A propósito de "Magnifica Humanitas"
Lo que les estaba prohibido a las prestadoras de las telecomunicaciones, fue realizado por sus grandes usuarios, poderosos prestadores de servicios en la red.
La encíclica "Magnifica Humanitas" del papa León XIV llegó a confirmar lo que venimos sosteniendo: la inteligencia artificial no es un fenómeno neutral ni inevitable, sino el resultado directo de una apropiación indebida de datos personales por parte de las grandes corporaciones tecnológicas. Las big tech construyeron su poder violando las mismas normas de privacidad y confidencialidad que las telecomunicaciones están obligadas a respetar. Lo que a unos les está prohibido, otros lo hicieron impunemente durante décadas. Nos sumamos a su llamado: urge corregirlo.
El pasado 25 de mayo el papa León XIV hizo pública su carta encíclica "Magnifica Humanitas". En un didáctico hilván de 224 citas de documentos alusivos a la doctrina social de la Iglesia Católica y otros textos, el pontífice logra expresar claramente el orden universal que la misma pretende y persigue. Es un orden que tiene a la persona humana como centro y valor principal, y que se ordena con los principios de la dignidad, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.
Cada uno de tales principios es desarrollado y fundamentado en el texto papal con adecuado detalle. En la pretensión de sintetizar, con el riesgo que ello implica, podemos decir que el orden universal pretendido y perseguido se expresa en la existencia de personas plenas, libres y satisfechas en todas sus necesidades, cualquiera sea su condición u origen y residencia, insertas en comunidades y asociaciones integradas en Estados que velan por el bien común y que conforman espacios de multilateralidad en pro de asegurar la paz y la justicia en toda la faz de la tierra. En relación a la ONU reconoce su actual debilidad, lo que revela la necesidad de reformas profundas que eliminen las dificultades de orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común (parr. 226).
Todo debe ordenarse conforme a las demandas que requiere la vida plena de las personas del presente y de las que nos sucederán en el tiempo. Para ese fin deben existir los Estados democráticos nacionales, y para el mismo fin es válida y necesaria la asociación de estos en organismos multilaterales regionales y universales. Bien pondera las pautas de orden y convivencia entre naciones surgido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial y da un especial valor a la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, invocando su inviolabilidad.
Con la mirada puesta en el objetivo fijado, baja a la realidad de nuestros días y señala los obstáculos y riesgos que acechan a la humanidad y que le impiden caminar a la plenitud pretendida. Entre tales obstáculos y riesgos destaca a la IA, y al poder fáctico supranacional que la sostiene. Asimila a la IA con la figura bíblica de la torre de Babel, y pide a todos que "detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar" (párr. 16). Convoca a "desarmar" la IA, explicando que "Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar" (párr. 110).
Advierte que la IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exige un enfoque prudente y cauteloso. Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia, y hasta puede perderse el deseo mismo de buscar al otro (párr. 100). Señala que las innovaciones tecnológicas no son neutrales, entre ellas la IA. Pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión. (párr. 85). Se corre el riesgo de que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, haga parecer justa y normal una visión anti humana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo (párr. 112). Pedir prudencia, controles rigurosos y hasta una ralentización de la IA, no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana (párr. 106).
Frente a la complejidad del orden social en que vivimos anima a que "Todos podemos dar nuestro aporte" (párr. 212), utilizando para ello una cita del escritor John Ronald Reuel Tolkien, que dice: "No nos atañe a nosotros dominar todas las tareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza" (párr. 213).
Haciéndonos eco de tal arenga, en la pretensión de aportar al orden universal ya descrito, nos animamos a expresar las ideas que desgranamos a continuación.
Cómo se armó la enésima torre de Babel
En el inicio de la segunda mitad del siglo pasado se logró conformar una red universal de telecomunicaciones. Un conjunto de sistemas y dispositivos permitieron que las personas pudiesen comunicarse con instantaneidad (voz, texto e imágenes), superando las demoras y dificultades de la correspondencia postal. Se conformó un organismo internacional (UIT) que fijó pautas para el tráfico de comunicaciones, a las que adhirieron los países conformantes mediante la sanción de leyes. Se integró una estructura que mediante el uso de diversos medios (cables, ondas del espectro radioeléctrico, satélites) extendió su capilaridad a todos los países del planeta. El respeto a la privacidad, a la confidencialidad y a la propiedad de los contenidos implicados en las comunicaciones era y es (continúa en vigencia) un valor destacado en estas normas.
En la segunda mitad del siglo XX aparece la tecnología digital, permitiendo que toda expresión humana oral o visual pueda ser expresada a través de un código binario, basado en las infinitas combinaciones de dos signos (bit), ordenados en grupos de ocho (byte). Toda la realidad oral o visual se transforma en "dato". Hacia fines del siglo precedente, por natural necesidad de quienes trabajaban en los sistemas informáticos, surge la adopción de un protocolo de codificación digital universal al que se adaptan todos los dispositivos y sistemas empleados para procesar, almacenar y transferir datos: el llamado protocolo IP (Protocolo de Internet, por su sigla en inglés).
