Ajuste estatal: Milei 2, gobernadores e intendentes 1
05/01/2026 | 14:05Redacción Cadena 3
La Argentina volvió, una vez más, a discutir lo que casi todos saben y pocos se animan a hacer. El diagnóstico es ampliamente compartido: durante décadas el país sostuvo un Estado sobredimensionado —nación, provincias y municipios— que para financiarse apeló siempre a la misma secuencia conocida. Endeudarse para funcionar, defaultear cuando la deuda se vuelve impagable, subir impuestos de manera caótica y, cuando todo eso ya no alcanza, emitir dinero y generar inflación. La asfixia como método.
Todos saben qué hay que hacer, lo difícil es encontrar un gobierno capaz de hacerlo y sobrevivir al día siguiente. Porque lo que hay que hacer, en criollo, es un ajuste grande, visible, políticamente costoso. Decir que no se puede seguir así y que el Estado tiene que achicarse si no quiere arrastrar a todos en su caída.
En ese contexto aparece un dato clave para evaluar cómo viene ese proceso. Un informe reciente del IARAF, el instituto que dirige Nadine Argañaraz, uno de los más serios a la hora de seguir el comportamiento fiscal en la Argentina, pone números concretos a una discusión que suele quedarse en consignas. Entre 2023 y 2025, el gasto consolidado de la Nación, las provincias y los municipios se redujo en 6,5 puntos del PBI. Es mucho: el gasto público había llegado a rozar el 50% de todo lo que produce el país.
La pregunta inevitable es quién hizo el esfuerzo. Y ahí los números dejan poco margen para la interpretación. De esos 6,5 puntos, 5,1 fueron aportados por el gobierno nacional. Las provincias ajustaron 1,1 puntos y los municipios apenas 0,3. Traducido a porcentajes de recorte sobre su propio gasto, la Nación redujo un 26%, mientras que provincias y municipios apenas un 7% cada uno.
El cambio en la composición del gasto también es elocuente. En 2023, la Nación explicaba el 52% del gasto público total. En 2025, ese peso cayó al 46%. Provincias y municipios, en cambio, pasaron a concentrar el 54%. Es decir: el Estado nacional achicó su porción de la torta, mientras los niveles subnacionales ganaron participación sin haber hecho un ajuste equivalente.
Cuando se mira el detalle, las diferencias se profundizan. En jubilaciones, el comportamiento fue relativamente parecido: hubo recortes en todos los niveles en 2024 y una recuperación en 2025. Pero en salarios públicos la historia es otra. La Nación recortó fuerte en 2024 y siguió ajustando en 2025. Las provincias, en cambio, bajaron algo el primer año y volvieron a subir el gasto salarial al siguiente. No hubo, hasta ahora, una revisión profunda de las plantas de personal ni un ajuste quirúrgico que ataque ineficiencias estructurales.
Eso confirma una sospecha extendida: el grueso del costo político del ajuste lo absorbió la Nación. Gobernadores e intendentes, en general, hicieron lo mínimo indispensable. Y ese dato no es menor para lo que viene. Si el Gobierno nacional sigue bajando el gasto para aliviar la presión impositiva y los niveles subnacionales no acompañan, el riesgo es evidente: que provincias y municipios compensen lo que deja de cobrar la Nación subiendo sus propios impuestos.
En ese escenario, el ajuste queda a mitad de camino. Y el “trabajo sucio” —el que nadie quiere hacer— sigue esperando en despachos provinciales y municipales. Hasta ahora, en este partido, los goles los metió casi todos la Nación. El resto todavía está mirando el marcador.





