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La comida chatarra en la infancia puede cambiar el cerebro para siempre

Un estudio de la Universidad de Cork reveló que dietas altas en grasas y azúcares en la infancia pueden alterar el control del apetito a largo plazo, incluso después de adoptar una alimentación más saludable.

21/05/2026 | 13:22Redacción Cadena 3

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La comida chatarra y su impacto en el cerebro infantil

FOTO: La comida chatarra y su impacto en el cerebro infantil

Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cork reveló que el consumo habitual de alimentos altos en grasas y azúcares durante la infancia puede provocar cambios duraderos en el cerebro, afectando el control del apetito y los hábitos alimenticios a largo plazo. A pesar de que los niños puedan adoptar una dieta más saludable posteriormente, las alteraciones en su comportamiento alimentario pueden persistir durante la vida adulta.

Los científicos del APC Microbiome, un centro de investigación líder en la Universidad de Cork, encontraron que una dieta poco saludable en la infancia puede alterar la forma en que el cerebro regula el apetito y la alimentación. Estos cambios se mantuvieron incluso después de que los niños dejaran de consumir alimentos chatarra y su peso corporal regresara a la normalidad.

En la actualidad, los niños están expuestos a una gran cantidad de alimentos procesados que son fáciles de acceder y están altamente publicitados. Los alimentos azucarados y grasos son comunes en fiestas de cumpleaños, eventos escolares y actividades deportivas, lo que puede moldear sus preferencias alimentarias desde una edad temprana y fomentar hábitos que perduren hasta la adultez.

Dietas infantiles y cambios cerebrales a largo plazo

El estudio, publicado en la revista Nature Communications, demostró que la exposición temprana a alimentos densos en calorías y pobres en nutrientes puede dejar efectos duraderos en el comportamiento alimentario. Utilizando un modelo de ratones, los investigadores observaron que aquellos expuestos a una dieta alta en grasas y azúcares durante su desarrollo mostraron cambios persistentes en su comportamiento alimentario al llegar a la adultez.

El equipo de investigación relacionó estos efectos conductuales con interrupciones en el hipotálamo, una región del cerebro encargada de regular el apetito y el equilibrio energético.

Además, se exploró la posibilidad de que modificar el microbioma intestinal pudiera ayudar a contrarrestar estos efectos. Los científicos probaron una cepa bacteriana beneficiosa (Bifidobacterium longum APC1472) junto con fibras prebióticas (fructo-oligosacáridos (FOS) y galacto-oligosacáridos (GOS)), que se encuentran naturalmente en alimentos como cebollas, ajo, puerros, espárragos y plátanos, y que son ampliamente disponibles en alimentos fortificados y suplementos prebióticos.

Los hallazgos sugirieron que ambas intervenciones mostraron beneficios potenciales cuando se administraron a lo largo de la vida.

Las bacterias intestinales pueden ayudar a restaurar patrones de alimentación saludables

La doctora Cristina Cuesta-Martín, autora principal del estudio, afirmó: "Nuestros hallazgos muestran que lo que comemos en la infancia realmente importa. La exposición dietética temprana puede dejar efectos ocultos y a largo plazo en el comportamiento alimentario que no son inmediatamente visibles solo a través del peso".

Los investigadores encontraron que las dietas poco saludables en la infancia interrumpieron las vías cerebrales relacionadas con el comportamiento alimentario, con efectos que continuaron en la adultez. Esto podría aumentar el riesgo de obesidad más adelante en la vida.

Es importante destacar que los científicos descubrieron que modificar el microbiota intestinal ayudó a reducir estos efectos a largo plazo. La cepa probiótica Bifidobacterium longum APC1472 mejoró significativamente el comportamiento alimentario, mientras que solo causó cambios menores en el microbioma general, lo que sugiere un efecto altamente específico. Por otro lado, la combinación prebiótica (FOS+GOS) produjo cambios más amplios en todo el microbioma intestinal.

La investigación sobre el microbioma abre nuevas posibilidades

La doctora Harriet Schellekens, investigadora principal del estudio, comentó: "Es fundamental que nuestros hallazgos demuestren que apuntar al microbiota intestinal puede mitigar los efectos a largo plazo de una dieta poco saludable en la infancia sobre el comportamiento alimentario posterior. Apoyar el microbiota intestinal desde el nacimiento ayuda a mantener comportamientos alimentarios más saludables en la vida adulta".

El estudio, liderado por la Universidad de Cork, involucró la colaboración de investigadores de la Universidad de Sevilla (España), la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y el Centro de Investigación Alimentaria Teagasc (Fermoy, Irlanda). La financiación provino de Research Ireland, una beca de posgrado del Gobierno de Irlanda y un premio de investigación del Instituto Biostime de Nutrición y Cuidado.

Lectura rápida

¿Qué descubrió el estudio?
El estudio reveló que la comida chatarra en la infancia puede alterar el control del apetito y los hábitos alimentarios a largo plazo.

¿Quién realizó la investigación?
La investigación fue llevada a cabo por científicos de la Universidad de Cork.

¿Cuándo fue publicado el estudio?
El estudio fue publicado el 21 de mayo de 2026.

¿Dónde se llevó a cabo el estudio?
El estudio se realizó en la Universidad de Cork y colaboraron instituciones de España y Suecia.

¿Por qué es importante el estudio?
El estudio muestra que una dieta poco saludable en la infancia puede tener efectos duraderos en el cerebro y aumentar el riesgo de obesidad en la adultez.

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