Si estás endeudado, capaz que te llamen
No es una frase lanzada al aire: puede empezar a ser parte de la nueva dinámica del sistema financiero en la Argentina.
24/04/2026 | 14:03Redacción Cadena 3
Si estás endeudado, capaz que te llamen. No es una frase lanzada al aire: puede empezar a ser parte de la nueva dinámica del sistema financiero en la Argentina. Algo parecido a lo que pasaba hace años, cuando uno quería dar de baja un servicio y del otro lado aparecía una oferta, un descuento, una contraoferta para retenerte. Esa lógica, con otro sentido, podría trasladarse ahora al mundo del crédito.
No sería la competencia la que llama, sino el propio acreedor. Bancos, fintechs, billeteras virtuales. Todos con un mismo objetivo: evitar que el cliente caiga en mora o, si ya cayó, intentar recuperarlo. En algunos casos, eso ya empezó a suceder con clientes considerados "en riesgo". Llamados recordatorios, propuestas de refinanciación, plazos más largos, cuotas más “amigables”. Un intento de frenar una tendencia que preocupa.
Los números explican por qué. Hoy, alrededor del 11% de los deudores en el sistema financiero está en mora. Y todo indica que ese porcentaje podría haber crecido aún más en los últimos meses. No es un dato menor: detrás hay miles de personas que no logran sostener sus compromisos y un sistema que empieza a tensionarse.
La paradoja es clara. Argentina tiene poco crédito en relación con otras economías, producto de años de inestabilidad. Pero, al mismo tiempo, muestra niveles altos de morosidad. Es decir, hay poca deuda, pero cuesta pagarla. Y eso no le sirve a nadie.
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No le sirve al deudor, que corre el riesgo de quedar fuera del sistema, marcado en las bases del Banco Central, sin acceso a financiamiento futuro. Pero tampoco le sirve al acreedor. Para un banco, un crédito incobrable es una pérdida directa que impacta en sus balances y en su negocio. Y si la mora se generaliza, el problema deja de ser individual y pasa a ser sistémico.
Ahí aparece otro riesgo, más político que financiero. La tentación de intervenir. Ya hay voces que proponen mecanismos de alivio forzado, desde flexibilizaciones hasta perdones de deuda. La historia argentina muestra que esas soluciones suelen tener efectos colaterales: terminan restringiendo el crédito para quienes sí cumplen. En otras palabras, el costo lo pagan también los que no están endeudados.
Pero el problema de fondo es otro. La Argentina está atravesando una transición. Durante años, la inflación funcionó como un "aliado" silencioso del deudor: licuaba el peso de las cuotas. Hoy ese esquema cambió. Las tasas dejaron de ser negativas y la deuda volvió a ser deuda en serio. Si se consolida este modelo, pagar deja de ser más fácil con el tiempo.
A eso se sumó un factor coyuntural que agravó la situación. El salto de tasas durante la incertidumbre financiera del año pasado convirtió muchas deudas manejables en compromisos impagables. Lo que era una cuota razonable se transformó en una carga pesada de un mes para otro. Para muchos, fue el inicio de una espiral difícil de frenar.
Ahora el escenario empieza a moverse otra vez. Las tasas muestran cierta baja, el costo del dinero se reduce y el sistema financiero busca reacomodarse. Los bancos se fondean más barato y necesitan sostener su cartera de clientes. No solo para recuperar lo perdido, sino para no quedarse sin negocio hacia adelante.
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En ese contexto aparecen estas estrategias: prevenir la mora y recuperar a quienes ya están complicados. Las fintechs hablan de "cuotas adaptadas a los ingresos", los bancos de refinanciaciones más flexibles. No es altruismo. Es supervivencia.
La clave es que esto no solo impacta en quien debe. Tiene un efecto más amplio. Si una parte importante de la población queda fuera del crédito, también se resiente el consumo y la actividad económica. El crédito, bien utilizado, es una herramienta que dinamiza. Cuando se corta, enfría.
Por eso no sería extraño que, en las próximas semanas, algunos deudores reciban ese llamado inesperado. Un mensaje, un mail, una propuesta. Una segunda oportunidad para ordenar cuentas. Y, al mismo tiempo, un intento del sistema por evitar que la cadena se rompa.
En definitiva, no se trata solo de cobrar. Se trata de sostener el vínculo. Porque en una economía que intenta estabilizarse, el crédito deja de ser un atajo y vuelve a ser lo que siempre debió ser: un compromiso.
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