Grandes del Deporte

Usain Bolt: "El relámpago"

El ex velocista jamaicano es una de las máximas figuras en la historia del atletismo. Más allá de sus récords en las pistas, su carisma lo convirtió en un ídolo de masas. Nuestro homenaje.

10/01/2021 | 14:13

Jorge Parodi

Jorge Parodi

Usain Bolt es uno de los grandes prodigios de la historia del atletismo.

Su legado no sólo está registrado en sus marcas inapelables y vigentes.

Usain Bolt tiene algo que no se compra, ni se vende en ninguna parte, se denomina: ángel, carisma, luz propia.

El ex atleta jamaiquino se ganó el derecho de ser considerado el humano más veloz del mundo.

Se convirtió en una leyenda olímpica, con ocho medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016.

Se le conoce como el “Relámpago” Bolt, un seudónimo que lo califica tal cual es.

El relámpago es un resplandor muy vivo producido en las nubes por una descarga eléctrica.

Ese resplandor es una luz que impacta, que llama la atención y despierta admiración.

El rayo es la electricidad en sí. El relámpago es la luz que emite el rayo y que se puede ver.

Usain Bolt es eso: un iluminado, un ser de luz.

Durante tres ediciones de los Juegos Olímpicos, Usain fue la cara visible del atletismo y la mayor atracción del evento deportivo más importante del mundo.

Bolt puede sentarse tranquilamente en la misma mesa con Michael Jordan, Tiger Woods, Roger Federer, Michael Phelps, Michael Schumacher o Leo Messi.

Su carisma, lo ubica a la altura de mito, de leyenda, como Muhammad Ali, como Diego Armando Maradona, Ayrton Senna, Valentino Rossi o “Magic” Johnson.

Su conexión con el público fue inigualable, sabía como nadie compartir sus éxitos con las masas.

Bolt era más rápido que un ómnibus y lo demostró en la Argentina.

En 2013 protagonizó un inesperado duelo en Buenos Aires frente a un micro.

El escenario fue la avenida 9 de julio de la Capital Federal.

Cargado de pasajeros, el autobús de la línea 59 recién iba acelerando y subiendo sus cambios cuando Bolt cruzó la meta.

Usain Bolt, en los 100 metros, alcanzaba su velocidad máxima de casi 45 km por hora.

Sólo necesitaba 41 pasos para llegar a la meta, cuatro menos que el común de sus colegas.

Este dato refleja que en cada tranco, Bolt dejaba atrás un promedio de 2,43 metros.

La disciplina de los cien metros llanos es la prueba más apasionante del atletismo en un Juego Olímpico y si competía Usain Bolt se convertía en una competencia mágica.

Es un abrir y cerrar de ojos, una ráfaga, son casi 10 segundos eternos. Adrenalina pura.

En ese momento el corazón repiquetea como una vieja campana de iglesia a la hora de llamar a misa.

Puedo contarlo en primera persona, porque tuve la fortuna de verlo volar en el estadio Nido de los Pájaros en Beijing, de confirmar su leyenda en el Estadio Olímpico de Londres y de convertirse en un atleta inmortal en el Engenhao de Río de Janeiro.

Cuando aparecía Usain Bolt en un estadio, se levantaban los espectadores de sus butacas y se transformaban en hinchas, hacían olas en las tribunas y se producía un rugido futbolero.

En Beijing, en Londres, en Rio, fue testigo privilegiado de cómo los aficionados en las gradas coreaban: “¡Bolt! ¡Bolt! ¡Bolt!”.

Es que la gente reconoce a un superhéroe apenas lo ve.

Era entonces cuando el jamaiquino comenzaba su show en complicidad con el público que lo aclamaba.

Bolt agitaba sus brazos como si fuera Freddy Mercury en alguno de sus recitales. Y otra vez el grito que retumbaba: “¡Bolt! ¡Bolt! ¡Bolt!”.

En un momento Usain se concentraba, se acomodaba, se ubicaba sobre los tacos de largada junto a los hombres más veloces del mundo. Con un gesto casi imperceptible Bolt pedía silencio y el estadio se convertía en un teatro a cielo abierto.

Entonces sí, aunque el firmamento estuviera claro y limpio, un relámpago irrumpía sobre la pista de atletismo.

Los flashes de los celulares iluminaban aquellas noches esperando las luces inminentes del “Relámpago”.

La expectativa de la orden de largada y todas la miradas estaban puestas en la casaca amarilla de Bolt, que no era una más entre 8 colosos de la velocidad, cada uno en su andarivel, en su calle y con su sueño.

