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Un mundo en guerra y una economía en pausa

  

05/03/2026 | 13:02Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Escala la tensión en Medio Oriente y la guerra impacta en la economía global.

FOTO: Escala la tensión en Medio Oriente y la guerra impacta en la economía global.

  1. Audio. Un mundo en guerra y una economía en pausa

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Hay momentos en los que la vida se mide en pocos metros. El bolsillo, el trabajo, los hijos, el presente inmediato. Es lógico. La vida cotidiana obliga a mirar cerca. Pero, aunque muchas veces no lo parezca, lo que ocurre a miles de kilómetros termina impactando inevitablemente en esa misma vida diaria.

Hoy el mundo atraviesa una situación que genera más preguntas que respuestas: una guerra en Medio Oriente que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel y cuyo desenlace es imposible de anticipar. Y cuando el mundo entra en una guerra de estas características, la economía global entra en una zona de incertidumbre.

El problema principal no es necesariamente la magnitud del daño —que todavía es desconocida— sino la falta de previsibilidad. Nadie sabe cuánto va a durar el conflicto ni cómo va a terminar. Tampoco quién controlará recursos estratégicos como el petróleo y el gas que produce Irán, ni cómo reaccionarán las potencias que dependen de esos recursos.

Esa incertidumbre paraliza decisiones. Los mercados financieros funcionan, en gran medida, sobre expectativas. Cuando esas expectativas desaparecen, lo primero que hacen los inversores es retirarse de los activos considerados más riesgosos. En términos simples: esperar. "Desensillar hasta que aclare", como decía Perón.

En ese contexto, economías frágiles o con menor credibilidad internacional quedan expuestas primero. Y la Argentina todavía se encuentra en ese grupo.

Un dato pequeño, pero ilustrativo, fue la recomendación del Bank of America de retirarse del mercado de bonos argentinos. Probablemente no esté directamente vinculada con la guerra, pero refleja un comportamiento típico de los inversores cuando el mundo entra en turbulencia: reducir exposición en mercados emergentes o considerados riesgosos.

Mientras tanto, el impacto económico potencial empieza a aparecer en sectores sensibles. El precio del petróleo —clave para la energía y también para derivados como los fertilizantes utilizados por el agro— podría subir si el conflicto se prolonga o se expande. Por ahora los aumentos no han sido significativos, pero el riesgo está presente.

El problema es que nadie sabe qué va a pasar. Ni los mercados, ni los gobiernos, ni siquiera quienes toman las decisiones en las grandes potencias.

El propio ministro de Economía argentino, Luis Caputo, lo insinuó recientemente al referirse a la consistencia del plan económico frente a factores externos. En condiciones normales, los fundamentos del programa pueden evaluarse con cierta claridad. Pero una guerra internacional introduce variables imposibles de controlar.

El conflicto, además, no es simple. Es un rompecabezas militar y político que se extiende por toda la región. Irán ataca intereses norteamericanos en distintos países del Golfo, Israel golpea posiciones vinculadas a Teherán en el Líbano a través de Hezbollah y Europa se ve obligada a definir una posición. Cada día suma actores, tensiones y riesgos.

A esa complejidad se agrega otro factor inquietante: la imprevisibilidad de algunos de los protagonistas. En Estados Unidos, por ejemplo, el presidente Donald Trump suele guiarse más por instintos que por estrategias tradicionales de política exterior, lo que obliga incluso a sus propios asesores a reaccionar detrás de sus decisiones.

Cuando los actores son imprevisibles, el escenario se vuelve todavía más difícil de anticipar.

En definitiva, el mundo está en una pausa expectante. Desde el principal fondo de inversión global hasta el comerciante más pequeño, todos esperan señales que permitan anticipar qué viene después.

Para un país como la Argentina, que intenta estabilizar su economía mientras todavía arrastra problemas estructurales y sectores en recesión, esa espera es un problema adicional.

Porque cuando el mundo se llena de incertidumbre, los más débiles suelen ser los primeros en sentir el impacto. Y en ese tablero global, todavía estamos entre ellos.

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