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Entrevista a fondo

OSVALDO ROSALES

"Los acuerdos de libre comercio son una oportunidad"

El negociador chileno de los tratados con la UE, Estados Unidos y China recomendó “políticas de apoyo a la diversificación productiva, a la innovación y al fortalecimiento de las pymes”.

 
 
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El economista chileno Osvaldo Rosales le dijo a Cadena3 que “en la medida en que se vayan acompañando de políticas de apoyo a la diversificación productiva, a la innovación y al fortalecimiento de las pymes, los acuerdos de libre comercio generan un efecto bienestar positivo para la mayoría”.

Responsable de la negociación de los tratados de libre comercio de Chile con la Unión Europea, Estados Unidos y China, dijo que su país tuvo logros muy relevantes por la apertura comercial. “Gracias a esos acuerdos Chile es hoy el primer proveedor de varios productos en China, en Corea, en Japón, en Europa y en Estados Unidos”, ejemplificó.

–¿Los tratados de libre comercio con potencias económicas mayores son una oportunidad o una amenaza para países como el nuestro? En esos términos está planteado el debate en la Argentina.

–Sí. Son una oportunidad diría en un doble sentido. En primer lugar, considerando un escenario internacional donde el multilateralismo y las reglas en materia de comercio internacional se están viendo vulneradas, donde hay incluso amenazas de proteccionismo latentes y algunas bien activas. Y en segundo lugar, la posibilidad que tienen los productores argentinos junto con otros del Mercosur de acceder a un mercado de la vastedad y la relevancia del europeo. Desde ese punto de vista, claramente hay oportunidades.

Ahora, un acuerdo de libre comercio significa que en este caso los productos europeos van a llegar en algún momento, dependiendo de su desgravación, con arancel cero al mercado argentino. Y eso tiene una lectura bien dual.

Es una gran noticia para los consumidores porque van a conseguir productos europeos a menor precio que el actual y por lo tanto eso es equivalente a un aumento en su ingreso real.

Pero por otra parte, los sectores de la industria argentina menos competitivos, vis a vis los europeos, van a enfrentar presiones para modernizarse, presiones para avanzar en  innovaciones competitivas.

Sumando y restando, yo creo que en el balance final los acuerdos de libre comercio son una oportunidad particularmente, y esto quiero subrayarlo, en la medida en que se vayan acompañando de políticas de apoyo a la diversificación productiva, a la innovación y al fortalecimiento de las pymes. Si tengo esas dos patas, no tengo ninguna duda de que un acuerdo genera un efecto bienestar positivo para la mayoría.

–¿Las prevenciones de sectores progresistas, por lo menos en la Argentina, contra la apertura económica, son fundadas o constituyen solo un prejuicio ideológico?

–Quisiera destacar que yo me siento parte del mundo progresista…

–Lo sabemos, por eso nos interesa mucho su reflexión.

– (Risas) De hecho yo fui el coordinador del programa económico de la candidatura presidencial de centroizquierda que perdió frente a Sebastián Piñera. Y soy un convencido de que la lógica de apertura comercial, multilateral, a través de acuerdos bilaterales, con Europa, con Estados Unidos, con China, han sido de particular relevancia para la economía chilena.

Gracias a esos acuerdos Chile es hoy el primer proveedor de varios productos en China, en Corea, en Japón, en Europa y en Estados Unidos. Y eso habría sido imposible de conseguir sin estos acuerdos.

No quiero que se me malinterprete. Yo creo que estos acuerdos podrían haber dado un resultado todavía mejor en la medida en que hubieran sido acompañados de las medidas que yo le mencionaba. Y en ese sentido soy crítico de la experiencia chilena, porque no ha habido suficiente apoyo a pymes, a la innovación, etc.

–¿La apertura económica empuja inevitablmente a la primarización de las economías de los países en vías de desarrollo, a especializarse sólo en producción y exportación de materias primas?

–No. No empuja inevitablemente. Ahora, si nos quedamos de brazos cruzados, si no tenemos políticas activas, claramente nos puede llevar en esa dirección.

Hoy día China es el principal mercado de exportación de Chile y en virtud de ello la estructura exportadora chilena se ha reprimarizado bastante más que hace diez años.

La pregunta es: ¿eso es culpa de China, es culpa del acuerdo de libre comercio con China? Mi respuesta es no. Es culpa de que internamente no hemos desarrollado una política de apoyo a la diversificación productiva.

Aquí hay un debate con los conservadores que creen que todo lo que hace el mercado es lo único que corresponde hacer y que si no lo hace el mercado no tiene sentido hacerlo.Yo soy de los que piensan lo contrario. Si uno examina la experiencia asiática, pero también la europea o la norteamericana, vamos a encontrar un rol activo del sector público en generar ese sendero de largo plazo, visiones de largo plazo, donde la productividad, la innovación y la diversificación son temas centrales.

–¿Podría profundizar este concepto? ¿Cuál debería ser el foco de una política inteligente de reconversión durante el período de transición hasta la apertura total?

