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Los feriados son más sagrados que los días de clase perdidos

   

15/04/2026 | 14:06Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

La Provincia presentó la cuarta oferta a la UEPC: suba del 40% anual garantizada.

FOTO: La Provincia presentó la cuarta oferta a la UEPC: suba del 40% anual garantizada.

  1. Audio. Los feriados son más sagrados que los días de clase perdidos

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Hay algo que la crisis educativa en Córdoba dejó en evidencia: en la práctica, los feriados parecen ser más intocables que los días de clase. Y eso, más que una anécdota, es una definición política.

En lo que va del ciclo lectivo, entre paros docentes y feriados, se perdió cerca del 20% de las clases. Traducido: casi cinco semanas sin actividad escolar normal. Recién ahora empieza a asomar cierta rutina, pero el daño ya está hecho. Y no es solo una cuestión de contenidos: la escuela es también hábito, continuidad, orden. Todo eso, una vez roto, no se recompone con facilidad.

En paralelo, el Gobierno provincial puso sobre la mesa una nueva oferta salarial para los docentes, con un aumento del 40% y una cláusula gatillo en octubre. Todo indica que será aceptada. Pero hay un punto particularmente sensible: la eventual devolución de los días no trabajados. Es decir, los paros no se descontarían.

Eso, en términos de negociación, es un mensaje claro. Si parar no tiene costo, el incentivo a repetir la herramienta crece. El Estado, del otro lado, queda debilitado, sin margen real para condicionar el conflicto. Y el sistema entra en una lógica donde el paro deja de ser una medida excepcional para convertirse en un recurso casi gratuito.

Pero incluso dejando de lado esa discusión, hay una pregunta más incómoda: ¿Qué pasa con los alumnos?

Porque mientras se discute si se devuelven o no los días a los docentes, nadie parece exigir seriamente la recuperación de las clases perdidas. La respuesta oficial es difusa: “se recuperarán contenidos”. No días. Contenidos. Dentro del mismo calendario.

Eso abre dos posibilidades, ambas problemáticas. O bien el tiempo escolar estaba mal aprovechado y había margen ocioso que ahora se usará —lo cual sería una admisión grave—, o bien los contenidos no se van a recuperar realmente. Porque enseñar lleva tiempo. No se comprime por decreto.

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En este contexto, la ausencia de una discusión más firme sobre cómo recuperar días efectivos de clase resulta llamativa. Y ahí aparece una contradicción difícil de justificar: la rigidez absoluta frente a los feriados.

El calendario ofrece varias oportunidades concretas. Fechas como el 1° de mayo, el 25 de mayo o los feriados trasladados de junio y agosto podrían, sin alterar drásticamente la vida familiar, convertirse en jornadas de recuperación escolar. No se trata de eliminar conmemoraciones ni de desconocer su valor simbólico, sino de priorizar en un contexto excepcional.

Porque la situación lo es. No todos los años se pierde una quinta parte del calendario escolar.

La resistencia a tocar esos días revela una jerarquía implícita: el descanso es innegociable; la educación, flexible. Y esa lógica se consolida sin demasiado debate público, mientras los principales afectados —los alumnos y sus familias— quedan, en gran medida, sin representación en la mesa.

La historia muestra que hay antecedentes de recuperación de clases en contextos críticos. No hace falta llegar a extremos como trabajar los sábados de manera sistemática, pero sí asumir que algo excepcional requiere respuestas fuera de lo habitual.

En definitiva, el problema no es solo cuántos días se perdieron, sino qué valor se les asigna. Si el sistema acepta que pueden diluirse sin mayores consecuencias, entonces el mensaje es claro: las clases son importantes, pero no tanto.

Y en ese país —o en esa provincia— donde los feriados se defienden con más firmeza que el derecho a aprender, la discusión de fondo sigue pendiente.

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