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Opinión

Política esquina economía

La parte más difícil: que suba el dólar pero no el pan

Hasta diciembre el Banco Central tenía que contener los precios de todo. Pero ahora no: el dólar, y sólo el dólar, tiene que dejar de desinflarse. Un trabajo para un mago. Que podría ser Dujovne. 

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Dólar
La divisa estadounidense registro una leve alza. 

El programa económico de Macri no tiene paz. En su primera fase sirvió para hacer dos cosas a la vez: aplacar un poco la fiebre de los precios y frenar el viaje a los cielos del dólar. Al fin y al cabo, era lo mismo: el dólar es otro bien, uno más, a comprar con pesos. Si hay inflación, el lógico que, así como aumenta el pan, aumente el dólar. La solución fue la misma para lograr ambas cosas: limitar la cantidad de pesos en el mercado. 

Pero ahora, pasada esa primera etapa, la cosa cambió. Bastante. El Banco Central tiene que lograr lo mismo que antes con el pan (evitar que aumente en pesos) pero exactamente lo contrario con el dólar (evitar que se deprecie en pesos). 

Y la receta ya no es igual para una cosa y para la otra: si sigue limitando la cantidad de pesos, no hay pesos para que se demanden dólares y entonces el dólar se desvanece; pero si libera pesos, entonces el precio del pan vuelve a calentarse.

¿Cómo puede hacer el Central para liberar pesos que vayan sólo al dólar y no vayan al pan? En principio, no puede.

Es más. Desde hace dos semanas, el Central viene comprando dólares de a 50 millones por día para que el dólar traspase para arriba el piso de la banda cambiaria y no lo logra. Cada vez que compra, emite pesos. En dos semanas ha emitido 12.500 millones de pesos. Y nada. Ahí está el dólar.
 
Malditas tasas
El único remedio que tiene el BCRA para evitar que esos pesos se vayan al pan es absorberlos por otra ventanilla. Pero para eso tiene que tentar a quienes tienen los pesos. Y entonces no puede bajar las tasas de interés tanto como a todos nos gustaría para que se abarate el crédito y entonces las empresas puedan financiar inversiones, los hogares puedan consumir algo más y la economía pueda abandonar la recesión.

Encima hay otro problema. Esas tasas altas no sólo perpetúan la recesión: tientan a quienes tienen dólares a venderlos para hacerse de pesos e invertirlos en los plazos fijos de los bancos. Porque los bancos, que no quieren perderse el negocio de las tasas altas, demandan pesos. Y pagan por los depósitos más del tres por ciento mensual. Más que la inflación y más de lo que viene aumentando el dólar. Uno pone pesos en el banco y, a menos que haya una sorpresa desagradable, puede confiar en que, en un mes, comprará con esos pesos más pan o más dólares que hoy.

Entonces, sucede algo horrible: esa venta de dólares para aprovechar la bicicleta de plazos fijos en pesos… ¡aumenta la oferta de dólares y hace que el precio del billete tienda a bajar!

A esta altura el Central ya está agitado de tanto morderse la cola.
 
Superávits gemelos
¿Por qué es tan importante que el dólar no se abarate? Lo que hizo estallar el gradualismo hace un año fue la desconfianza. Los mercados dejaron de creer que Argentina pudiera seguir consiguiendo que le prestaran dólares para seguir importando más de lo que exportaba y para que el Gobierno siguiera financiando su gasto con deudas en dólares.

El FMI vino al rescate. Dijo: les voy a dar dólares pero el secreto es que los usen lo menos posible. Para eso tienen que dejar de importar menos de lo que exportan y el Gobierno tiene que dejar de pedir dólares prestados. Hasta ahora viene funcionando, aunque no es gratis pasar de los déficits gemelos (comercial y fiscal) a esos superávits gemelos. 

Después de muchísimo tiempo, el segundo semestre del año pasado terminó con más exportaciones que importaciones porque la devaluación encareció los importados y abarató los salarios en dólares, abaratando los exportados. Pero si el dólar vuelve a abaratarse esos efectos van a desaparecer.

Y el Gobierno empezó al menos a bajar su déficit primario y, en menor medida, su déficit financiero. Eso en algún momento le tiene que ayudar a necesitar menos dólares y pesos prestados.
 
Economía, levántate y anda
¿Tendrá sobrevida el programa económico a esta nueva etapa? Es lo que discuten con cada vez mayor intensidad los economistas. Algunos dicen que sí. Plantean un escenario en que comienzan a funcionar en conjunto varias variables, más o menos como cuando se enciende un motor y se pone primera. Si algo se tranca, el coche no se mueve.

Un punto clave es que la economía comience a crecer. Si lo hace, habrá más demanda de pesos para el pan (o cualquier otro bien) pero no porque necesitemos usar más pesos para pagar el mismo kilo de pan sino porque habrá más kilos de pan. Cuando una economía crece, demanda más circulante.

Compre dólares, Dujovne
El otro es el equilibrio de las cuentas públicas. El ideal absoluto sería que el Gobierno tuviera tanto poder y talento para bajar el gasto público que ya no tuviera que pedir prestados dólares para renovar los vencimientos, sino que pudiera comprarlos con los pesos que sea capaz de ahorrar.

Él sí podría hacer lo que el Central no puede. Al comprar dólares no metería nuevos pesos al mercado (porque serían los mismos pesos que previamente hubiera extraído cobrándolos como impuestos). Serían pesos que se van al dólar, pero no al pan. Justo lo que el Central no puede hacer.
 
Cremar pesos en campaña
Otro ideal sería que, al bajar el gasto, pueda devolverle al BCRA la cordillera de pesos que le debe. Ya sea con pesos que ahorre o que incluse tome prestados, al cancelar su deuda con el Central, la autoridad monetaria podría mandar esos billetes al incinerador, que en el fondo es lo que la Argentina necesita.

La imagen de quemar la enormidad de pesos que se emitieron sin respaldo desde 2006, por una vía o por otra, con las justificaciones más bonitas y la demagogia más rampante, es sólo una figura retórica. Pero el efecto a lograr es el mismo. En eso está el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, que rasca el fondo de su galera para ver si un día de estos se convierte en mago.

¿Lo podrá hacer? Casi seguro no podrá lograr estos dos objetivos hoy muy costosos en términos políticos y alejado de posibilidades reales. Pero nadie pide que se haga eso. Ni el Fondo. Lo que hay que lograr que todos vean que Argentina, incluso en medio de elecciones en los que van a competir con chances los que armaron el problema, está yendo para allá.

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