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Sin acuerdos de fondo, el país seguirá girando en falso

Estamos sumidos en una crisis estructural de la que solo será posible salir en base a valores y realismo.

21/05/2026 | 19:38Redacción Cadena 3

Perspectiva Córdoba

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Nicolás Sánchez

FOTO: Nicolás Sánchez

Argentina está sumida en una crisis estructural de la que solo saldrá si su dirigencia abandona la confrontación y construye consensos reales sobre las políticas de Estado. El país necesita líderes que argumenten y escuchen, que estén dispuestos a perder posiciones en favor del bien común, y que expliquen con claridad para qué modelo de país pretenden gobernar. Los temas urgentes están sobre la mesa: federalismo, educación, justicia, moneda, hambre. Por ahora, la rosca sigue dominando la escena.

Nos hemos acostumbrado a "vivir en crisis" y tal costumbre nos ha llevado a desarrollar "instintos" y "habilidades" de supervivencia. Los instintos y habilidades desarrollados nos tentaron a degradar valores de convivencia y han opacado nuestra visión de las instituciones, de su utilidad y razón de ser. No tenemos claro el rol del Estado y las pautas de gobernanza acordadas se nos muestran como ineficaces para garantizar una armoniosa vida en sociedad en la que todos los individuos tengan la posibilidad de ser personas plenas, libres y satisfechas.

Estamos sumidos en una crisis estructural de la que solo será posible salir en base a valores y realismo. Valores encabezados por el respeto a la dignidad de las personas y la vocación de servicio de su dirigencia. Realismo que asuma nuestras falencias culturales (los malos hábitos) y la escasez de recursos materiales del presente. A nuestra crisis se suma ahora la crisis del mundo. Un mundo en el que las normas del derecho internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial del siglo pasado se van convirtiendo en letra muerta.

Concurren para ello los autoritarismos de variado pelaje y la acumulación de poder fáctico ejercido por corporaciones transnacionales que operan servicios de alta tecnología sobre la maravillosa red universal de telecomunicaciones que llamamos internet.

Tenemos que comenzar de nuevo, y en un nuevo escenario. La historia y la geografía nos han puesto en esta situación y debemos asumirla, mirando en nuestro corto pasado de comunidad nacional las causas y no las culpas. Necesitamos consensos, no confrontaciones. Necesitamos empatías, no imposiciones desde la descalificación o la amenaza.

Urge consensuar las políticas de Estado que nos lleven a mejores generaciones viviendo en un mejor país, el que queremos y podemos. Tenemos que animarnos a remover no solo normativas de fondo, sino pautas duras de nuestra cultura. De nada vale proclamar derechos cuando la cruel escasez o la impune corrupción los tornan vacíos. La escasez se supera generando y distribuyendo riqueza con la educación como herramienta de base. La impune corrupción se erradica con la severidad del voto, con la acción de la prensa libre, con la conformación de agrupaciones políticas que den claras muestras de que no persiguen el poder para hacer fortuna, sino para el servicio a la comunidad.

Necesitamos engendrar una dirigencia capaz de argumentar y escuchar en igual tono, porque necesitamos con urgencia ponernos de acuerdo para emprender el camino. Una dirigencia que esté dispuesta a perder posiciones y posesiones en pro del beneficio común.

Los consensos necesarios sobre la interpretación de nuestra realidad y los posibles caminos de superación de la crisis estructural abarcan temas muy complejos y requieren la formulación de propuestas de objetivos y estrategias de mediano y largo plazo. Dichas propuestas deben ponderar los costos sociales que se involucran. Para dar una muestra del temario que espera, digamos:

Necesitamos conciliar la letra de las normas con la realidad. El modelo federal presupone que cada jurisdicción se autosustente en la atención de las necesidades básicas de su población (educación, seguridad, salud, justicia, subsidio al transporte público, atención de situaciones de incapacidad e insuficiencia alimentaria) y aporte al sostenimiento de las necesidades de servicios comunes nacionales tales como emisión y defensa del valor de la moneda (incluye la administración de la deuda del Estado Nacional, tanto interna como externa), defensa, relaciones internacionales.

Hoy existe una poderosa jurisdicción nacional recaudadora y distribuidora con pautas opacas. ¿Qué hacemos? ¿Cómo seguimos? Las provincias pagadoras de impuestos estarán en una vereda, las provincias gastadoras de impuestos (las que sostienen sus presupuestos mayoritariamente con la coparticipación y dádivas negociadas con el poder nacional de turno), en otra. En el medio de la calle quedarán las que tienen la suerte de contar con recursos de regalías por la extracción de recursos del suelo. ¿Cómo transitamos a la sustentabilidad de todas?

Necesitamos definir cómo nos insertamos en el mundo, no solo en cuanto a alineamientos de tipo ideológico o de conveniencias comerciales y financieras, sino en temas trascendentales como la lucha contra el crimen organizado, la prevención y remediación de las adicciones, la continuidad de la vida en el planeta y la gobernanza de las operaciones sobre la red internet (IA incluida), entre otras.

Necesitamos cuidar el valor de nuestra moneda y honrar las deudas del Estado Nacional y demás jurisdicciones.

Necesitamos remediar el hambre con dignidad, desterrando para siempre el criminal uso del alimento como prenda de servilismo al poder.

Necesitamos definir un plan de educación adecuado a los tiempos, que permita que cada individuo pueda con sus conocimientos ser generador de la riqueza que lo sustente (¡entiéndase, trabajo!), y que lo consolide como un ser libre capaz de comprender la profusa información que la tecnología hoy pone a su disposición, con capacidad crítica y de discernimiento que le evite caer en la dominación de poderosos prestadores de servicios digitales. Una educación que permita que la tecnología siempre nos ayude a todos para hacer más, no para que simplemente sean menos los que hagan.

En una población que crece en expectativa de vida y decrece en natalidad, necesitamos resolver la dignidad de quienes nos precedieron y hoy no pueden generar valor para sustentarse. ¿Podemos seguir tratando por igual a quienes aportaron y aportan a un sistema previsional dinamitado por las decisiones políticas y la devaluación de la moneda, que a los que no aportaron ni aportan?

Necesitamos consolidar el funcionamiento de un poder judicial que resulte asegurador severo de la vigencia de los derechos humanos, castigando la corrupción y eliminando potenciales impunidades. ¡Ello es imprescindible para presentarnos como confiables ante el mundo, y vaya que lo necesitamos!

Necesitamos que la cultura de la transparencia y la rendición de cuentas se incorpore en todas las actividades transaccionales, tanto públicas como privadas.

Seguramente hay otros temas que ameritan su incorporación a la lista. A los medios de comunicación nos cabe el papel de indagar y cuestionar en relación con la viabilidad de las propuestas, sirviendo de ayuda a su interpretación y su comprensión, desde una perspectiva amplia sin que ello implique la negación de líneas de pensamiento editorial debidamente explicitadas. Para el buen debate es necesario saber desde dónde mira quien opina.

La política debe prepararse para una tarea extremadamente difícil. Debemos prepararnos todos. Por ahora, la confrontación y la rosca dominan la escena. Urge alistar los ánimos y formular propuestas para consensuar, para afrontar una realidad compleja y peligrosa. Necesitamos que quienes pretenden gobernar se preparen, nos digan para qué modelo de país lo hacen y nos cuenten cómo, con el consenso de quienes, insertos de qué manera en el mundo y a qué costo pretenden realizarlo.

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