Lorenzetti: "La IA en una década va a producir un impacto de desempleo enorme"
El juez de la Corte Suprema alertó sobre el riesgo que enfrenta la democracia, defendió la necesidad de completar el máximo tribunal y planteó que Argentina debe avanzar hacia un federalismo más descentralizado.
25/03/2026 | 15:47Redacción Cadena 3
Doctor Lorenzetti, la Corte Suprema actualmente funciona con solo tres miembros tras el rechazo del Senado a los nombramientos. ¿Es urgente completar la integración del tribunal?
Lo deseable es que se integre. Por razones institucionales es mejor que la Corte tenga cinco miembros. Con tres personas que deciden cuestiones tan importantes se concentra demasiado poder, y eso no es bueno para el país. Además, en un cuerpo colegiado es importante que haya diversidad de opiniones. Nosotros hacemos el esfuerzo de ponernos de acuerdo, pero no es lo ideal.
La Corte ha pedido muchas veces que los conflictos políticos, especialmente los reclamos de las provincias por fondos, se resuelvan por vía política. ¿Cree que los gobiernos han escuchado ese mensaje?
Sí, finalmente negocian y se ponen de acuerdo. Pero este es un problema histórico de la Argentina, que viene desde unitarios y federales. Llevo más de 20 años en la Corte, pasaron varios presidentes y siempre vimos lo mismo: las provincias reclaman y hay que buscar consenso. Por eso dictamos fallos sobre federalismo fiscal para fijar principios claros.
¿Cuál es el cambio de fondo que debería hacerse en el sistema federal?
Hay que apuntar a una descentralización institucional. Las provincias deberían recaudar y luego aportar a la Nación, y no al revés. La Argentina tiene una tradición de poder concentrado, que viene desde el virreinato, el presidencialismo fuerte y el control desde Buenos Aires. Ese modelo da poder inmediato, pero es inestable y genera ciclos pendulares que impiden resolver los problemas de fondo.
Usted dice que ese cambio permanente también afecta la vida cotidiana de la gente...
Exactamente. Los problemas se trasladan de década en década sin resolverse. Por ejemplo, el tema jubilatorio lleva años y la Corte tiene miles de casos. Por eso propongo un sistema ascendiente, donde se fortalezcan las decisiones de la ciudadanía. Argentina tiene mucha creatividad, pero muchas veces la estructura institucional no la deja desarrollarse.
Hay muchos juicios laborales y previsionales. ¿Las leyes se hacen mal en el Congreso?
No, las leyes no están mal. El problema es que tenemos demasiadas leyes. Antiguamente la sociedad se organizaba con pocas reglas, hoy creemos que necesitamos miles y miles, hasta el punto de que nadie las conoce. Vivimos en un mundo muy complejo, pero necesitamos ideas simples para que la sociedad pueda orientarse.
En el caso de las jubilaciones, ¿dónde está el problema?
No está en la Constitución ni en la ley. El problema es económico. Se incorporó mucha gente al sistema, algunos con aportes y otros sin aportes, y eso debió separarse. No está mal ayudar a quien lo necesita, incluso hoy se habla de ingresos universales porque en el futuro puede haber menos trabajo. Ahí aparece el impacto de la tecnología.
Usted advierte sobre el impacto de la inteligencia artificial. ¿Puede reemplazar empleos?
Sí. La inteligencia artificial puede escribir, traducir, interpretar, y eso afecta a muchas profesiones. No es como la tecnología industrial que reemplazaba tareas manuales, ahora afecta también a la clase media. En una década puede haber un impacto enorme de desempleo, se habla de casi el 40%. Por eso hay que pensar cómo hacer que la transición sea gradual.
¿Ese fenómeno puede afectar a la democracia?
Sí, porque si hay desempleo, más personas mayores y sin ingresos, aumenta la insatisfacción. Las encuestas muestran que mucha gente se aleja de la política y prefiere resultados aunque no sean democráticos. Eso es peligroso. Tenemos que ocuparnos de los problemas concretos de la gente y no solo de los debates abstractos.
¿Por qué cree que la política no está discutiendo estos temas de fondo?
Hay varias razones. Durante el Estado de bienestar el Estado aparecía como un padre protector, pero cuando ese modelo empezó a fallar, la burocracia se cerró sobre sí misma. La política se volvió más coyuntural, porque nadie gana elecciones prometiendo sacrificios. Eso genera enojo social y una polarización contra el sistema, más que entre derecha e izquierda.
¿Ese enojo puede derivar en autoritarismo?
Sí, ese es el riesgo. Cuando el sistema se desconecta de la gente, se debilita la democracia. Por eso el gran desafío es reformarla para que las instituciones se enfoquen en los problemas reales de la sociedad.
Usted lleva muchos años en la Corte. ¿Pensó alguna vez en dedicarse a la política?
Esa idea surgió hace muchos años como un comentario de Carlos Fayt, que lo dijo públicamente. Pero yo creo que uno es más que el cargo que ocupa. Lo importante son las ideas y la responsabilidad. Hoy mi preocupación es qué sociedad vamos a dejarles a nuestros hijos y nietos. No se trata solo de la política partidaria, sino de abrir debates sobre el futuro.
¿Cuál cree que es el mayor desafío que viene?
Estamos viviendo varias revoluciones al mismo tiempo: tecnológica, ambiental, económica y geopolítica. Si la dirigencia sigue con los discursos de siempre, se aleja de la realidad. Eso provoca frustración y pérdida de confianza en la democracia. Por eso creo que hay que alertar, abrir debates y dar esperanza.
Para terminar, le pedimos una recomendación de un libro...
Siempre recomiendo volver a Borges. Lo leo todas las semanas. Es un autor universal, citado en todo el mundo, y a veces los argentinos no valoramos lo que tenemos. Cualquier libro de Borges es una gran lectura.
Entrevista de Sergio Suppo.





