Kicillof y la canción que todavía no suena
14/01/2026 | 14:31Redacción Cadena 3
El verano político duró poco. Apenas diez, quince días, y se terminó. La señal de largada ya está dada: Javier Milei llega a Jesús María y, sin que nadie lo diga explícitamente, arranca la carrera presidencial. En un país de campaña permanente, eso alcanza para poner todo en movimiento. Y ahí aparece Axel Kicillof, obligado a empezar a definir qué va a hacer, cómo y con qué libreto.
Kicillof necesita algo básico pero decisivo: una canción. Un guion. Una melodía reconocible. Él mismo habló de eso cuando se terminó de romper con Máximo Kirchner y planteó que el kirchnerismo debía "escribir una nueva canción". El problema es que, a esta altura, nadie la escucha. O no está escrita, o está guardada. Y si está guardada, marzo complica todo: antes hay que disputar la presidencia del PJ bonaerense, con la duda abierta entre una lista de unidad o una confrontación directa con el kirchnerismo duro.
Esa indefinición paraliza. Porque si la canción ya estuviera clara, Axel no podría cantarla a viva voz. Y si todavía no está escrita, el margen para escribirla es mínimo. La primera gran decisión es conceptual: ¿va a ser una canción de protesta, de oposición frontal a Milei, o va a intentar algo distinto?
La canción de protesta tiene una ventaja evidente: ordena al núcleo kirchnerista, contiene a los votantes de Cristina y resulta familiar. Es una canción conocida, fácil de corear. Pero choca de frente con el clima de época, con la hegemonía cultural actual y con lo que parece estar pensando una mayoría social. Además, sería kirchnerismo ortodoxo en estado puro, algo difícil de sostener incluso en la gestión cotidiana.
Los hechos lo muestran. Esta semana, Kicillof ofreció a los sindicatos estatales bonaerenses una paritaria del 1,5%. La inflación de diciembre fue 2,8%. La respuesta gremial fue obvia: no. Piden inflación, recomposición y recuperar lo perdido. El problema es que la Provincia no tiene plata. Lleva cinco años de déficit. Kicillof solo se salvaría si la economía crece y mejora la recaudación. Pero si la economía crece, Milei gana políticamente. Esa es la paradoja que lo encierra.
A eso se le suma la política pura. Reunión con intendentes del peronismo bonaerense: ¿Qué piden? Reelección indefinida. Más poder, más encierro, más casta. Justo lo que la sociedad rechaza. No es un problema de manta corta: es que ya no hay manta. Apenas un cuadrito de crochet.
Y todavía falta lo más difícil: salir de Buenos Aires y construir algo nacional. Convencer a gobernadores que, por supervivencia electoral, miran de reojo hacia la derecha porque saben que Milei les puede disputar votantes. Sumale el descoloque internacional del kirchnerismo, el silencio incómodo frente a Venezuela y las tensiones ideológicas que explotan puertas adentro, como el despido del médico antisemita que le valió críticas desde sectores de izquierda y del peronismo más duro.
El margen de maniobra es mínimo. Si no es una canción de protesta, ¿qué es? ¿Una canción alegre, pro mercado, optimista, para competirle a Milei en su propio terreno? Eso implicaría una reconversión profunda: cambiar los músicos, los instrumentos y el ritmo. Y hacerlo ya, porque el público necesita tiempo para escuchar la canción, reconocerla y, eventualmente, bailarla.
Sea cual sea la melodía que elija, hay una estrofa obligatoria. Ineludible. Kicillof va a tener que explicar cómo piensa gobernar, si llega a la Presidencia, con el kirchnerismo y sin inflación. Una palabra que el kirchnerismo, por ahora, sigue evitando pronunciar.





