Desarrollan un trébol que no depende de la suerte
El acuerdo ha permitido la creación de dos nuevas variedades de melilotus, denominadas Munay y Yachay, que buscan mejorar la producción y calidad forrajera en el campo argentino.
24/03/2026 | 09:31Redacción Cadena 3
La Universidad Nacional del Litoral (UNL) y una empresa del sector ganadero de reconocida trayectoria como Peman Semillas, han establecido un convenio de vinculación tecnológica para desarrollar alternativas forrajeras superadoras. Este acuerdo ha permitido la creación de dos nuevas variedades de melilotus, denominadas Munay y Yachay, que buscan mejorar la producción y calidad forrajera en el campo argentino.
En diálogo con El Campo Hoy, Rosalba Peman, vicepresidente de la empresa y responsable del área de Investigación y Desarrollo, explica que “había una necesidad de parte del productor que nos consultaba” sobre mejoras en el melilotus tradicional. Los nuevos cultivares ofrecen características que cumplen con estas demandas, incluyendo una mayor productividad y una época de aprovechamiento más extensa.
Los cultivares Munay y Yachay presentan diferencias significativas: Munay tiene un ciclo más largo, mientras que Yachay destaca por su capacidad de rebrote. Peman señala que “la conjunción de estas características hace que el resultado sea muy superador respecto a lo que era el melilotus tradicional”, lo que se traduce en “mayor kilos de carne producidos por hectárea”.

El feedback de los productores ha sido positivo. Peman comenta que “la recepción ha sido excelente” y que las nuevas variedades tienen “una mayor proporción de hojas respecto al melilotus común”, lo que permite un uso más prolongado de la pastura, casi “dos meses más que lo que sería un melilotus común”.
La situación actual de la ganadería en Argentina es optimista, según Peman. “Estamos en un momento excelente de la ganadería por los precios” y la industria semillera ha continuado mejorando las variedades disponibles. Esto permite que los productores tengan “más pasto, más alimento para su ganado y, por consiguiente, más producción”.
En términos de mejora, Peman destaca que “puede llegar hasta a producir un 30% más de forraje” con las nuevas pasturas, además de ofrecer un forraje de mejor calidad, ya que “el tallo que tienen es hueco”, lo que aumenta su valor nutritivo. “Si se cumplen esas premisas, se logra una mejor producción”, concluye.
La ciencia como primer paso
“Somos un grupo de investigadores y docentes que desde hace mucho tiempo tenemos un programa de documentación, conservación y valoración de la flora nativa”, explica Marcelo Zavala, en diálogo con El Campo Hoy. Dentro de ese marco, el equipo aborda distintas líneas vinculadas a especies con usos forrajeros, apícolas y forestales.

Pero fue en el melilotus donde encontraron una oportunidad clara: una especie conocida por los productores, aunque con escaso desarrollo genético. “Se hacía muy poco mejoramiento, por distintos motivos. Entonces empezamos a pensar en un programa para desarrollar variedades adaptadas”, cuenta.
Pensar desde el suelo
El punto de partida no fue casual. El centro-norte de Santa Fe concentra una importante actividad ganadera, pero también presenta una alta proporción de suelos salinos o con limitaciones para forrajeras tradicionales como la alfalfa. Y esa realidad se replica en amplias zonas del país.
Con ese diagnóstico, el equipo inició un trabajo de base: recolectar material silvestre en distintos puntos de la provincia y del país. A partir de allí, comenzó un largo proceso de mejoramiento genético con objetivos concretos: lograr mayor producción de forraje, extender su duración y adaptarlo a condiciones adversas.
El camino no fue corto. Como suele ocurrir en estos desarrollos, el programa demandó casi 15 años de trabajo continuo. En ese trayecto, la articulación con el sector privado fue clave.
Investigación pública, articulación privada
El resultado final fue la obtención de un nuevo material que fue registrado en el Instituto Nacional de Semillas, con propiedad de la universidad. A partir de allí, se avanzó en un modelo de transferencia tecnológica: la licencia para la comercialización de semillas.
“Nosotros no vendemos semillas. Lo que hacemos es licenciar su comercialización”, explica Zavala. En este caso, la empresa Peman —que acompañó el proceso desde el inicio— produce y vende el producto. Parte de esas ventas retorna a la universidad, lo que permite financiar nuevas investigaciones.
Una mezcla que potencia resultados
Actualmente, los cultivares ya están disponibles en el mercado, con una particularidad poco habitual: se comercializan en conjunto. No se trata de una decisión comercial sino científica.
“Son dos variedades que se complementan. Sembradas juntas, producen más que por separado”, señala el investigador. Esta sinergia ofrece ventajas directas para los productores, optimizando el rendimiento forrajero.
Además, el melilotus aporta un valor agregado clave: como leguminosa, tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo mediante simbiosis con bacterias. Esto no solo mejora la producción de forraje, sino que también contribuye a la fertilidad del suelo, reduciendo la necesidad de insumos externos.
Lo que viene y lo que preocupa
El trabajo no se detiene ahí. En paralelo, el equipo avanza con otras especies forrajeras, especialmente leguminosas nativas poco difundidas en Argentina pero con alto potencial, como ya ocurre en países como Australia.
Sin embargo, el contexto actual plantea desafíos. “Estamos viendo un desfinanciamiento muy importante”, advierte Zavala. La falta de recursos impacta directamente en los tiempos de desarrollo, que de por sí son largos en el ámbito del mejoramiento genético.
Federico Aguer





