Es un partido especial, pero solo es eso
Argentina enfrenta este miércoles a Inglaterra por semifinales del Mundial. Pese a todo lo que lo rodea, es importante no mezclar la política con el fútbol. La editorial de Claudio Giglioni.
15/07/2026 | 09:48Redacción Cadena 3
Desde el escenario donde se va a jugar la gran semifinal entre Argentina e Inglaterra, aquí en el estadio de la ciudad de Atlanta, nos encontramos ante un partido con connotaciones muy especiales para todos los argentinos. En la cancha, en esa rivalidad que es la esencia y el folclore del fútbol, se ha instalado un canto que lograba unir a la hinchada local y a la visitante cuando había dos públicos: "El que no salta es un inglés".
Han pasado 40 años de aquel choque del 86 que tenemos tan presente, realizado cuatro años después de la guerra de Malvinas, con todo lo que significó el gol de la "Mano de Dios", el mejor gol en la historia de los mundiales y, sobre todo, lo que representó para nosotros. En Inglaterra lo miraron desde la atalaya de quien ha recibido un golpe de puño.
Después fuimos a Saint-Étienne -donde fuimos testigos con Marcelo Lamberti- en aquella noche fantástica de los penales de Roa, cuando Beckham muerde el anzuelo y el Cholo Simeone logra su expulsión.
También con Marcelo Lamberti estuvimos en un partido que tenía una particularidad muy parecida a esta: era el primer cotejo en un Mundial que Argentina jugaba en un estadio techado y con aire acondicionado, el de Sapporo (Japón), que parecía un mouse plateado.
Allí hubo un mal planteo de Bielsa y una mala administración de la realidad competitiva. Uno había ganado y el otro empatado, y nosotros arriesgamos más que ellos; se invirtieron los roles y terminamos perdiendo 1 a 0 por el penal que cometió Pochettino y que convirtió Beckham.
Es imposible abordar este partido sin que en Argentina se mezcle con la cuestión de Malvinas. Estamos, obviamente, asociados: Malvinas quedó clavada como una daga en nuestro corazón, sin ningún lugar a dudas.
En ese contexto, simplemente quiero decir que creo que hay que saber separar lo que es la rivalidad del fútbol. No es un partido más; es como pensar en el rival clásico. Nos gusta mucho más ganarle a Inglaterra que a España o a Italia, pero no hay que mezclarlo con lo político.
Por suerte, la Federación de Veteranos emitió un comunicado aclarando que una cosa es la rivalidad deportiva y otra lo que todos los días tenemos que pelear en la calle, en los estrados y organismos internacionales: nuestro derecho de que las Malvinas son argentinas.
Me preocupó ver un posteo de un hincha rosarino en el aeropuerto diciendo que no es un partido más de fútbol y que iría a encontrar a los ingleses por la memoria de los pibes de Malvinas, casi como anunciando que venía a librar una especie de batalla. Ese, obviamente, no es el camino.
Este no es el escenario para dirimir eso; se puede ganar o perder, y esa es la esencia de una gran rivalidad futbolística. Todos queremos ganar, eliminar a Inglaterra y llegar a una final para que en ese libro de Messi, que ya está completo hace rato, se escriba una nueva página épica siguiendo los caminos del querido y eterno Diego Armando Maradona.
Sin embargo, quiero puntualizar también que existe un grado de hipocresía cuando los cantitos hablan de "los pibes de Malvinas". Yo estaba en la secundaria y, cuando los pibes estaban en las islas, el fútbol argentino fue a competir al Mundial 82. En medio de lo que era una desgracia, una guerra sangrienta, desigual y condenada a la derrota por la diferencia de potencial, Argentina enviaba a chicos de 18 años con un pequeño grado de instrucción contra un ejército profesional. Recuerdo que casi perdemos con Bélgica y fue un drama: ¿cómo nos podíamos amargar por un partido si los pibes estaban en la guerra? No debimos competir.
Por eso creo que el fútbol inscribe un grado de hipocresía: ahora quiere jugar por la memoria de los pibes de Malvinas, pero cuando ellos se estaban muriendo en las trincheras, el fútbol fue a disputar algo tan superficial como un Mundial. De eso también tengo memoria.
Este miércoles hay que ganar por el placer de la victoria, por buscar la cuarta estrella y porque el fútbol es lo que más nos une. Pero no confundamos esto con algo tan grave como una guerra. Nos gusta ganarle a Inglaterra y nos duele la guerra; nos va a doler toda la vida como una daga en el corazón.
Pero también tuvimos la hipocresía de jugar un Mundial cuando debíamos acordarnos de los pibes. Hoy es un partido de fútbol frente a un rival muy especial; pasado mañana seguiremos reclamando, como corresponde, la soberanía de nuestras islas.
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¿Qué partido se va a jugar? Se jugará la semifinal entre Argentina e Inglaterra.
¿Cuándo se realizó el choque del que se habla? Se refiere al choque del 86, que tuvo lugar 40 años atrás.
¿Dónde se encuentra el estadio? El estadio está ubicado en la ciudad de Atlanta.
¿Cómo se relaciona el fútbol con la guerra de Malvinas? La rivalidad futbolística está marcada por la memoria de la guerra de Malvinas.
¿Por qué es importante separar la rivalidad deportiva de lo político? Porque el fútbol es un juego y la guerra es un tema serio que no debe confundirse con el deporte.






