar en lo que sea, aunque tengo 95 años. Cada época tiene su momento. Cuando uno ve lo que pasa hoy en Venezuela o Nicaragua, y que alguien como Firmenich defiende esos procesos, se pregunta cómo se producen los cambios y si es necesaria la violencia. También vemos lo que ocurre con Trump en Estados Unidos y su impacto global. No podría decir qué va a pasar. Sé lo que pasó, pero tengo muchas preguntas sobre el futuro.
Usted sostuvo, tras la muerte de Jorge Rafael Videla, que incluso él debía haber recibido atención médica adecuada. ¿Por qué considera importante ese planteo?
Porque todos tenemos derecho a una justicia que tome los recaudos para cuidarnos. El juicio a las Juntas fue un modelo. Argentina puede ofrecer al mundo esa experiencia. Se lo comparó con Núremberg, pero no es lo mismo: allí hubo condenas a muerte y era el triunfo de países sobre un vencido. Creo que Videla merecía haber sido cuidado como cualquier persona en sus enfermedades.
Para cerrar, le pido una recomendación cultural: un libro, una película o una serie que le haya gustado.
Vi una película hace poco que me gustó mucho, “Arco”. Está muy bien hecha y muestra la astucia para defender la vida. En cuanto a libros, hay muchos. Leí uno sobre Malvinas de Vicente Palermo y Marcos Novaro, que analiza en profundidad las causas, el desarrollo y las consecuencias del conflicto. Tengo más de 1.200 libros.
Muchas gracias por este contacto en un día tan especial.
Muchas gracias, que salga todo muy bien.
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Entrevista de Sergio Suppo






