24 años de maldición: vuelve el crédito en dólares para comprar una casa
10/03/2026 | 13:32Redacción Cadena 3
Hay noticias que pasan casi desapercibidas en medio de conflictos sindicales, tensiones internacionales o subas del petróleo. Sin embargo, algunas de ellas pueden marcar un cambio en la economía argentina. Una de esas decisiones ocurrió en febrero, cuando el Banco Central de la República Argentina modificó una norma clave: volvió a permitir que los bancos otorguen préstamos en dólares a personas que no tienen ingresos en esa moneda.
El primer paso concreto lo dio el Banco Macro, que lanzó una línea de créditos —entre ellos hipotecarios— denominados en dólares. El movimiento tiene algo de audaz y algo de simbólico. No es un detalle técnico: implica revertir una prohibición que rigió durante más de dos décadas.
La medida apunta a resolver un problema muy argentino. Las propiedades se venden en dólares, pero la mayoría de los ingresos se perciben en pesos. Esa contradicción hace que el acceso al crédito hipotecario sea extremadamente limitado. Quien compra una vivienda suele hacerlo con dólares propios o con ahorros acumulados durante años. El crédito, en cambio, es escaso.
El nuevo esquema intenta utilizar una masa de dinero que permanece prácticamente inmóvil. En Argentina hay estimaciones que hablan de entre 200.000 y 270.000 millones de dólares ahorrados fuera del sistema financiero, el famoso "dinero en el colchón". A eso se suma un nivel elevado de depósitos en dólares dentro de los bancos que hoy tienen pocas alternativas de inversión.
La lógica oficial es simple: si esos dólares se prestan al sector privado, pueden dinamizar la economía.
La primera oferta concreta muestra, sin embargo, las limitaciones del modelo. El crédito hipotecario lanzado por Banco Macro financia hasta el 50% del valor del inmueble, con una tasa fija cercana al 11,5% anual en dólares y un plazo máximo de cinco años. En un ejemplo típico, un préstamo de 100.000 dólares implicaría una cuota cercana a 2.866 dólares mensuales.
Es evidente que se trata de un producto pensado para un segmento reducido del mercado. Pero el debate de fondo no pasa por la cuota ni por la tasa inicial. Pasa por la historia.
En la Argentina de la convertibilidad, los bancos prestaban dólares a clientes cuyos ingresos eran en pesos. Ese sistema funcionó mientras el tipo de cambio se mantuvo fijo. Cuando ese régimen colapsó tras la crisis de 2001 y se produjo la llamada "pesificación asimétrica", el sistema financiero quedó atrapado en una contradicción insalvable: había prestado dólares, pero la Justicia permitió que muchos deudores devolvieran pesos.
Desde entonces, el Banco Central prohibió esa práctica. Durante más de veinte años, los bancos sólo pudieron prestar dólares a quienes generaran ingresos en esa moneda, como exportadores o sectores vinculados al comercio exterior.
La decisión actual rompe con esa lógica.
El argumento económico es comprensible: hay dólares ociosos y falta crédito. Los bancos, además, captan depósitos en dólares a tasas muy bajas —entre el 2% y el 4%—, lo que abre la posibilidad de que, con el tiempo, los préstamos puedan ofrecerse a tasas menores que las actuales.
Pero el riesgo es evidente. Endeudarse en dólares en una economía que históricamente sufre crisis cambiarias siempre implica una apuesta fuerte.
La pregunta es si el país está en condiciones de sostener esa apuesta.
Si Argentina logra consolidar una estabilidad macroeconómica basada en equilibrio fiscal, baja inflación y reglas previsibles, el uso del ahorro en dólares podría transformarse en una herramienta poderosa para financiar vivienda e inversión.
Si esa estabilidad falla, la historia podría repetirse. Y cuando eso ocurre, en Argentina casi siempre aparece la misma salida: cambiar las reglas a mitad del partido.
Por eso este regreso del crédito en dólares tiene algo de experimento económico y algo de desafío cultural. Después de 24 años de prohibición, el país vuelve a enfrentarse con su vieja tentación financiera.
La pregunta no es sólo si los bancos prestarán dólares.
La pregunta es si esta vez Argentina podrá convivir con ellos sin volver a tropezar con la misma crisis.





