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De la matemática al crimen perfecto: el nuevo libro de Guillermo Martínez

El escritor y matemático habló con Cadena 3 sobre su nueva obra, una trama atravesada por el dilema moral de un ex militante revolucionario convocado a cometer un crimen.

01/05/2026 | 20:28Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

El escritor y matemático Guillermo Martínez.

FOTO: El escritor y matemático Guillermo Martínez.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el escritor Guillermo Martínez presenta su nueva novela, Crimen dialéctico, una obra que vuelve a poner en juego algunos de los temas centrales de su narrativa: la lógica, el crimen, la culpa y las tensiones entre razón y moral.

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Presentás tu última novela el domingo en la Feria del Libro. ¿Cuándo y dónde será?

La presento el domingo 3 de mayo, a las 19, en la Sala Rodolfo Walsh del Pabellón Amarillo. La novela se llama Crimen dialéctico.

La novela plantea un dilema ético para un potencial asesino y se ubica entre una dictadura y el restablecimiento democrático. ¿Es una novela de época?

No exactamente. Tuve cuidado de que no hubiera marcas precisas de que el país fuera Argentina ni de que la época fuera estrictamente 1983. Sí coincide con situaciones que se vivieron en varios países de América Latina: dictaduras y transiciones democráticas cercanas en el tiempo. Me inspiró, en parte, Las manos sucias de Sartre, que también transcurre en un país ficticio con conflictos reconocibles.

¿Cuál es el conflicto central del protagonista?

Es un ex militante revolucionario que a los veinte años se entrenó militarmente en la Alemania Oriental. Diez años después es doctor en una universidad extranjera y lo convocan desde su país para recordarle un antiguo juramento a la revolución. Le encargan una misión de sangre que podría cambiar el resultado de unas elecciones, pero implica eliminar a una persona inocente. Ahí aparece el choque entre el compromiso político y el dilema moral.

Además, debe convivir con su víctima...

Exactamente. Y la víctima es una persona amable, simpática, lo que vuelve más aguda la crisis moral del protagonista.

También aparece el paso del tiempo y la revisión de las convicciones juveniles...

Sí. Hay una frase de Milan Kundera que pesa mucho en la novela: para entender a un hombre hay que entender también la edad que atraviesa. No es lo mismo la juventud, con sus entusiasmos e inconsciencia, que una etapa posterior, donde uno mira con otros ojos aquello que defendía.

¿Y qué discusión política atraviesa el libro?

Hay una escena con un comandante cubano que le dice al protagonista que ninguna revolución se hace solo con mártires. Ahí aparece la tensión entre ética individual y estrategia política.

También hay una discusión científica y filosófica sobre el libre albedrío...

Sí. El protagonista, que es científico, debate con otro investigador sobre un paper que parecería demostrar que el libre albedrío no existe. Esa discusión dialoga con lo que ocurre en la trama, porque él intenta manipular una cadena de causas para provocar la muerte de su víctima sin ensuciarse directamente las manos.

En la Argentina esas discusiones sobre los años setenta siguen vigentes...

Sí, pero creo que muchas veces no pueden pensarse fuera de su época. Juzgar con criterios actuales procesos históricos atravesados por otras lógicas puede simplificar demasiado. Sí es importante revisar los argumentos de quienes participaron y también las críticas internas que existieron en su momento.

Siempre me intrigó cómo conviven en vos el matemático y el novelista. ¿La matemática te ayudó o te complicó para escribir ficción?

Yo escribía desde muy chico. El accidente de mi vida fue la matemática. Ya había publicado cuentos antes de empezar la carrera. Nunca me sentí un matemático que pasó a la literatura, sino un escritor que estudió matemática.

¿Y encontraste vínculos entre ambas disciplinas?

Muchísimos. La matemática está llena de ideas paradójicas, de imaginación, de estructuras lógicas que fascinaron también a Borges. Hay muchos matemáticos que fueron escritores. La conexión existe.

¿Usás herramientas matemáticas al escribir?

No en la imaginación, pero sí en la revisión. La actitud del matemático que termina una demostración y busca errores, contraejemplos o una solución más elegante, la aplico a la corrección de mis novelas.

En tus policiales suele haber una arquitectura muy precisa...

La novela policial está cerca de la demostración de un teorema y también del ilusionismo. El lector debe llegar al final y descubrir una solución lógica, necesaria, pero también sorprendente. Borges lo definía como “necesidad y maravilla de la solución”.

Cuando empezás una novela, ¿ya tenés armado todo el mecanismo?

No. Tengo un comienzo, dos o tres capítulos iniciales, algo de los personajes y una idea de final, que puede cambiar. Del medio sé poco. Se va revelando mientras escribo.

¿Qué importancia le das al inicio?

Muchísima. En la primera página hay que resolver varias cosas. La principal es transmitir autoridad narrativa: que el lector sienta que está frente a alguien que sabe contar y en quien puede confiar.

Hablando de literatura argentina, ¿cómo ves la figura de Borges hoy en el mundo?

Se convirtió en un ícono cultural universal. Fue citado por filósofos, científicos, escritores de distintas lenguas. En una época se lo leyó con prejuicios ideológicos o estéticos; después se democratizó su lectura y hoy toda persona culta del exterior al menos oyó hablar de Borges y probablemente leyó algún cuento suyo.

También sucede con autores que vuelven a ser leídos, como Sara Gallardo o Silvina Ocampo...

Sí. La historia literaria tiene procesos de enterramiento y exhumación. Hay escritores que desaparecen un tiempo y luego son redescubiertos por nuevas generaciones.

Para cerrar, te pido una recomendación: un libro, una película o una serie...

Recomiendo "La realidad absoluta", de Luis Sagasti, editado por Eterna Cadencia. Tiene un cuento extraordinario llamado “Manta Boreal”, de los mejores que leí. Y también "La inspiración y otros casos del sabio Feng", de Pablo De Santis: cuentos breves, ingeniosos, con epigramas filosóficos y una gran belleza.

Entrevista de Sergio Suppo.

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