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El día que la era nuclear se anunció en Córdoba y nadie se enteró

En agosto de 1934, Enrico Fermi dio en Buenos Aires y en Córdoba las únicas conferencias registradas en las que presentó públicamente la teoría que cambiaría el mundo.

10/04/2026 | 15:58Redacción Cadena 3

Perspectiva Córdoba

Fermi

FOTO: Fermi

Enrico Fermi, en la Universidad Nacional de Córdoba

FOTO: Enrico Fermi, en la Universidad Nacional de Córdoba

En diciembre de 1938, cuando Enrico Fermi viajó a Estocolmo a recibir el Premio Nobel de Física, el mundo de la ciencia tenía claro que los trabajos que lo habían hecho merecedor del galardón —la teoría del decaimiento beta y los experimentos de radiactividad artificial con neutrones— eran de los más importantes del siglo. Lo que nadie sabía era dónde se habían presentado en público por primera vez. No en Roma, no en París, no en Cambridge. En Buenos Aires y en Córdoba, en agosto de 1934, ante auditorios que en buena parte no entendían el italiano en que Fermi hablaba y fueron de todos modos.

El mundo lo recuperó recién en 2020, cuando dos investigadores —Alessandro De Angelis y José M. Kenny— hallaron en las publicaciones de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA las transcripciones en español de las cinco conferencias que Fermi había dado en Argentina, las tradujeron al inglés por primera vez y publicaron su hallazgo. Las páginas existían y estaban catalogadas en la bibliografía de las Obras Completas de Fermi, pero nadie las había traducido ni estudiado en profundidad. Constituyen el primer registro escrito de la presentación pública de la teoría del decaimiento beta y de los trabajos de radiactividad artificial del grupo Via Panisperna —el único con registro escrito, dado que una conferencia anterior de Fermi sobre el mismo tema, dada en Roma en mayo de 1934, no fue transcripta.

El año del barco

Era el año más extraordinario de su vida científica y Fermi lo sabía. Enrico Fermi (Roma, 29 de septiembre de 1901 - Chicago, 28 de noviembre de 1954) acababa de formular la teoría del decaimiento beta, había acuñado el término "neutrino" para la partícula postulada por Pauli y dirigía en Roma un grupo de investigadores —los famosos 'ragazzi' de la Via Panisperna— que bombardeaban elementos con neutrones para producir radiactividad artificial. El mundo de la física nunca volvería a ser el mismo. Y sin embargo, cuando lo invitaron a dar conferencias en Argentina, Brasil y Uruguay, no lo dudó. Se subió al barco.

El 30 de julio de 1934 el transatlántico Neptunia, de la compañía Cosulich, atracó en Buenos Aires. El diario 'Crítica' lo anunció ese mismo día en su portada. A sus 32 años, Fermi ya era conocido en los círculos científicos internacionales como "el papa de la Física", apodo ganado en los pasillos de la Universidad de Roma La Sapienza por su capacidad casi sobrenatural de predecir los resultados de los experimentos antes de realizarlos.

Su esposa Laura lo recordaría así en sus memorias 'Atoms in the Family: My Life with Enrico Fermi': vivieron durante más de tres semanas la vida de la élite. Hotel moderno y elegante, paseos en lancha por el Río de la Plata y el Paraná, cenas en casas suntuosas donde la hospitalidad española —tan dura para el sistema digestivo de los invitados, escribió— hacía que siempre hubiera alguien encargado de mantener el plato lleno. El Instituto Argentino de Cultura Itálica, patrocinador de la visita, los había introducido en las esferas más altas del Buenos Aires de la época.

A partir del 2 de agosto, Fermi ofreció cinco conferencias en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Los auditorios estaban desbordados desde el primer día hasta el último, y eso que el científico expuso en italiano. No importó. Una parte significativa de la población porteña era de origen italiano, y los que no entendían la lengua fueron de todos modos. La universidad registró y transcribió las cinco conferencias en español. Allí estaba, sin que nadie lo estudiara durante ocho décadas, el primer registro escrito de la presentación pública de la teoría del decaimiento beta y de los trabajos de radiactividad artificial del grupo Via Panisperna.

