Faltan los caños, pero Argentina ya busca un lugar en el ranking de la energía
20/04/2026 | 11:18Redacción Cadena 3
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Argentina empieza a aparecer donde durante décadas no figuraba: en los rankings globales de energía. No es un dato menor ni una curiosidad estadística. Es, en todo caso, una señal de cambio estructural que todavía convive con limitaciones muy concretas.
Los números sorprenden incluso a los más optimistas. Con una producción cercana a los 800.000 barriles diarios, el país ya se ubica entre los principales productores de petróleo del mundo, en torno al puesto 22. Y lo hace por encima de países que históricamente fueron referencias energéticas, desde Venezuela hasta el Reino Unido. No es solo volumen: es posicionamiento.
El dato es todavía más contundente en gas. Argentina ya se ubica entre los principales productores globales —alrededor del puesto 15— y lidera en América Latina, superando a economías como Brasil o México. Hace apenas dos décadas, ese escenario parecía improbable.
Ahora bien, conviene no confundirse: este salto no responde a una infraestructura madura, sino todo lo contrario. El crecimiento ocurre a pesar de un cuello de botella crítico. Falta lo esencial: los "caños". Es decir, la capacidad de transporte para convertir producción en exportación.
La paradoja es evidente. Mientras la producción crece y marca récords —con proyecciones que incluso apuntan al millón de barriles diarios en el corto plazo— , gran parte de ese potencial queda limitado por la imposibilidad de evacuarlo eficientemente. El sistema no logra acompañar al recurso.
Ahí aparece el verdadero desafío. Los grandes proyectos —oleoductos y gasoductos vinculados a Vaca Muerta— recién estarán operativos entre 2027 y 2028. Hasta entonces, la Argentina seguirá funcionando a media máquina: produciendo más de lo que puede transportar, y muchas veces obligada a elegir qué sacar y qué no.
Ese punto no es técnico, es estratégico. En la industria hidrocarburífera, el tiempo vale dinero. Cada barril o metro cúbico que no se exporta hoy es una oportunidad perdida en un contexto internacional donde la energía volvió al centro de la escena geopolítica.
Aun así, el panorama no es negativo. Al contrario. Que Argentina esté escalando posiciones globales sin tener resuelta su infraestructura habla del potencial del recurso. Pero también expone con crudeza el riesgo de quedar a mitad de camino.
Porque el verdadero salto no será aparecer en un ranking, sino sostenerse en él. Y para eso no alcanza con producir: hay que transportar, procesar y exportar de manera competitiva.
Hoy, el país asoma la cabeza. Mañana, si los caños llegan a tiempo, podría jugar en otra liga. Pero si no, el riesgo es conocido: tener el recurso, pero no el sistema para aprovecharlo. Y en energía, eso suele marcar la diferencia entre una promesa y una realidad.





