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De la libertad a la adicción: la era "Marlboro" de las redes sociales

Durante años, fueron celebradas como herramientas de democratización y encuentro. Hoy, estudios, juicios y evidencia advierten sobre su costado más oscuro: plataformas diseñadas para generar dependencia y afectar la salud mental.

18/04/2026 | 11:57Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Estados Unidos: familias que perdieron a un pariente por adicción a redes sociales.

FOTO: Estados Unidos: familias que perdieron a un pariente por adicción a redes sociales.

*Por Pancho Marchiaro.

Durante años, las redes sociales fueron celebradas como herramientas de democratización y encuentro. Hoy, estudios, juicios y evidencia creciente advierten sobre su costado más oscuro: plataformas diseñadas para generar dependencia y afectar la salud mental.

Puede que hayas llegado a esta nota desde una red social. Si es así, vale la pena empezar por una idea incómoda: probablemente vos, o alguien muy cercano, tenga algún tipo de vínculo problemático con estas plataformas. No es una acusación. Es, más bien, una descripción de época.

Y tal vez por eso convenga mirar esto con cierta perspectiva histórica. Porque lo que está pasando con las redes sociales no es del todo nuevo. Ya lo vimos en otro formato, con otra estética, pero con una lógica bastante parecida.

El caso más evidente es el del tabaco.

Durante décadas, fumar no era un problema. Era parte de la vida cotidiana. Se fumaba en todos lados: en oficinas, en aulas, incluso en hospitales. Nadie lo cuestionaba demasiado. O mejor dicho: no había motivos visibles para hacerlo. La evidencia, simplemente, no estaba sobre la mesa sino debajo, oculta.

Mucho tiempo después apareció lo que faltaba: información, estudios, datos. Y con eso, también, una incomodidad creciente.

Con las redes sociales podría estar pasando algo similar.

/Inicio Código Embebido//Fin Código Embebido/

En su primera etapa, fueron celebradas. Y con razón. Eran espacios de apertura, de circulación de ideas, de democratización de la palabra. La llamada “primavera árabe” quedó como una especie de postal de ese momento: las redes como herramienta de visibilización, reunión y transformación.

Después vino una segunda etapa. Más opaca. Más difícil de leer. La desinformación, las noticias falsas, la manipulación de contenidos. Ya no todo era tan transparente. Pero aun así, el sistema seguía funcionando. Y nosotros, ahí adentro.

Ahora parece estar empezando otra fase.

Una en la que ya no alcanza con discutir qué circula en las redes, sino cómo están pensadas. Cómo están diseñadas. Qué lógica tienen detrás para atraparnos. Literalmente.

Porque acá aparece un punto clave: el tiempo.

Las plataformas no compiten por informarte mejor. Compiten por retenerte más tiempo. Y para eso desarrollan mecanismos cada vez más sofisticados. Notificaciones, recomendaciones, todo conducente a un scroll infinito. Nada de eso es casual. Todo responde a una lógica. Por cuidado: en este caso el producto somos nosotros mismos.

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En esa línea, el periodista Jordi Pérez Colomé, en El País, trabajó sobre documentos y estudios internos que muestran algo que, hasta hace poco, era más intuición que certeza: las propias empresas saben que muchas de estas dinámicas pueden generar efectos negativos en los usuarios. Especialmente en los más jóvenes.

Algunos datos ayudan a dimensionarlo. Por ejemplo, investigaciones que indican que una de cada tres adolescentes tiene problemas con la percepción de su propio cuerpo asociados al uso de redes sociales. O los fallos judiciales recientes en Estados Unidos, donde grandes tecnológicas tuvieron que pagar indemnizaciones de cientos de millones por daños vinculados con el uso de sus plataformas.

Entonces, la comparación con el tabaco deja de ser exagerada. Empieza a ser, más bien, incómoda. Porque nos obliga a pensar que estamos frente a una industria que, durante años, creció sin demasiadas restricciones, sin demasiadas preguntas, sin demasiados límites. Y que recién ahora empieza a enfrentarlos.

Una pregunta clave sería qué hacemos nosotros con esta situación ¿seguimos como si nada? O empezamos, al menos, a mirar de otra manera.

Tal vez dentro de algunos años, cada vez que abras una red social aparezca una advertencia como pasa hoy con los cigarrillos: “usar esta aplicación puede dañar tu salud”.

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