Córdoba, 11 de agosto

A mitad de aquella gira, Fermi viajó al centro del país. El sábado 11 de agosto de 1934 se presentó ante el auditorio del Salón de Grados de la Universidad Nacional de Córdoba. La sala estaba llena. Laura Fermi recordó que en aquella pequeña Córdoba, la ciudad de las "muchas iglesias al pie de las sierras", el único italiano que encontraron era "un profesor de esgrima".

Quien lo presentó fue el ingeniero Amaya, docente de la Facultad de Ingeniería, que según la crónica de 'La Voz del Interior' del día siguiente hizo "un caluroso elogio de la vigorosa personalidad científica del eminente hombre de ciencias italiano".

Lo que Fermi expuso esa mañana era el corazón de su trabajo más audaz: la idea de que si en lugar de partículas alfa, con carga eléctrica positiva y repelidas por los núcleos pesados, se usaban neutrones —eléctricamente neutros—, el proyectil podía penetrar cualquier núcleo sin resistencia. Fermi y su equipo habían bombardeado con neutrones cerca de sesenta elementos y habían comprobado que alrededor de cuarenta producían efectos radiactivos artificiales. Nadie había llegado tan lejos.

Ante físicos, ingenieros y estudiantes cordobeses, Fermi explicó el mecanismo paso a paso: el contador Geiger-Müller, la separación química del elemento producido por la irradiación, los distintos períodos de desintegración según el material bombardeado. Y llegó al punto más espinoso: el uranio. Al bombardear el elemento más pesado conocido, el contador había revelado cuatro fenómenos radiactivos nuevos. Los períodos eran de 4 segundos, 10 segundos, 13 minutos y 100 minutos. El análisis químico sugería que podría haberse producido un elemento que no existía en la naturaleza, con número atómico mayor que 92. Fermi fue cauteloso: dijo que era necesario descartar que se tratara de un isótopo de alguno de los 91 elementos anteriores al uranio. "Los experimentos en curso nos darán la palabra final", concluyó.

No se equivocaba al ser cauto. Años después quedaría claro que lo que había observado sin saberlo eran reacciones de fisión nuclear. El neptunio —elemento 93— sería sintetizado en 1940 por Edwin McMillan en Berkeley, quien recibiría por ello el Premio Nobel. Pero el conjunto de trabajos que Fermi expuso ese sábado en Córdoba formaba parte de los que en 1938 le valdrían el Nobel de Física, reconocido por "haber demostrado la existencia de nuevos elementos radiactivos producidos por procesos de irradiación con neutrones".

La conferencia fue transcripta en español por el doctor A. Broglia y el ingeniero C. Vercellio y publicada en la 'Revista de la Universidad Nacional de Córdoba'. Es, junto con la de La Plata, una de las pocas presentaciones de ese viaje que quedaron registradas fuera de Buenos Aires.

El almuerzo

Terminada la conferencia, el rector Sofanor Novillo Corvalán hizo servir un almuerzo en honor de Fermi en el Hotel Bristol. Doctor en Derecho por la UNC, profesor de Filosofía e Historia en el Colegio Monserrat, exdirector del diario 'El Comercio' y primer presidente del Círculo de Prensa de Córdoba, Novillo Corvalán estaba en el primero de sus dos períodos consecutivos al frente del rectorado —ejercería el cargo hasta 1940— y era ya una figura central de la vida institucional de la ciudad. La mesa que organizó reunió a buena parte de la Córdoba académica e institucional de la época: el vicerrector Tezanos Pinto, el decano de Ingeniería Gavier, el decano de Medicina Brandán, el cónsul de Italia y su señora, entre otros.

Pero sin dudas, dos figuras de la mesa merecen subrayarse. Una era Pablo Luis Mirizzi, anfitrión institucional de los Fermi en la ciudad y presidente de la sección local del Instituto Argentino de Cultura Itálica. Cirujano de la Universidad Nacional de Córdoba, el Dr. Mirizzi había presentado tres años antes su creación más importante: la colangiografía intraoperatoria, un procedimiento para explorar las vías biliares durante la cirugía que sería adoptado universalmente y que Ricardo Finochietto propuso rebautizar "mirizzigrafía". En 1957, la Société Internationale de Chirurgie lo elegiría por aclamación presidente de su congreso en Múnich: el primer latinoamericano en ocupar ese cargo.

