Caruso en Córdoba: la visita del tenor más famoso del mundo
Hace 111 años, en julio de 1915, Enrico Caruso llegó a la ciudad con figuras del Teatro Colón: recorrió sus principales calles a pie, opinó sobre las palmeras de un monumento, conquistó el Rivera Indarte con Manon Lescaut y se despidió regalando caricaturas dedicadas. Las crónicas de la época permiten reconstruir aquellos días casi hora por hora.
09/07/2026 | 09:49Redacción Cadena 3
A mediados de la década del 80, Lucio Dalla se alojó en el hotel de Sorrento donde Enrico Caruso había pasado su última convalecencia, antes de morir en Nápoles. De esa noche nació 'Caruso' (1986), la balada que Luciano Pavarotti convirtió en himno mundial y que, en su paso por la Argentina en 2009, llegó a cantar a dúo con Mercedes Sosa. La canción mantiene viva la leyenda del tenor napolitano (1873-1921), el primer artista de la historia del disco en vender un millón de copias. Un capítulo poco contado de esa leyenda ocurrió en Córdoba: en julio de 1915, el hombre de la voz más famosa del mundo, el primer fenómeno musical del orbe, pasó cuatro días en la ciudad, y la prensa local registró todo con lujo de detalles.
El mundo en guerra, Caruso en gira
El momento era dramático como pocos. Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial: Italia acababa de entrar al conflicto, los aliados se empantanaban en Galípoli y el ejército ruso iniciaba su gran retirada. La Argentina de Victorino de la Plaza —presidente desde 1914, tras la muerte de Roque Sáenz Peña— se mantenía neutral, pendiente de sus exportaciones y a un año del Centenario de la Independencia. En ese escenario, Caruso cruzó un Atlántico patrullado por buques de guerra para volver al país que lo había visto debutar en América, en 1899. Habían pasado doce años desde su última temporada porteña y regresaba consagrado por el Metropolitan de Nueva York. Tras el éxito en el Colón, la "tournée Caruso" salió a las provincias, en una gira que incluyó Rosario, Córdoba y Tucumán.

Un peatón ilustre
Caruso llegó a Córdoba la víspera de su debut, por la tarde. El diario 'Los Principios' lo presentó como "el rey de los tenores contemporáneos" y envió a su crítico teatral, Jacinto Ortiz de Guinea, a visitarlo. Ese 9 de julio, el cronista encontró a un "simpático causeur" (conversador, en francés), que hablaba sin petulancia de sus triunfos en Europa y Nueva York, y que repetía una idea que lo pintaba entero: en tierra argentina había obtenido sus primeros éxitos y aquí "empezó a cimentarse su nombre", según transcribió el diálogo Ortiz de Guinea.
Después vino el detalle más cordobés de la visita. El tenor quiso conocer la ciudad y prefirió hacerlo a pie: detestaba el automóvil —dijo, según el cronista—, porque en ellos "se cree ver todo y nada se logra conocer". Caminó las calles céntricas como un vecino más, elogió la avenida General Paz, el teatro Rivera Indarte y el monumento a Vélez Sársfield, y frente a este último, ubicado por entonces donde hoy se encuentra la "fuente del perdón", ejerció de urbanista: protestó contra las palmeras del pequeño jardín que lo rodeaban porque, "pretendiendo adornarlo, lo afean". El cantante mejor pago del planeta, detenido en una esquina de Córdoba, discutiendo paisajismo municipal.
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La colmena del Rivera Indarte
La noche del 10 de julio, el Rivera Indarte —hoy Teatro del Libertador General San Martín— vivió lo que 'La Voz del Interior' tituló "el acontecimiento teatral del año". Pocas veces el coliseo había albergado semejante concurrencia: el paraíso, escribió el periodista de ese diario, "daba la sensación de una enorme colmena rumorosa". Se presentaba 'Manon Lescaut' de Puccini, primera de las cuatro funciones del abono, con la orquesta del maestro Armani y la joven soprano Gilda Dalla Rizza, que ya había brillado en Córdoba la temporada anterior.
Caricatura de Jacinto Ortiz de Guinea, periodista de 'Los Principios'. Por Enrico Caruso.
