La rara obsesión de Milei por Keynes
04/05/2026 | 07:18Redacción Cadena 3 Rosario
Leí con atención la columna que publicó el presidente Javier Milei en el diario Clarín, donde lanza una crítica muy dura contra John Maynard Keynes, a quien incluso califica como “sicario de la política”. Más allá del tono, que ya de por sí es llamativo, me interesa detenerme en el contenido y en lo que revela sobre la mirada del presidente.
No es la primera vez que el mandatario expone estas ideas. Ya lo había hecho en una presentación reciente en el actual Palacio de la Libertad, antes conocido como Centro Cultural Kirchner. Hay, claramente, una intención de instalar una discusión sobre la historia del pensamiento económico, lo cual no es habitual en un presidente en ejercicio.
Y esto abre una primera reflexión: resulta, cuanto menos, inusual que un jefe de Estado dedique tiempo a escribir columnas de este tipo. No digo que esté mal pensar —al contrario—, pero gobernar la Argentina hoy exige una dedicación prácticamente total. No sobran los problemas como para que el foco esté puesto en debates académicos.
Ahora bien, entrando en el fondo de la cuestión, la crítica a Keynes parte de una simplificación que me parece problemática. En términos generales, el pensamiento económico se divide —de manera esquemática— entre enfoques más ortodoxos, que priorizan la disciplina fiscal y monetaria, y enfoques heterodoxos, que asignan un rol más activo al Estado.
Sin embargo, en la práctica, todos los países combinan herramientas de ambos enfoques. Incluso este gobierno lo hace: mantiene regulaciones, interviene en ciertos precios y conserva instrumentos heredados como el cepo cambiario. No hay pureza doctrinaria en la gestión real.
Keynes, en este sentido, fue una figura central del siglo XX. Participó en debates cruciales tras la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, en la búsqueda de soluciones frente a la crisis de 1929. Su aporte principal fue señalar que, en contextos de colapso económico y alto desempleo, el Estado debía intervenir para reactivar la demanda.
Esa idea —que en su momento fue disruptiva— terminó siendo adoptada, con matices, por prácticamente todas las economías desarrolladas. No solo en Occidente, sino también en países con modelos distintos, como China. Incluso organismos internacionales siguen incorporando elementos de ese enfoque.
Por eso, atribuirle a Keynes los problemas económicos de países que aplicaron mal —o abusaron— de ciertas políticas es, como mínimo, una lectura sesgada. Néstor Kirchner, por ejemplo, utilizó estímulos fiscales en un contexto de crecimiento, algo que el propio Keynes nunca habría recomendado.
Hay una diferencia fundamental entre una teoría y su implementación. Las ideas pueden ser valiosas en determinados contextos y contraproducentes en otros. Responsabilizar al autor por el mal uso posterior de sus conceptos es un error conceptual bastante evidente.
Además, este tipo de intervenciones del presidente tienen un costo en términos de reputación. En el mundo académico, estas afirmaciones no pasan inadvertidas. Cualquier historiador del pensamiento económico señalaría rápidamente las inconsistencias y la falta de contexto en esa crítica.
Pero más allá del debate intelectual, lo que me preocupa es el uso del tiempo y de las prioridades. La Argentina enfrenta desafíos urgentes en materia económica y social. Delegar la gestión en funcionarios que no siempre muestran solvencia mientras se dedica tiempo a estas discusiones genera, al menos, interrogantes.
Finalmente, creo que este episodio refleja algo más profundo: el clima de época. Vivimos en un tiempo donde la polarización también alcanza al mundo de las ideas. Se simplifican debates complejos, se reducen trayectorias intelectuales a etiquetas, y se pierde matiz.
Keynes, como cualquier gran pensador, pudo haberse equivocado en algunos aspectos. Pero su contribución es innegable. Descalificarlo de esa manera no solo empobrece el debate, sino que también dice mucho sobre una forma de ver el mundo: rígida, extrema y poco abierta a la complejidad.
Esa, en definitiva, es la reflexión que dejo. No se trata de defender a un economista, sino de advertir sobre los riesgos de interpretar la realidad —y la historia— desde una lógica tan cerrada. Porque cuando eso ocurre, lo que se pierde no es solo precisión intelectual, sino también capacidad de gobernar con criterio.
Lectura rápida
¿Qué critica Javier Milei en su columna? Critica a John Maynard Keynes, calificándolo de “sicario de la política” y cuestionando su enfoque sobre la intervención del Estado en la economía.
¿Quién es el autor de la columna? El autor es el presidente Javier Milei.
¿Cuándo y dónde se presentó esta crítica? Se presentó en una columna en el diario Clarín y en una presentación en el actual Palacio de la Libertad.
¿Cómo se percibe la dedicación del presidente a estos debates? Se considera inusual que un jefe de Estado dedique tiempo a debates académicos en lugar de enfocarse en los problemas urgentes de la Argentina.
¿Por qué es problemática la crítica a Keynes? Porque simplifica el pensamiento económico y no considera el contexto en el que se aplican las teorías económicas.





