El menguado valor de la paternidad
Es bueno haber empoderado a la mujer, pero no es bueno haber desobligado a los varones.
27/03/2026 | 09:26Redacción Cadena 3
Un reciente informe del CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) da detalles de la transformación que se viene operando en la conformación de la sociedad argentina. En un comparativo entre 1986 y 2024 se aprecia una caída en la cantidad de hogares conformados por parejas con hijos (del 47% al 34%), un crecimiento de los hogares unipersonales (del 11% al 22%) y un crecimiento en los hogares monoparentales (del 8% al 15%), con el agregado en este último segmento de que 8 de cada 10 de estos hogares son en realidad "monomarentales", es decir que están a cargo de una mujer. En 1986 solo el 5% de las familias más pobres tenía una jefa mujer, y en 2024 esa cifra se elevó al 24%.
El crecimiento de las familias "monomarentales" deviene en muchos casos en un espacio familiar en que niños y adolescentes cuentan con menor contención y por ende resultan más expuestos a la influencia de incontrolados contenidos que exponen las pantallas del mundo digital y a "las malas compañías" de la calle, emparentadas muchas de ellas con organizaciones criminales de distinto tipo. Estamos ante indicadores preocupantes por sus consecuencias sociales.
Lo que conocimos como familia tradicional (mamá, papá, hijos) va en disminución junto con la caída en la tasa de natalidad y estamos mutando a una nueva conformación de sociedad en la que la mujer aparece con mayor protagonismo, con mayor carga de responsabilidades, para nada acompañada de un crecimiento en su reconocimiento y de su capacidad de generación de ingresos.
Es habitual asistir a distintos reclamos en pro de la valoración del nuevo rol social de la mujer, pero poco se dice con relación a reclamar mayor responsabilidad a los varones, más allá de la colaboración en las tareas del hogar, de la cobertura de cuotas alimentarias y de la condena a la violencia de género.
La imagen del padre como corresponsable del cuidado de la vida y de la educación de los hijos se ha diluido por la fuerte y justificada crítica a la llamada sociedad patriarcal y la reivindicación de los derechos de la mujer. Da la sensación de que nos hemos "pasado de rosca" y hemos propiciado una desobligación y un desapoderamiento de los varones. Y ello se hace mucho más notable en los sectores de menores ingresos, según los números expuestos.
Nadie se anima a negar que el mejor marco para la crianza de los niños es el de un hogar donde concurren armoniosamente mamá y papá, prodigando afectos, recursos, educación y buenos ejemplos. Crecer en un ámbito armonioso y de afectos ayuda a infundir el aprecio a la vida y fijar límites de respeto al prójimo, cuestiones esenciales para la conformación de lo que llamamos el "tejido social". ¿Estamos obligados por la realidad a resignar ese mejor marco? ¡Nunca se debe renunciar a lo mejor!
Es bueno haber empoderado a la mujer, pero no es bueno haber desobligado a los varones.
Existen planes de educación sexual en los que se merece destacar el objetivo de inculcar el consentimiento mutuo como condición esencial en las relaciones, con el propósito de erradicar la violencia de género. Excelente, pero no suficiente.
Poco se escucha hablar de la corresponsabilidad derivada de la consentida sexualidad responsable, claramente una cuestión de dos, mujer y varón. Sí se escucha hablar de la advertencia a los jóvenes de "los cuidados" a tener en las relaciones sexuales, pero poco y nada se dice de las responsabilidades que emergen cuando "los cuidados" fallan o devienen desacuerdos posteriores a los hechos consumados de común acuerdo.
En tal situación, la legalización del aborto aparece como la "solución práctica" que permite que el varón se desentienda (desobligado, salvo las obligaciones económicas que puedan devenir de un eventual juicio de reconocimiento de filiación), que no tenga derecho de paternidad alguno (desapoderado), y que la decisión de continuidad del embarazo sea de incumbencia exclusiva de la mujer. ¿Estará esto influyendo en el fenómeno del crecimiento de la cantidad de hogares monomarentales?
En una reciente edición de nuestro microespacio "La Mesa de Café" nos hemos informado esta semana de un singular caso de adopción resuelta y prácticamente acordada con anterioridad al nacimiento del niño, por parte de un Juzgado de Familia de San Luis. Durante los 20 minutos que duró la entrevista con el juez responsable del caso, no hubo posibilidad ni pertinencia alguna de indagar o exponer sobre el padre biológico, ni de sus obligaciones ni de sus derechos, tampoco de las de su entorno familiar. Solo bastó una breve alusión a un cuadro de vulnerabilidad y "una situación de violencia" para describir adecuadamente el escenario.
Claro signo de la época: la tremenda gravedad y cantidad de situaciones de violencia que afectan a las mujeres en situación de vulnerabilidad nos obligan a todos a priorizar el cuidado de la mujer y del niño y a condenar la violencia sexual ejercida por el varón. La paternidad se queda sin espacio en la conversación.
Es necesario educar en el valor de la corresponsabilidad de mujer y varón en la continuidad de la vida. Los números muestran que las mujeres, por portación del instinto maternal, tienen una mejor predisposición para afrontar las responsabilidades de la gestación y de la crianza.
Tenemos pendiente reforzar la educación de los varones, en la pretensión de que decrezca la violencia de género y de que crezca el aprecio por el valor de la responsabilidad paternal, no como una carga que deben asumir cuando los "cuidados" fallan o devienen desacuerdos, sino como una obligación elemental de cuidado de la vida que retribuirá a su cumplimiento con afectos filiales, los que resultarán ser el mejor soporte de su propio equilibrio emocional y la mejor compensación a los esfuerzos que las vicisitudes de la vida les ha de demandar.
Ser buen papá, junto a una buena mamá, debe mejorar la cotización en el mercado de los sueños de nuestros jóvenes. Con buena educación en valores podemos construir una sociedad mejor, mientras batallamos por el desarrollo económico que nos avente la pobreza.