La salida no era su especialidad, pero bastaban algunos metros para que Usain impusiera sus enormes trancos y su potencia.

A los 30 metros una mole de 1,95 tomaba velocidad y comenzaba a erguirse, mientras elevaba el mentón.

Sus trancos eran impactantes, ahí estaba el hombre más veloz del mundo asombrando, después de los 50 metros sacaba ventajas y en los últimos tramos regulaba con suficiencia, parecía pasear por alguna peatonal, mientras de reojo miraba a sus rivales por un hipotético espejo retrovisor, entonces levantaba sus brazos antes de llegar a la meta, mientras el mundo y el reloj electrónico explotaban.

Es allí cuando comenzaba la segunda parte del show, envuelto en la bandera de Jamaica, con una sonrisa que se apoderaba de su rostro y una vuelta olímpica (nunca mejor dicho) para vestirse de gloria.

Jugaba a que era el dios Apolo, posando mientras flexionaba sus músculos o pretendiendo apuntar una flecha hacia el cielo.

Solo había que mirar el tablero electrónico para constatar que estábamos frente a una nueva e histórica hazaña.

Bolt, cumplía con el rito sagrado de colgarse medallas, una tras otra, después de subir al escalón más alto de podio.

Era el momento en el que nosotros, los testigos presenciales de lo extraordinario, volvíamos a respirar al ritmo de siempre, luego de la tensión y la emoción, después de contener el oxígeno, sin pestañear durante los 10 segundos de la prueba, como si pretendiéramos detener un incómodo ataque de hipo.

La única vez que Usain "fue lento" en su vida ocurrió cuando el velocista jamaiquino nació 10 días después de la fecha prevista del parto.

Usain Bolt nació el 21 de agosto de 1986, en Sherwood Content, una pequeña localidad de Jamaica, donde creció junto a sus padres, y sus dos hermanos.

Se crió en el seno de una familia pudiente, si se compara con la pobreza que sufre esta isla del Caribe.

Su familia administraba una tienda ubicada en la zona rural, en la que Usain pasaba el tiempo jugando críquet y fútbol.

Jamaica es una tierra en la que nacieron grandes velocistas.

En la escuela primaria a los doce años se convirtió en el corredor más rápido de su colegio.

Cuando ingresó a la escuela secundaria, continuó concentrado en los deportes. Su velocidad en el terreno de juego ya era advertida por su entrenador de críquet, quien le recomendó dedicarse al atletismo.

El jamaicano llamó la atención internacional por primera vez cuando ganó los 200 metros en el Campeonato Mundial Juvenil de 2002, convirtiéndose en el medallista de oro junior más joven de la historia.

En sus primeros Juegos Olímpicos, Atenas 2004, no consiguió avanzar más allá de las primeras rondas. Bolt se puso a trabajar para llegar a la cima olímpica. Tres años después ganó una medalla de plata en los 200 metros del campeonato del mundo.

Junto a Michael Phelps, Usain Bolt fue la estrella de los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008, en los que ganó tres medallas de oro. Su primera victoria llegó en los 100 metros, ganando con facilidad con un récord mundial de 9,69, a pesar de que en los metros finales aminoró su velocidad para celebrar la victoria. Los otros dos oros, se dieron en los 200 metros, rompiendo el récord mundial de Michael Johnson de 1996, y en relevos de 4x100 metros, rompiendo otro récord mundial junto con sus compañeros de equipo.

El jamaicano, volvió a dejar al mundo boquiabierto en el Campeonato Mundial de Berlín de 2009, ganando los mismos tres eventos y registrando récords mundiales en los 100 y 200 metros.

No pudo repetir su triplete personal en el Mundial de 2011, pues en la salida tropezó levemente en la prueba de los 100 metros y fue descalificado, aunque no se quedó sin sus medallas de oro en los 200 y el relevo 4x100.

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el Relámpago repitió la historia obteniendo tres nuevas preseas doradas, siendo el primero en lograrlo en dos Juegos consecutivos.

Allí Bolt corrió 100 metros en menos de 9 segundos.

Sucedió durante la final del relevo 4x100 .

Corriendo el último tramo de la prueba, se calcula que Bolt necesitó de tan sólo 8,70 segundos para completar la distancia y asegurar la medalla de oro para Jamaica.

Lejos de acomodarse con el éxito, repitió esta hazaña en los Campeonatos del Mundo de 2013 y 2015, sumando un total de cinco campeonatos internacionales importantes (2 Juegos Olímpicos y 3 Mundiales) en los que ganó el triplete de velocidad y se consolidó como el mejor velocista de todos los tiempos.