Entonces tuvo lugar algo que habla tan bien del público como del artista. El primer acto cayó en un silencio desconcertante: los espectadores retrasados tapaban con su bullicio las primeras frases del divo y el telón bajó, recordó el periodista, "sin la menor demostración de la sala". Córdoba reconocía el arte, pero esperaba la prueba definitiva antes de rendirse. La prueba llegó en el tercer acto, tras la desgarradora imprecación de "Guardate, pazzo son": el público "ya rendido, estalló en una larga y clamorosa ovación". Por su parte, el crítico de 'Los Principios' contabilizó cinco levantadas de telón "entre delirantes ovaciones". En el cuarto acto, según este último periodista, se vivió "lo inverosímil como potencia de voz y de dramaticidad". "La realidad está a la altura de su fama", agregó el cronista.
Una Tosca sin el divo
La temporada se había vendido como un abono de cuatro funciones, con Caruso al frente de solo dos. Por eso el lunes 12 la ópera siguió sin él: se dio 'Tosca', y la platea cordobesa demostró que admiraba con criterio propio. La soprano Tina Poli Randaccio se ganó una larga ovación con el aria 'Vissi d'arte' y el tenor Pedro Gubellini debió bisar 'E lucevan le stelle', pero el cronista de 'Los Principios' fue lapidario con el conjunto, que quedó "muy lejos de lo que era de esperar dados los elevados precios de las localidades". Sin anestesia.
El riesgo de entrevistar a Caruso
El martes 13 llegó el plato fuerte del adiós: 'I Pagliacci', con Caruso en su criatura más célebre, el payaso Canio, precedida por una 'Cavalleria Rusticana' a cargo de Poli Randaccio y Gubellini. Esa noche se presentaba además como Nedda una cantante que recién iniciaba su carrera e Higinia Tuñón de Serantes, que firmaba como Hina Spani y a quien el tiempo convertiría en una de las grandes sopranos argentinas del siglo XX.
Entrevistar a Caruso tenía un riesgo simpático: uno podía terminar dibujado. Dibujante desde la infancia y caricaturista de reflejos rápidos, convertía cada entrevista en un duelo de apuntes: mientras el periodista anotaba sus declaraciones, él anotaba la cara del periodista. Lo comprobó Jacinto Ortiz de Guinea, el crítico teatral de 'Los Principios' que lo había entrevistado y acompañado en su caminata por la ciudad: fue en busca del monstruo sagrado de la lírica y volvió a la redacción con la nota y, de yapa, su propio retrato, dibujado y regalado por el tenor. Con 'La Voz del Interior' hizo lo propio: dedicó y obsequió al diario una autocaricatura de puño y letra —"Para 'La Voz del Interior'", con su firma y el año 1915— y sumó otra del doctor Juan Gualberto García, presidente de la comisión de Bellas Artes, que tampoco salió indemne de conocerlo. Hoy las caricaturas de Caruso son consideradas obras de arte.
Caricatura de Juan Gualberto García, presidente de la comisión de Bellas Artes
Terminada la función, la compañía partió esa misma noche en tren expreso hacia Tucumán, donde lo esperaba otra aventura.
Una voz que sigue sonando
Caruso murió en Nápoles el 2 de agosto de 1921, a los 48 años, en la cima de su gloria. Sesenta y cinco años más tarde, Lucio Dalla transformó su final en una canción que el mundo entero sigue cantando. Cada vez que suena ese lamento —en la voz de Pavarotti, o en aquel dúo inolvidable con Mercedes Sosa— es una buena excusa para recordar que la voz que lo inspiró sonó real, entera y sin micrófonos, dos noches de julio en un teatro de Córdoba. Hace exactamente 111 años.
Por Marcos Calligaris
Lectura rápida
¿Qué canción nació de la noche en Sorrento? La canción 'Caruso' (1986) nació de la noche en que Lucio Dalla se alojó en el hotel de Sorrento.
¿Quién es el tenor famoso mencionado? El tenor famoso mencionado es Enrico Caruso, quien tuvo una gran influencia en la música y vendió un millón de copias de sus discos.
¿Cuándo visitó Caruso Córdoba? Caruso visitó Córdoba en julio de 1915, donde pasó cuatro días en la ciudad.
¿Dónde se presentó Caruso en Córdoba? Caruso se presentó en el Rivera Indarte, hoy conocido como Teatro del Libertador General San Martín.
¿Por qué fue memorable la visita de Caruso? La visita de Caruso fue memorable por la gran concurrencia y el reconocimiento del público a su arte durante las funciones.






