En vivo

Informados al regreso

Luis Fernández Echegaray

Argentina

En vivo

La Cadena del Gol

Francia vs. Suecia

Argentina

En vivo

Informados al regreso

Luis Fernández Echegaray

Rosario

En vivo

La Central Deportiva

Nicolás Mai

Santa Fe

En vivo

Heatódromo

Mauri Palacios

En vivo

Vuelta popular

Celeste Pereyra

En vivo

Música ligera

Radio

Podcast

Amamos Argentina

Podcast

La mesa de café

Podcast

La otra mirada

Podcast

El dato confiable

Podcast

3x1=4

Podcast

La quinta pata del gato

Podcast

Cuadro de Situación

Podcast

80 años del Cuarteto

Podcast

Nazareno Cruz y el Lobo

Podcast

La Chacarera, el latido del monte

Escuchá lo último

Elegí tu emisora

Sueños de Radio
Sueños de Radio

Recomendaciones para un vocero presidencial

El debut en Casa Rosada exige algo más que discurso: respeto por la prensa, prudencia frente al poder y una lección básica que dejó el caso Adorni.

30/06/2026 | 12:13Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Añadir Cadena 3 a

Agregá Cadena 3 a tus preferidos en Google
Adrián Ravier, en una reunión con el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni.

FOTO: Adrián Ravier, en una reunión con el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Google News

Mirá las notas de Cadena 3 en Google News

WhatsApp

Mirá las notas de Cadena 3 en WhatsApp

  1. Audio. Recomendaciones para un vocero presidencial | Por Adrián Simioni

    Siempre Juntos

    Episodios

Adrián Ravier estrena función como vocero presidencial y, ya que llega a un cargo donde cada palabra pesa, conviene dejarle algunas recomendaciones. No son demasiado sofisticadas. Más bien pertenecen al sentido común, ese recurso que suele desaparecer cuando alguien confunde cercanía con el poder con impunidad.

La primera es sencilla: no maltrate a los periodistas que intentan hacer su trabajo. No los "trapee", no los sobr?, no los use como blanco para la tribuna digital. Aflojarle a la soberbia no debilita a un vocero; al contrario, lo vuelve más creíble. Un funcionario no está para ganar discusiones de redes, sino para responder preguntas públicas.

La segunda recomendación también parece elemental, aunque la política argentina obliga a repetirla: intente no cometer delitos. En general, ninguno. Pero, en particular, evite los delitos venales, esos que huelen a coimas, dádivas, favores, plata inexplicable y beneficios que aparecen justo cuando alguien está demasiado cerca del Estado.

Ahora bien, si pese a todo alguien decide caminar por ese barro, debería recordar una verdad incómoda: para ejercer la maldad también hace falta inteligencia. Y la primera regla de esa inteligencia mínima es no llamar la atención.

No conviene actuar como piojo resucitado. Si antes uno iba a Las Toninas en un Chevrolet Corsa, no parece prudente pasar de golpe a vuelos privados a Punta del Este. Si no hay una herencia millonaria que lo explique, tampoco ayuda comprar propiedades caras, en zonas caras, cada seis meses. La política no perdona tanto la riqueza como la ostentación inexplicable.

Lo mismo vale para los gestos de nuevo rico: piletas con cascadas que cuestan una fortuna y después no sirven ni para relajar los trapecios, sábanas de algodón egipcio que jamás formaron parte de la vida anterior o caprichos infantiles como un flipper convertido en símbolo de exceso. No es moralismo estético. Es algo más simple: no se puede pedir sacrificio público mientras se exhibe lujo privado sin explicación convincente.

Y si ya se falló en la discreción, queda otra obligación: defenderse con inteligencia. No sirve salir a decir que apareció un pendrive olvidado con ahorros en Bitcoin justo cuando esa moneda multiplicó su valor. No sirve inventar épicas financieras retrospectivas que ni el propio protagonista parecía recordar un mes antes.

En general, lo mejor es no mentir. Pero si alguien va a mentir, al menos debería evitar contradicciones groseras. No puede ir al Congreso a decir que todos sus papeles están en orden y, dos días después, admitir ante un periodista amigo que siempre ahorró en negro, incluso siendo jefe de Gabinete de un gobierno que dice haber venido a defender a los contribuyentes.

Cuando una mentira necesita otra mentira para sostenerse, el problema deja de ser judicial y pasa a ser narrativo. La defensa se transforma en una novela mala. Y en política, una novela mala también condena: erosiona confianza, ridiculiza al funcionario y arrastra a quienes lo defendieron hasta el último minuto.

Porque ese es otro punto. Cuando una jefa política banca a alguien públicamente y después se entera de conductas angurrientas, codiciosas o pueriles, no sólo se enoja por el hecho en sí. Se enoja porque la hicieron quedar como una ingenua —o peor— frente a millones de ciudadanos que creyeron en ella, en su hermano, en su gobierno y en la promesa de que esta vez sería distinto.

Por eso, Ravier debería tomar nota. La vocería no es un escenario para la bravuconada permanente. Es una función institucional. Requiere templanza, información, respeto por las preguntas y una mínima conciencia de que el poder no absuelve: expone.

La última recomendación es para cualquiera que haya ignorado todas las anteriores: consiga un buen abogado. Porque cuando la soberbia se junta con la ostentación, la mentira y la torpeza, tarde o temprano la política deja de alcanzar como defensa.

Lo más visto

Política y Economía

Opinión

Podcast

La otra mirada

Podcast

La mesa de café

Podcast

La quinta pata del gato

Podcast

3x1=4

Podcast

El dato confiable

Podcast

Política esquina Economía

Podcast

Cuadro de Situación

Podcast

Los editoriales de Alberto Lotuf