El velocista continuó compitiendo a su máximo nivel en los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde también dejó una de sus frases más famosas tras ganar el oro en la prueba de los 100 metros: "Alguien dijo que soy inmortal, dos medallas más de oro y lo confirmaré. El atletismo necesita que yo gane en Río y que sea el mejor". Dicho y hecho, Usain se hizo con el oro en la prueba de 200m, y en los relevos de 4x100.

Lo que parecía convertirse en el denominado triple-triple, tres medallas en tres Juegos Olímpicos, igualando las marcas del temible corredor de fondo finlandés Paavo Nurmi y el legendario Carl Lewis, se frustró tras conocerse que el compañero de equipo de Bolt en relevos de los Juegos de 2008, Nesta Carter, había dado positivo en una prueba de dopaje en Pekín, lo que también llevó a Jamaica a perder esa medalla de oro, reduciendo el total de Bolt a ocho oros.

En 2017, Bolt, que llevaba un tiempo lidiando con molestias físicas, no pudo estar a su nivel en el Campeonato Mundial de Atletismo. Terminó tercero en los 100 metros masculinos,

En el relevo de 4x100 metros, colapsó por una lesión en el tendón de la corva y, resentido del dolor, necesitó de la ayuda de sus compañeros para cruzar la línea de meta. En agosto de 2017, después del Campeonato Mundial de Atletismo y tras un año lleno de lesiones, Usain Bolt anunció su retiro definitivo del atletismo.

Bolt intentó forjarse una carrera en el mundo del fútbol. En agosto de 2018 estuvo a prueba en el equipo reserva de los Central Coast Mariners de la liga australiana, pero no tuvo el nivel necesario, es que al fútbol no sólo se corre, principalmente se juega.

Usain Bolt ama a Jamaica, su país. Le encanta el baile y el reggae. Llegó a convertirse en disk Jockey durante un evento en París en 2010.

Adora al estadounidense ex basquetbolista Michael Jordan.

También ha expresado su pasión por el fútbol y es fanático del Manchester United.

Bolt ha dicho que ama al fútbol argentino y que en los Mundiales se convierte en hincha de nuestra Selección.

En 2013 recibió un diseño exclusivo del automóvil Nissan GT-R con pintura dorada, entregado por la compañía en un reconocimiento por las medallas de oro ganadas en el Mundial de Moscú

En 2015 donó 1.3 millones de dólares a su colegio de la infancia para salvarlo de la quiebra.

Respecto de su vida privada, Bolt tiene una hija, que nació de la relación con novia Kasi Bennett, que nació en mayo de 2020.

Usain Bolt es un personaje cómicamente colorido cuya madre dijo que a su hijo nada le gusta más que “payasear”, pasársela bien y no tomarse nada demasiado en serio.

Él hace poses divertidas. Baila. Se toma selfies con las multitudes y usa un par de zapatos de oro.

Usain Bolt es una figura que derrocha magnetismo.

En Jamaica es un superhéroe más popular que el reggae o el ron.

Las marcas más prestigiosas utilizan su imagen para publicitar.

Siempre ejerció su rol de leyenda con una sonrisa amplia y sincera.

Entrenaba con rigor y corría con placer. Se sacrificaba al extremo para ser el mejor, para luego disfrutar como pocos a la hora de competir y demostrarlo.

Es que nunca le peso la presión de ser el mejor, simplemente porque lo era.

Su vocación era romper marcas y mostrar que uno siempre puede superarse a sí mismo, aunque sea considerado insuperable para el resto de los mortales.

Usain Bolt fue un relámpago, porque se trata de un fenómeno casi instantáneo, apenas dura unas milésimas de segundo y llega a nuestros ojos como un fogonazo de luz que ilumina, a la vez, todo el camino del rayo.

El relámpago de luz siempre se observa antes de que oigamos el estruendo del trueno, porque la luz viaja mucho más rápido que el sonido.

Eso fue Usain Bolt: un relámpago de luz más rápido que el sonido, encerrado en un cuerpo que se desplazaba con la elegancia de una gacela que desafía al tiempo y a los espacios, con una sonrisa desenfadada.

Usain Bolt es un grande del deporte de todos los tiempos.

Una figura que trascendió a su deporte.

Un relámpago veloz e impactante, que iluminó al firmamento del deporte, con sus récords inapelables y con la luz de su carisma.

Como en Beijing, como en Londres, como en Río, los aficionados en las gradas de cualquier estadio del mundo coreaban: “¡Bolt! ¡Bolt! ¡Bolt!”, es que la gente reconoce a un superhéroe apenas lo ve.

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