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El vuelo que no llegó: un avión cayó al mar y un hombre nadó para vivir

Enero de 1959. Un vuelo inaugural de Austral se estrelló frente a la costa de Mar del Plata en medio de una tormenta. Murieron 51 personas. Solo una sobrevivió: pasó horas en el mar, herido, guiado por la lógica y la marea.

16/01/2026 | 09:55Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Accidente aéreo de 1959

FOTO: Accidente aéreo de 1959

Roberto Servente posa junto a una pieza del fuselaje recuperada del mar, que conservó

FOTO: Roberto Servente posa junto a una pieza del fuselaje recuperada del mar, que conservó

Avión Curtiss C-46

FOTO: Avión Curtiss C-46

La noche del 16 de enero de 1959 parecía hecha para el optimismo. Un día como hoy, pero 67 años atrás, Austral inauguraba una nueva ruta aérea que prometía acortar distancias entre Buenos Aires, Mar del Plata y Bahía Blanca. El avión —un Curtiss C-46 bimotor, veterano de la Segunda Guerra Mundial— despegó desde Aeroparque cuando el cielo ya empezaba a cerrarse. Nadie imaginaba que, dos horas después, esa promesa terminaría en el fondo del mar.

La tormenta sobre la costa marplatense era intensa, espesa, casi tropical. A las 21.40 se produjo la última comunicación con la torre. Minutos más tarde, cuando el piloto intentaba aproximarse al aeropuerto de Camet, la visibilidad era mínima. El avión no logró completar la maniobra: volvió a ganar altura, giró sobre el océano y, a las 22.30, rozó las olas. El ala derecha se partió. El impacto fue brutal. El mar, convertido en una superficie sólida por la velocidad, no dejó margen. Cincuenta y una personas murieron en segundos.

Una sola no.

Roberto Servente tenía 39 años y viajaba en uno de los asientos traseros. Ingeniero civil, habituado a recorrer ese trayecto en auto, había elegido el avión casi por curiosidad. El golpe lo dejó con fracturas en la clavícula, costillas y una pierna, además de una profunda herida en la frente. Pero seguía consciente. Cuando el agua empezó a invadir la cabina, logró soltarse el cinturón y salir del fuselaje.

Horas después, contaría que no hubo épica ni rezos, sino razonamiento. Vio hundirse la cola del avión con el pingüino de Austral y entendió que quedarse cerca de los restos era una sentencia. Dudó ante una luz lejana —que luego supo que era el faro de una escollera— y descartó nadar hacia allí. Pensó en la marea, en la cercanía de la costa si el avión había estado a punto de aterrizar. Se quitó el saco y el pantalón para no gastar energía. Y flotó. Nadó lo justo. Se dejó llevar.

Pasaron cerca de cuatro horas. De madrugada, una ola lo empujó contra la arena, al pie de los acantilados del norte de la ciudad. Llegó prácticamente desnudo, con los zapatos todavía puestos, y se desplomó por hipotermia. Allí lo encontró, poco después, una patrulla improvisada encabezada por el sacerdote Carlos Gardella, capellán policial, que recorría la costa con un reflector y un perro. El animal ladró. Desde arriba del barranco se distinguían unas piernas inmóviles. Servente estaba vivo, apenas.

La noticia recorrió Mar del Plata antes del amanecer: había un sobreviviente. En el hospital, familiares de todas las víctimas esperaban con una mezcla de esperanza y miedo. Podía haber sido cualquiera. Era él.

Las tareas de rescate se extendieron durante días, dificultades por el mal tiempo. Participaron bomberos, la Base Naval, Prefectura y aeronaves de la Marina y la Fuerza Aérea. El saldo final fue demoledor. La investigación oficial —el Informe Final de Accidente de Aviación N.º 1191 de la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil— concluyó que el piloto falló en la aproximación por instrumentos, no estaba familiarizado con ese aeropuerto en esas condiciones y voló con ayudas deficientes y clima adverso.

La historia de Servente no terminó en la playa. Se recuperó, volvió a volar y siguió con su vida profesional. Años más tarde, el destino le reservó una ironía difícil de igualar: llegó a ser presidente de Austral, la misma compañía cuyo avión lo había arrojado al mar. Nunca habló de un milagro aislado. Decía que lo ocurrido había sido "una sucesión de milagros".

Roberto Servente murió en marzo de 2014 a los  93 años. En la foto, posa junto a una pieza del fuselaje recuperada del mar, que conservó durante años en su oficina.

Esta reconstrucción retoma datos y testimonios trabajados en investigaciones periodísticas previas, entre ellas las de Luciana Acosta (0223), Gisele Sousa Dias y Milton Del Moral (Infobae), además de entrevistas históricas publicadas en La Nación y documentos oficiales de la Junta de Accidentes. 

Lectura rápida

¿Qué ocurrió el 16 de enero de 1959?
Se inauguró una nueva ruta aérea de Austral entre Buenos Aires, Mar del Plata y Bahía Blanca, pero el avión se estrelló en el mar, resultando en 51 muertes.

¿Quién fue el único sobreviviente?
El único sobreviviente fue Roberto Servente, un ingeniero civil que logró escapar del avión y nadar hasta la costa.

¿Cuándo se produjo el accidente?
El accidente ocurrió la noche del 16 de enero de 1959, con la última comunicación a las 21.40 y el impacto a las 22.30.

¿Dónde tuvo lugar el accidente?
El accidente tuvo lugar cerca del aeropuerto de Camet, en la costa de Mar del Plata.

¿Cómo se llevó a cabo el rescate?
Las tareas de rescate se extendieron durante días, con la participación de bomberos, la Base Naval, Prefectura y aeronaves de la Marina y la Fuerza Aérea.

¿Por qué se produjo el accidente?
La investigación concluyó que el piloto falló en la aproximación por instrumentos y no estaba familiarizado con el aeropuerto en condiciones adversas.

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