Qué espera el Gobierno en materia de inflación y consumo
Con expectativas de desaceleración de precios, el oficialismo confía en que la mejora llegue antes de que se agote la paciencia social.
21/04/2026 | 13:24Redacción Cadena 3
El Gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de tensión política y económica, pero sostiene una convicción central: la inflación comenzará a ceder en el corto plazo y eso permitirá recomponer el clima social. La apuesta no es menor. En la visión oficial, de ese descenso depende buena parte de la estabilidad del programa económico.
Las proyecciones internas ubican la inflación de abril en torno al 2,4%, una baja de al menos un punto porcentual respecto del 3,4% registrado en marzo. La estimación coincide con algunos relevamientos privados y alimenta el optimismo del equipo económico, que ve en la desaceleración de precios la señal necesaria para consolidar expectativas.
El respaldo a esa mirada no se limita a los indicadores de inflación. En el Gobierno destacan el récord de exportaciones como un dato positivo, en contraste con las advertencias opositoras sobre una supuesta "avalancha" de importaciones que, según aseguran, no se refleja en las estadísticas. En ese equilibrio externo encuentran otro argumento para sostener la viabilidad del esquema económico actual.
Sin embargo, puertas adentro reconocen una debilidad clave: el deterioro de los ingresos. La pérdida de poder adquisitivo sigue siendo una preocupación concreta, aunque en la Casa Rosada confían en que comenzará a revertirse en el próximo trimestre, a medida que impacten los acuerdos salariales y la inflación continúe descendiendo.
En ese contexto aparece un plazo implícito, repetido en conversaciones informales entre funcionarios y analistas: "después del Mundial". La referencia, más simbólica que técnica, marca un límite de tolerancia social. La hipótesis es clara: si para entonces no hay señales visibles de recuperación en los ingresos, el respaldo al programa económico podría empezar a erosionarse.
El escenario se complejiza por el frente político. El oficialismo admite que enfrenta un momento adverso, atravesado por cuestionamientos y denuncias de corrupción que no logró encauzar con eficacia. La próxima interpelación en el Congreso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, prevista para el 29 de abril, aparece como un punto de inflexión. En el Gobierno anticipan que habrá una defensa estructurada, pero también dejan entrever que el margen de error es limitado.
Aun así, descartan cambios en el gabinete. "Somos pocos y no podemos prescindir del jefe de Gabinete", sintetizó un funcionario, en una definición que revela tanto la fragilidad del equipo como la decisión de sostenerlo. La continuidad de Adorni, pese a las críticas internas, es leída como una señal de cohesión, pero también de necesidad.
En este tablero, la economía vuelve a ocupar el centro de gravedad. El Gobierno apuesta a que la desaceleración inflacionaria funcione como un amortiguador político y social, capaz de ordenar expectativas y descomprimir tensiones. La incógnita es si ese alivio llegará a tiempo.
La clave no estará solo en los indicadores, sino en la percepción. Y allí, la distancia entre los promedios macroeconómicos y la experiencia cotidiana de los ingresos puede definir el rumbo. El oficialismo confía en que "después de la tormenta" llegará la calma. El desafío es que esa calma no llegue demasiado tarde.





