Adorni: cada vez más costoso y cada vez más de adorno
20/03/2026 | 10:43Redacción Cadena 3
Hay algo que hace ruido, cada vez más fuerte, alrededor de la figura de Manuel Adorni. No es un solo tema: son varios frentes que, juntos, empiezan a dibujar un problema político serio para el Gobierno. Tres, puntualmente, lo ponen hoy en el centro de la escena.
El primero fue el viaje a Nueva York en el avión presidencial, con su esposa como acompañante. Dentro de todo, es el menor de los problemas, pero igual instala una pregunta sobre el uso de recursos públicos y los límites de lo personal y lo institucional.
Después aparece el viaje a Uruguay, que ya es otra cosa. Un vuelo privado, con su familia, que según estimaciones ronda los 4.800 dólares por persona, por tramo. Hablamos de cuatro pasajes. Y acá la discusión no es si está bien o mal irse de vacaciones, ni siquiera si alguien decide viajar en privado. ¿Con qué plata se pagó? Esa es la pregunta.
Porque ahí es donde todo se vuelve confuso. Primero se dijo que lo había pagado él. Después, que lo había pagado un amigo. Más tarde apareció una factura de una productora vinculada a ese amigo, que además tiene contratos con la TV Pública, que depende del propio Adorni. ¿Hay o no hay una dádiva? ¿Hay o no hay un conflicto de intereses?
No es un detalle menor. Porque si vos desde el Estado contratás a una empresa, y esa empresa termina pagándote un beneficio personal, el problema ya no es de imagen: es de legalidad. Y eso habrá que investigarlo.
Y si eso fuera poco, aparece un tercer punto: la vivienda en un country que no figura en su declaración jurada. Se dice que está a nombre de su esposa. Bien, habrá que ver si está correctamente declarada en su patrimonio. Pero otra vez, lo mismo: no es el valor de la propiedad, no es si es caro o barato. Es la transparencia.
Son tres temas distintos, pero con un hilo común: opacidad. Falta de claridad. Versiones que cambian. Y eso, en política, es veneno.
Ahora bien, el problema no es solo legal o ético. Es político. Porque Adorni no es un funcionario más: es el jefe de Gabinete. O debería serlo en términos reales. Y hoy aparece más ocupado en explicar —o no poder explicar— estas situaciones que en ejercer ese rol clave dentro del Gobierno.
Ahí es donde aparece la otra dimensión del asunto: la interna. Porque desde distintos sectores del oficialismo se desliza que muchas de estas filtraciones vienen de adentro. Se menciona incluso a áreas sensibles del Estado, como la SIDE. Y si eso fuera cierto, el problema es todavía más grave. No por la pelea interna en sí, sino por el uso de herramientas del Estado para dirimirla.
La inteligencia no está para eso. No está para armar carpetas, ni para operaciones, ni para disputas palaciegas. Y que desde el propio oficialismo se sugiera algo así es, como mínimo, inquietante.
En ese contexto, Adorni empieza a transformarse en un costo. Económico, si se quiere. Pero sobre todo político. Un lastre que el Gobierno tiene que cargar en un momento donde necesita orden, gestión y claridad.
Porque una cosa es ser vocero, moverse en la lógica de la discusión diaria, de la frase, del cruce. Y otra muy distinta es gestionar. Ser jefe de Gabinete implica coordinar, ordenar, ejecutar. Y hoy esa función aparece desdibujada.
Por eso la sensación que empieza a instalarse: cada vez más costoso para el Gobierno y, al mismo tiempo, cada vez más de adorno en un rol que debería ser central.
Tal vez todo esto se aclare. Tal vez haya explicaciones sólidas que ordenen el panorama. Pero si eso no ocurre, sostenerlo va a ser cada vez más difícil. Porque en política, cuando las dudas se acumulan y las respuestas no llegan, el costo siempre termina creciendo. Y alguien, tarde o temprano, lo paga.





