Fármacos fuera de control: cuando el sistema también falla
06/04/2026 | 09:03Redacción Cadena 3 Rosario
La muerte del anestesista Alejandro Salazar no puede leerse como un hecho aislado ni como una tragedia individual. Lo que emerge detrás de este caso es una trama inquietante que expone fallas profundas en el sistema de salud y, al mismo tiempo, refleja un fenómeno social más amplio: el avance sostenido del consumo de sustancias psicoactivas en Argentina. Cuando la noticia deja de ser solo policial y empieza a incomodar estructuras, es porque estamos frente a algo mucho más serio.
Las revelaciones sobre reuniones privadas donde se consumían fármacos de uso hospitalario como el Propofol o el Fentanilo, sin control clínico, abren interrogantes difíciles de esquivar. No se trata únicamente de conductas individuales desviadas, sino de un circuito posible: acceso privilegiado, conocimiento técnico y ausencia de controles efectivos. Una combinación que, como quedó demostrado, puede ser letal.
El dato no debería sorprender. Desde hace años, organismos como el SEDronar advierten sobre el crecimiento del consumo en el país. Sin embargo, la ausencia de campañas de prevención sostenidas resulta llamativa. Los medios están obligados a difundirlas gratuitamente, pero las campañas no aparecen. Y mientras tanto, las cifras son contundentes: el consumo de alcohol, tabaco, marihuana y psicofármacos sin receta crece, se naturaliza y baja la edad de inicio.
En ese contexto, la desviación de medicamentos desde hospitales hacia ámbitos informales no solo configura un posible delito, sino que evidencia una debilidad estructural en los mecanismos de control. La trazabilidad de sustancias críticas, que debería ser estricta, muestra fisuras. Y cuando esas fisuras se combinan con un entorno que relativiza los riesgos, el problema deja de ser invisible.
Quizás uno de los aspectos más preocupantes es la idea de “consumo controlado”. La presencia de profesionales de la salud en estos encuentros habría generado una falsa sensación de seguridad, como si el conocimiento técnico pudiera neutralizar el peligro. Pero la realidad demuestra lo contrario: no hay margen para el error cuando se trata de drogas de alta complejidad.
El desafío es múltiple y urgente. Implica revisar los controles sobre medicamentos, fortalecer el abordaje de la salud mental en el ámbito médico y, sobre todo, cuestionar prácticas culturales que muchas veces se naturalizan puertas adentro. Pero también exige evitar extremos: ni minimizar el caso como un hecho aislado ni estigmatizar a todo el sistema de salud.
La Argentina convive hace tiempo con señales de alerta en materia de consumo. Pero ya no son señales amarillas. Son rojas. Y cuando el problema atraviesa instituciones clave, como los hospitales, la indiferencia deja de ser una opción. Porque cuando no se actúa, no solo se llega tarde: se vuelve cómplice.
Lectura rápida
¿Qué ocurrió con Alejandro Salazar? La muerte del anestesista Alejandro Salazar expone fallas en el sistema de salud y un aumento en el consumo de sustancias psicoactivas en Argentina.
¿Quiénes están involucrados en el consumo de sustancias? Profesionales de la salud han sido implicados en reuniones donde se consumían fármacos como el Propofol y el Fentanilo.
¿Cuándo comenzaron a crecer las alertas sobre el consumo? Organismos como el SEDronar advierten sobre el aumento del consumo en Argentina desde hace años.
¿Dónde se desvían los medicamentos? La desviación de medicamentos ocurre desde hospitales hacia ámbitos informales, evidenciando debilidades en el control.
¿Por qué es importante actuar ante este problema? Ignorar la situación puede llevar a complicidad en un problema que afecta a instituciones clave como los hospitales.





