Eso parece: con este dólar, la economía funciona
Con más exportaciones y menor presión sobre el dólar, los datos oficiales reavivan el debate sobre la competitividad y el modelo económico argentino.
21/04/2026 | 11:16Redacción Cadena 3
Hay datos que suelen pasar inadvertidos, pero que, cuando se los mira de cerca, tienen la capacidad de reordenar el debate económico. El superávit comercial del primer trimestre —informado por el INDEC— es uno de ellos. Con un saldo positivo de 5.508 millones de dólares, cinco veces superior al del mismo período del año pasado, el número obliga a revisar algunas ideas instaladas sobre el funcionamiento de la economía argentina.
El dato, en sí mismo, es contundente: el país vendió al exterior mucho más de lo que compró. Pero lo relevante no es solo la magnitud, sino la composición. Las exportaciones crecieron con fuerza —17% en el trimestre y con un marzo récord por encima de los 8.600 millones de dólares— y lo hicieron no solo de la mano de los productos primarios, sino también de las manufacturas industriales, que aumentaron 26%. Es decir, no se trató únicamente de soja o materias primas, sino también de bienes con mayor valor agregado.
Al mismo tiempo, las importaciones mostraron un comportamiento más matizado. Si bien en marzo crecieron levemente, en la comparación trimestral cayeron 7,3%. Esto suele interpretarse como un síntoma de recesión. Sin embargo, el dato merece una lectura más fina: el 70% de lo importado corresponde a bienes intermedios, de capital o piezas para la producción. En otras palabras, no se trata solo de consumo retraído, sino también de insumos y maquinaria que sostienen o anticipan actividad.
En este contexto, ¿Sigue siendo válida la idea de la “restricción externa” como un límite estructural inevitable? Durante décadas, la economía argentina explicó sus crisis recurrentes por la falta de dólares. Pero los números actuales sugieren que, bajo determinadas condiciones, ese cuello de botella puede no ser tan rígido como se creía.
Parte de la explicación parece residir en un cambio de comportamiento. Menor emisión monetaria, menor presión sobre el dólar y una reducción en la demanda de divisas para atesoramiento contribuyeron a estabilizar el mercado cambiario, incluso en un contexto donde el Banco Central de la República Argentina acumuló cerca de 6.000 millones de dólares en reservas. El tipo de cambio, lejos de desbordarse, se mantuvo contenido.
A esto se suma otro factor relevante: una apertura económica todavía parcial, en un país que sigue teniendo altos niveles de protección en comparación internacional. Aun así, el resultado fue un superávit. La conclusión, al menos provisoria, es que la economía argentina puede, en ciertas condiciones, funcionar con un esquema más abierto sin perder equilibrio externo.
Claro que no todos los sectores transitan este escenario de la misma manera. Los datos también dejan entrever una tensión: mientras algunos segmentos logran expandirse y ganar competitividad, otros quedan rezagados. Son, en general, aquellos con menor inversión, tecnología más antigua o estructuras menos eficientes, que dependen de mercados cerrados para sostenerse.
En paralelo, el impacto territorial tampoco es menor. El dinamismo exportador suele tener un anclaje más fuerte en el interior productivo que en los grandes centros urbanos. En ese sentido, el nuevo escenario podría estar reconfigurando, de forma silenciosa, el mapa económico del país.
Nada de esto implica que los problemas estructurales estén resueltos ni que el equilibrio sea definitivo. Pero sí sugiere que algunas certezas, largamente aceptadas, merecen ser revisadas. Porque, al menos por ahora, los números muestran algo que durante años pareció improbable: una Argentina que exporta más de lo que importa y que logra sostenerlo sin tensiones inmediatas en el frente cambiario.