–Los países de América del Sur, en articular los del Mercosur, tienen una dotación privilegiada que les ha provisto la naturaleza. ¿Tiene sentido dar la espalda a esa dotación de recursos naturales? Ciertamente no. ¿Tiene sentido dar la espalda a la ganadería, a la soja, a los granos, a la carne, a la leche? Por cierto que no.

¿Pero basta con quedarse en eso? También mi respuesta es no.

Considerando la dinámica del cambio tecnológico, la pregunta es ¿cuánta inteligencia artificial, cuanta robótica, cuánta big data, etcétera, vamos a incorporar en los recursos naturales para agregarles conocimiento, agregarles valor?

Y sobre esa base seguir siendo competitivos en el rubro pero al mismo tiempo incorporar las dinámicas tecnológicas que nos hagan ser más competitivos incorporando trazabilidad, sustentabilidad en la producción, y por lo tanto generando recursos naturales sí, pero con ese valor agregado que significan la tecnología y el conocimiento.

–Quiénes critican el modelo chileno dicen que su país carecía de una estructura industrial del tamaño de la Argentina ¿Cuál en ese plano la posibilidad de corregir asimetrías, o hay que resignarse a perder esa industria?

--Efectivamente el sector industrial chileno siempre fue limitado vis a vis el de la Argentina o el de Brasil. Pero el deterioro y la casi muerte del sector industrial chileno aconteció bajo la dictadura, con una rebaja unilateral de aranceles bastante drástica, en corto plazo y además con una política de tipo de cambio fijo que mató a la industria nacional. Estamos hablando de finales de los 70 hasta mediados de los 80, mucho antes que recuperásemos la democracia.

Por lo tanto, aplicando esto a la lógica del Mercosur, en el caso de Brasil y la Argentina la industria es mucho más relevante y yo imagino que los negociadores del Mercosur habrán tomado las providencias para establecer un calendario gradual de desgravación en las importaciones europeas, de manera que se pueda preservar aquel sector de la industria que  sea competitivo.

Aquí también hay que considerar que no tiene sentido, estoy hablando desde la lógica económica, que un país tenga todos los sectores industriales, tenga todas las celdillas de la matriz insumo-productos cubiertas con producción nacional. Porque no necesariamente eso significa asignar mejor los recursos.

Si para un país es mucho más caro producir un vehículo que importarlo, habrá que ver como se realiza eso. Claramente, hay actividades vinculadas (con esta industria) que tendrán que ver con servicios, con ingeniería, que tiene sentido promoverlas.

–Para la Argentina la industria automotriz es sensible por lo que significa en términos de aporte de capital, de empleo, de formación de recursos humanos calificados, de incorporación de tecnología. Pero la propia Asociación de Fabricantes de Automóviles admitió que necesita una fuerte transformación para  poder competir más allá del Mercosur. ¿Es una agenda inevitable aún sin acuerdos de libre comercio?

–Sin dudas. Y este punto es muy interesante. Por lo que estábamos diciendo, antes que el acuerdo UE-Mercosur se implemente, es que el sector automotor tanto de Brasil como de Argentina subsiste gracias al acuerdo de intercambio de componentes que mantienen. Pero, ¿dónde están los vehículos hechos en Argentina o en Brasil que están más allá de esos mercados?

Y la pregunta si una industria en el actual contexto global, puede tener destino si es que está sólo recluida en su mercado doméstico, por grande que este pueda ser.

Si se examina toda la cadena de valor el sector automotor del Mercosur nadie podría decir que no haya ningún segmento que no competitivo. Seguramente los hay. Y esos son los que necesitan complementarse probablemente ahora con partes, piezas, componentes europeos para ser mucho más competitivos, dar el salto y salir del Mercosur. Y por qué no gestar alianzas en este caso euro-mercosureñas para aprovechar las ventajas de ambos mercados.

–¿Cuál es el mensaje para las pequeñas y medianas industrias desde el punto de vista de la estrategia y de la gestión? ¿Dónde deberían hacer foco?

–Yo creo que el punto básico para las pymes es que trabajen su asociatividad, en una doble dimensión.

Primero, en una dimensión económica, con la posibilidad de gestar minicadenas de valor, digámoslo así, para vincularse con empresas más grandes, nacionales o del propio Mercosur.

En segundo lugar, y no menos relevante,aprovechar esa asociatividadpara tener mayor peso político en el debate de las políticas públicas. Porque, con acuerdo o sin acuerdo, lamentablemente, nuestros gobiernos –y estoy hablando de todos los gobiernos de la región– subestiman el aporte de las pymes en el crecimiento. Siempre están las pymes en el discurso pero no están en el presupuesto, no están en las políticas sustantivas. Y mientras no estén las pymes con mayor presencia, va a ser muy difícil que haya un crecimiento con equidad.

Entonces, el mensaje es: organícense, hagan lobby político y sobre esa base presionen aprovechando la instancia de aprobación del acuerdo en el Parlamento, para que vaya asociada a una política propymes más seria en términos de recursos.

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