¿Para qué una reforma laboral?
30/01/2026 | 11:15Redacción Cadena 3
Ayer hubo en Córdoba un evento que honró lo mejor de la tradición gremial empresaria de la provincia, una de las más virtuosas del país. Vale decirlo. El IERAL de la Fundación Mediterránea se tomó el trabajo —nada menor— de analizar en profundidad el paquete de la reforma laboral. Un "paquetazo" extenso, complejo, lleno de artículos que se remiten unos a otros y que, para cualquier lector, resulta una maraña difícil de descifrar. Ese esfuerzo técnico permitió identificar varios puntos clave que merecen una discusión seria.
Uno de ellos es la negociación colectiva. En la Argentina, los convenios los firman los sindicatos mayoritarios con las cámaras empresarias y se aplican de manera uniforme a todas las empresas de un mismo rubro, sin distinguir tamaños, ubicaciones geográficas, niveles tecnológicos ni realidades productivas. Pretender que todos cumplan exactamente lo mismo, pese a contextos tan diversos, resulta poco razonable.
La reforma promete avanzar en una mayor descentralización: que una empresa pudiera acordar un convenio propio si contaba con el aval de sus trabajadores. Sin embargo, el proyecto condiciona esa posibilidad a la autorización del sindicato mayoritario, que difícilmente esté dispuesto a ceder poder. En la práctica, todo quedará supeditado a la voluntad de la conducción sindical: si un gremio acepta o no que una empresa de Jujuy tenga un convenio distinto a otra de Neuquén. Un avance, pero rengo.
Otro punto central es la ultraactividad de los convenios. Hoy, cuando un convenio vence, sigue vigente indefinidamente si no hay acuerdo para modificarlo. Así, hay convenios con décadas de antigüedad que permanecen intactos. Se había anunciado que la reforma limitaría esa ultraactividad, manteniendo solo las condiciones laborales básicas mientras se negociaba un nuevo acuerdo y haciendo caer otras cláusulas, como la cuota solidaria, para incentivar la negociación. Nada de eso quedó plasmado.
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Desde la Fundación Mediterránea recuerdan que incluso en tiempos de Perón se diferenciaban tipos de cláusulas, pero con los años la Argentina avanzó hacia una ultraactividad total que vuelve casi imposible actualizar convenios. El proyecto establece que, durante el primer año tras la sanción de la reforma, los convenios deberán revisarse, pero luego vuelven a quedar congelados sin un mecanismo permanente de actualización.
También aparece el problema del riesgo del trabajo y la llamada "industria del juicio". Los datos son elocuentes: en un solo año, las demandas por afecciones visuales crecieron más de un 80%, sin que exista ninguna epidemia que lo justifique. La explicación apunta a un sistema donde confluyen peritajes dudosos, abogados especializados y justicias provinciales que no terminan de adoptar las juntas médicas como instancia obligatoria, un mecanismo que permitiría reducir abusos.
En materia de indemnizaciones, la propuesta crea un Fondo de Ahorro Laboral financiado con un aporte del 3% de los salarios, compensado con una reducción equivalente de aportes a la ANSES. No implicaría un mayor costo para las empresas, pero el diseño es cuestionado: todas aportarían lo mismo, aun aquellas que casi no despiden personal. Un sistema de seguros, con primas ajustadas al riesgo real, sería más eficiente.
Podrían enumerarse muchos otros puntos, pero lo esencial es no perder de vista el eje del debate. ¿Para qué debería servir una reforma laboral? No solo para ordenar normas o corregir desequilibrios, sino para abordar un problema más profundo: ciertas taras culturales que confunden trabajo con empleo.
El trabajo no es simplemente ocupar un puesto hasta la jubilación. Es una forma de agregar valor, de contribuir a la sociedad. Es cooperación dentro de una organización y, a la vez, colaboración con el conjunto social. Una empresa existe y gana dinero solo si produce algo útil y demandado; de lo contrario, fracasa. El trabajo debería ser también un espacio de desarrollo personal y de construcción de comunidad.
Si una reforma laboral no apunta a redefinir ese sentido, a explicar y fundamentar ese objetivo central, difícilmente logre transformar la realidad. Ese debería ser el punto de partida del debate.
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