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El presidente argentino que desafió a la aristocracia por amor

Marcelo T. de Alvear recorrió Europa detrás de una soprano y protagonizó una de las historias más románticas —y polémicas— de la política argentina.

26/02/2026 | 12:25Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Regina Pacini y Marcelo Torcuato de Alvear.

FOTO: Regina Pacini y Marcelo Torcuato de Alvear.

Por Lucas Botta

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Hay historias políticas que se explican con discursos, pactos y elecciones. Y hay otras que se entienden mejor escuchando una voz.

La de Marcelo Torcuato de Alvear no empieza en la Casa Rosada. Empieza en un teatro en 1898, cuando vio cantar por primera vez a Regina Pacini, una soprano portuguesa que ya era una estrella internacional de la ópera.

Alvear no era un hombre común. Venía de una de las familias más ricas y poderosas del país. Elegante, cosmopolita, heredero de una fortuna enorme. Podía tenerlo todo. Y, sin embargo, quiso una sola cosa: a ella.

Lo que vino después parece exagerado, pero no lo es. La siguió por Europa: París, Roma, Madrid. Función tras función. Y cuando no conseguía entradas, alquilaba el teatro entero para escucharla cantar. Cerraba salas completas solo para él.

Durante años fue rechazado. Para la aristocracia porteña, que un Alvear se enamorara de una artista no era precisamente un plan familiar. Para ella, un aristócrata argentino persistente tampoco era garantía de nada. Pero él insistió con cartas, con viajes, con paciencia.

Finalmente se casaron en 1907, en Lisboa. Y el escándalo fue proporcional al apellido.

Años después, cuando Alvear fue elegido presidente en 1922, aquella historia romántica se transformó en otra cosa. Ella dejó los escenarios y él asumió el poder. Pero lejos de apagarse, la figura de Regina encontró otro camino: la cultura, la filantropía, la ayuda a artistas olvidados.

Siempre me impacta esta historia porque rompe una idea muy instalada: la de que el poder es frío, calculador, distante. Acá pasó algo distinto. Un hombre que podía moverse con soltura en los salones más exclusivos terminó rindiéndose ante el arte. Y esa decisión, profundamente personal, también tuvo consecuencias públicas.

No fue solo un romance. Fue un cruce entre política, clase social y vocación artística en una Argentina que todavía estaba definiendo su identidad.

A veces la historia no se escribe en los despachos. A veces empieza en un escenario, cuando alguien escucha una voz… y decide seguirla hasta el final.

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