El otro comensal era nada menos que monseñor Pablo Cabrera. El sacerdote, etnólogo, lingüista y doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Córdoba, tenía 76 años y contaba en el lomo con cincuenta años dedicado a desentrañar el pasado de la ciudad: había recorrido a pie y a caballo los valles de Punilla y Cruz del Eje buscando restos indígenas, rescató documentos del Archivo de Tribunales, dirigió el Museo Provincial y fue miembro de la Sociedad de Americanistas de París. Era, en ese almuerzo, el hombre que más sabía sobre el origen de Córdoba. Novillo Corvalán, según la crónica, propuso un brindis por Fermi, por el Instituto y por la ciencia italiana. Fermi respondió haciendo votos por el progreso de la Universidad de Córdoba. Monseñor Cabrera cerró con el deseo de que fueran cada vez más estrechas las relaciones entre Italia y Argentina.

Afuera esperaban las sierras: según el periodista que cubrió la velada, Fermi pensaba quedarse un par de días en la ciudad porque quería conocerlas.

La huida y el Nobel

Fermi dejó Argentina el 18 de agosto rumbo a Brasil, donde continuó su gira académica. En el barco de regreso a Europa coincidió con el compositor Ottorino Respighi. Según su esposa Laura, los dos hombres conversaron durante casi todo el trayecto: Fermi intentando extraer información sobre una posible teoría matemática de la música, Respighi sonriendo con condescendencia.

De vuelta en Roma, los experimentos con neutrones lentos que había anunciado en Buenos Aires y Córdoba avanzaron hasta producir resultados definitivos. En diciembre de 1938, Fermi viajó a Estocolmo a recibir el Nobel. No regresó a Italia. El régimen fascista de Mussolini acababa de promulgar las leyes raciales, que amenazaban directamente a Laura, de origen judío, y habían dejado sin trabajo a varios colaboradores del equipo. Desde Estocolmo, los Fermi pusieron rumbo a Nueva York.

En 1942, en una cancha de squash bajo las tribunas del estadio Stagg de la Universidad de Chicago, Fermi construyó el primer reactor nuclear de la historia, el Chicago Pile-1, y logró la primera reacción nuclear en cadena controlada por el hombre. Fue el comienzo de la era nuclear, la misma que había comenzado a anunciarse, con cautela científica y en italiano, ante un auditorio en Córdoba.

Murió el 28 de noviembre de 1954, a los 53 años, de cáncer de estómago, en Chicago. Tenía la ciudadanía estadounidense desde 1944. El elemento 100 de la tabla periódica, el fermio, lleva su nombre. Y en Córdoba, la ciudad donde aquel sábado de agosto de 1934 anticipó el mundo que vendría, una calle de barrio Ituzaingó Anexo también lo recuerda.

Por Marcos Calligaris

Fuentes: Alessandro De Angelis y José M. Kenny, "Enrico Fermi in Argentina and his Lectures in Buenos Aires, Córdoba and La Plata", Quaderni di Storia della Fisica N. 24 (2020); Laura Fermi, Atoms in the Family: My Life with Enrico Fermi, University of Chicago Press, 1958; Emilio Segrè, Enrico Fermi, Physicist, University of Chicago Press, 1970; David N. Schwartz, The Last Man Who Knew Everything, Hachette UK, 2017; Enrico Fermi, "Experimentos de radiactividad artificial", Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, 1934; La Voz del Interior, 11 y 12 de agosto de 1934.

Lectura rápida

¿Qué hizo Enrico Fermi en 1934 en Argentina? Fermi ofreció cinco conferencias sobre la teoría del decaimiento beta y la radiactividad artificial en Buenos Aires y Córdoba.

¿Quiénes recuperaron sus conferencias en 2020? Los investigadores Alessandro De Angelis y José M. Kenny hallaron las transcripciones en español de las conferencias de Fermi.

¿Cuándo y dónde Fermi recibió el Premio Nobel? Fermi recibió el Premio Nobel de Física en diciembre de 1938 en Estocolmo.

¿Cómo impactó Fermi la física moderna? Fermi formuló la teoría del decaimiento beta y realizó experimentos que llevaron al descubrimiento de nuevos elementos radiactivos.

¿Por qué Fermi dejó Italia? Fermi dejó Italia debido a las leyes raciales promulgadas por el régimen fascista de Mussolini, que amenazaban a su esposa Laura.

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