El Papa pidió “radicalidad evangélica” para hacer frente al “rechazo del cristianismo"
Así se refirió Benedicto XVI en su segundo día de visita a Madrid, que volvió a estar marcado por la represión policial a los manifestantes opositores a la Iglesia católica. Una pareja de argentinos en Madrid contó en Cadena 3 su experiencia.
20/08/2011 | 10:30Redacción Cadena 3
El papa Benedicto XVI pidió “radicalidad evangélica” para hacer frente al “rechazo del cristianismo" durante su segundo día de visita a Madrid, que volvió a estar marcado por la represión policial a los manifestantes opositores a la Iglesia católica.
Movimientos laicos, ateos, gays, lesbianas e “indignados” salieron otra vez a la calle para repudiar las cargas policiales en su contra de los últimos dos días y protestar contra el uso de millonarios fondos públicos en la visita papal y la injerencia del jefe de la Iglesia católica en asuntos de política interna.
“Que no queremos papa”, “no a la violencia” o “esta no es la juventud del papa”, cantaron más de 1.000 personas mientras marchaban desde Atocha con la intención de llegar a la Puerta del Sol.
En ese sentido, una pareja de jóvenes argentinos que se encuentran en España participando de la Jornada Mundial de la Juventud, en diálogo con Cadena 3 llevó tranquilidad a sus familias y sostuvo que los anfitriones los recibieron "muy bien".
“No nos hemos cruzado con nadie de los movimientos de los indignados. Los vecinos, los locales nos recibieron muy bien. Estamos muy tranquilos. Pudimos recorrer todo sin ninguna agresión”, señalaron Nazareno Pombo y Lucía Rimoldi, ambos vecinos de Temperley, Buenos Aires.
En un intento por evitar a la policía, los manifestantes se desviaron hacia la plaza Tirso de Molina, pero luego se dirigieron hacia el “Kilómetro cero” y fueron reprimidos frente al Palacio Real.
La policía pretendía evitar así un nuevo encuentro con los jóvenes católicos que habían participado del vía crucis presidido por el papa en pleno centro de Madrid y que fue la última actividad y baño de masas del pontífice.
Antes, en su calidad de Jefe de Estado, el papa fue recibido por los reyes Juan Carlos y Sofía en el Palacio de La Zarzuela, y también se entrevistó con el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien ratificó ante él la vigencia de los acuerdos con la Santa Sede, según un comunicado del Ejecutivo español.
Precisamente las organizaciones laicas exigen la eliminación de algunos de estos acuerdos, concretamente los que se remontan a la época franquista y que otorgan enormes privilegios a la Iglesia en España.
Zapatero y Benedicto XVI dialogaron también sobre el desempleo juvenil, la crisis económica y otros temas internacionales, entre ellos el reciente atentado de Oslo perpetrado por un ultracatólico.
En su primer discurso de la jornada, en un encuentro con más de 1600 monjas en el Monasterio de El Escorial, cercano a Madrid, Benedicto XVI defendió la necesidad de la “radicalidad evangélica” para hacer frente al “relativismo y la mediocridad”.
Según el papa, esta radicalidad “cobra una especial relevancia ayer, cuando se constata una especie de eclipse de Dios, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo”.
Posteriormente, Joseph Ratzinger, quien en su juventud integró las Juventudes Hitlerianas como era obligatorio para todos los niños no judíos del Reich desde 1936, se dirigió a un grupo de profesores universitarios católicos a quienes animó a “buscar la verdad”. "Esta aspiración es la más valiosa que pueden transmitir a vuestros estudiantes y no solo unos datos fríos usados funcionalmente", dijo.
El papa criticó que a veces se piense que la misión de un profesor es exclusivamente la de formar profesionales para satisfacer la demanda del mercado laboral. "Cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación", aseguró.
Si la educación se rige por el "pragmatismo inmediato, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político", advirtió.
Benedicto XVI se encuentra en España para participar de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica, un evento litúrgico que adquirió carácter político por el contexto de crisis en el que está teniendo lugar.
La visita papal, que concluirá el domingo, estuvo precedida de una multitudinaria marcha de laicos, ateos, cristianos críticos, gays y lesbianas que denunciaron la “escandalosa” contribución de fondos públicos a este evento en un momento en el que el gobierno socialista está aplicando severos ajustes económicos.
La protesta, que contó con unos 20.000 participantes, derivó en incidentes en un ambiente enrarecido por la detención de un joven fundamentalista cristiano acusado de tener planes de atentar contra ellos, y quien fue liberado con cargos.
La policía volvió a cargar contra un grupo de manifestantes el jueves, después de que se repitiera una situación de tensión con jóvenes católicos, a lo que los laicos llegaron a llamar “fascistas” y “terroristas”.
A raíz de la actuación policial, los organizadores denunciaron ayer la posible existencia de “un plan coordinado” entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades gubernamentales para “disminuir el éxito de participación masiva de la manifestación laica, desviando la atención hacia incidentes que se pudieron provocar premeditadamente”.
Además, condenaron los intentos incesantes del papa y la jerarquía eclesiástica de injerencia en los asuntos internos como son, entre otras, las leyes de materia de educación, derechos a la sexualidad y reproducción en un país democrático.
Según afirmaron en un comunicado, el papa “no deja de denunciar, en ocasiones con violencia verbal, principios democráticos y libertades cívicas, incluso llamando a la radicalización fundamentalista de sus fieles seguidores”.
Estos hechos fueron presentados ante la Fiscalía, al tiempo que anunciaron que serán acusación contra el estudiante mexicano que planeaba atentar contra ellos.
Si ayer el papa abogó por mayor “ética económica” en las políticas para hacer frente a la crisis, también criticó a los que “se sienten dioses” para decidir sobre el aborto o la eutanasia.
Durante su mandato, Zapatero logró la aprobación del matrimonio homosexual y de una nueva ley sobre el aborto que fue rechazada por el Vaticano y que derivó en un duro enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica española.
No obstante, el mandatario frenó una ley que pretendía equiparar a la Iglesia Católica con otras confesiones, en particular terminar con los privilegios otorgados en la época franquista.
En este contexto, el ministro de la presidencia, Ramón Jáuregui, pidió ayer al portavoz del Vaticano, Federico Lombarda, la “colaboración de la Iglesia para transformar el Valle de los Caídos, el mausoleo del dictador Francisco Franco, en un lugar de reconciliación.