Nace así nuestra conocida "red internet", transmitiendo datos sobre la red de telecomunicaciones preexistente. Surgen las páginas web que facilitan la exposición de las más diversas expresiones audiovisuales. A partir de ello se produce una verdadera explosión de las comunicaciones y aparecen nuevas necesidades y nuevos servicios, entre estos: los motores de búsqueda, los sistemas de mensajería, las redes de exposición, el comercio electrónico, el 'streaming', la geolocalización, las denominadas "app" para los más diversos usos, los archivos "en la nube".
Hay varios aspectos que merecen destacarse en la gestación de los nuevos servicios que se ofrecen para el uso de la red internet: son ofrecidos a título gratuito y de parte de prestadores muy bien fondeados financieramente en los mercados de capitales, que actúan transnacionalmente con la opacidad que confieren secretos algoritmos, fuera del control de toda jurisdicción, violando derechos humanos esenciales como la libertad de expresión, el libre acceso a la información, la propiedad y la privacidad, desbaratando el valor del consentimiento. La calidad y la gratuidad de los servicios actuó como atracción encantadora.
Invocando la libertad de expresión, atentaron contra ella. Muy pocos repararon en que los prestadores de estos servicios estaban usando la red de telecomunicaciones violando las obligaciones de confidencialidad y privacidad exigida a sus prestadores, apropiándose de todos los datos traficados a través de esta. Lo que les estaba prohibido a las prestadoras de las telecomunicaciones, fue realizado por sus grandes usuarios, poderosos prestadores de servicios en la red.
De no haber mediado la apropiación indebida de los datos por parte de los grandes prestadores de servicios en la red internet (las llamadas "big tech"), no se podrían haber conformado los conglomerados de "big data" que sirvieron y sirven para "entrenar" a los sistemas de IA.
Concluimos que la IA es el resultado de una incorrecta utilización de la red de telecomunicaciones, devenida en soporte de la red internet.
Urge corregir esta realidad y restablecer el respeto a la plena vigencia de los derechos humanos.
Aportes para detener la construcción de la torre de Babel
Todos quienes prestan servicios en la red deberían estar identificados, con personería y domicilio en la jurisdicción en la que actúan, y por ende, sometidos a las normas jurisdiccionales que dicte cada Estado nacional al respecto. No puede haber prestadores que actúan tras fronteras ni actores anónimos operando en la red, y todos deben asumir las responsabilidades civiles, comerciales, penales, laborales y fiscales derivadas de sus actuaciones y dispuestas por las leyes del país en el que actúan.
Cada Estado nacional debe establecer las normas bajo las cuales pueden operar en su territorio los prestadores de servicios en la red y ejercer la soberanía en la misma aplicando el concepto de "frontera digital". De ninguna manera estas normas pueden devenir en la creación de Estados controladores de la vida de las personas. No se trata de mudar el poder que otorga la concentración de información desde la órbita privada y supranacional a la órbita pública de los poderes estatales. Debe asegurarse que los códigos éticos que fundamentan el ordenamiento de la actividad en el ámbito de la red sean sometidos a criterios de justicia social compartida (párr. 107).
No pueden existir algoritmos que no puedan ser auditados por las autoridades responsables en cada país. Los algoritmos secretos han provocado el cercenamiento de la libertad de expresión y el libre acceso a la información al manipular y direccionar requerimientos de información a través de los llamados motores de búsqueda.
Debe imponerse el principio de "neutralidad de operadores en la red". Este principio consiste en que cada prestador de servicio solamente puede usar los datos confiados por sus usuarios al exclusivo fin de suministrar los servicios convenidos. No puede utilizar los datos para otro fin ni facilitarlos a tercero alguno.
Debe recuperarse operativamente el valor del consentimiento, herramienta vital de las personas para salvaguardar su libertad, sus propiedades y su privacidad. Deben por ende prohibirse los métodos tramposos de los "clics de aceptación de condiciones" que habitualmente encubren la ignorada cesión de datos personales para su utilización con fines ignorados.
Nadie puede violentar la propiedad intelectual utilizando sin autorización contenidos expuestos en la red. No hay razón que justifique que las normas de "copyright" no rijan en el ámbito de internet.
Deben fomentarse los acuerdos multilaterales en pro de facilitar el controlado tráfico de datos entre los distintos países.
En el intento de seguir los lineamientos expuestos, puede que logremos frenar la construcción de la enésima Babel. Para ello es imprescindible que a nivel universal la política pase de la "cultura del poder" a la "cultura de la negociación" (párr. 221), lo que significa dialogar animados por la procuración del bien común de la humanidad, en ámbitos donde la corrupción no tenga lugar.
Lectura rápida
¿Qué documento fue publicado por el papa León XIV?
La encíclica "Magnifica Humanitas" fue publicada por el papa León XIV el 25 de mayo.
¿Cuál es el tema central de la encíclica?
El tema central es la crítica a la inteligencia artificial como un resultado de la apropiación indebida de datos por parte de las big tech.
¿Qué principios se destacan en la encíclica?
Se destacan principios como la dignidad, el bien común, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.
¿Cuál es la relación entre la ONU y la encíclica?
La encíclica reconoce la debilidad actual de la ONU y la necesidad de reformas profundas para orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común.
¿Qué se propone para frenar la construcción de la torre de Babel?
Se propone la identificación de prestadores de servicios en la red, establecer normas jurisdiccionales y garantizar la neutralidad de operadores en la red para proteger los derechos humanos.





