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El domingo será la final, pero la consagración de Argentina fue ante Inglaterra

Aunque el fútbol no debe convertirse en una prolongación de la guerra, la historia inevitablemente atravesó el partido de este miércoles. La Copa sigue siendo el objetivo y ganarla sería la culminación perfecta | Por Adrián Simioni.

16/07/2026 | 09:41Redacción Cadena 3

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Los jugadores con la bandera de Malvinas. (Foto: AFP)

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  1. Audio. El domingo será la final, pero la consagración de Argentina fue ante Inglaterra | Por Adrián Simioni

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La final todavía no se jugó y la Copa del Mundo continúa en disputa. Sin embargo, para una multitud de argentinos, el triunfo ante Inglaterra tuvo sabor a consagración. No porque el título haya perdido importancia, sino porque la semifinal reunió todos los ingredientes capaces de convertir un partido de fútbol en un recuerdo colectivo.

José Luis Menichelli, un oyente santafesino de Siempre Juntos, lo resumió con una frase sencilla: "El domingo, que sea lo que sea. Para mí, la final fue ayer y la ganamos". Su mensaje reflejó el sentimiento que se respiró durante los festejos en las calles de Córdoba y en tantos otros lugares del país.

Argentina quiere ser campeona, naturalmente. El domingo volverán la ansiedad, las cábalas y los nervios. Pero algo cambió después de la victoria ante los ingleses: el equipo ya entregó una de esas noches que, aun sin una copa en la mano, justifican por sí solas un Mundial.

El partido tuvo épica. La Selección estaba abajo en el marcador y consiguió darlo vuelta en los últimos seis minutos. Lo hizo con un atributo profundamente asociado con la tradición futbolística argentina: la insistencia. Enzo Fernández había probado tres veces desde afuera del área sin éxito, pero se animó a una cuarta y convirtió un gol memorable. No eligió el pase cómodo ni se dejó dominar por el temor a equivocarse. Volvió a intentarlo.

Ese gesto sintetizó el espíritu del equipo: potrero, confianza y ausencia de pánico escénico. Argentina se comportó como una selección grande incluso cuando el resultado parecía escaparse. No esperó un milagro ni se refugió en la desesperación. Siguió jugando.

Tampoco fue una victoria casual. El equipo atacó, generó oportunidades, estrelló dos remates en los palos y obligó a Jordan Pickford a intervenir en varias ocasiones. La suerte, si acaso, estuvo durante buena parte del encuentro del lado inglés. Argentina tuvo que imponerse también a eso.

Fue, posiblemente, su actuación más completa en el Mundial. No solo por la remontada, sino por la manera de construirla: con fútbol, desgaste físico y personalidad. La Selección no perdió ningún partido en el torneo y llegó a la definición confirmando que su presencia allí no es producto de una sucesión de accidentes.

Pero había un último componente. El rival era Inglaterra y, aunque el fútbol no debe convertirse en una prolongación de la guerra, la historia inevitablemente atravesó el encuentro. En el sentimiento de muchos argentinos aparecieron las Malvinas, los combatientes y lugares como Pradera del Ganso. No como una revancha absurda —ningún partido puede reparar una guerra ni devolver una vida—, sino como una carga emocional que solo uno de los dos equipos llevaba sobre sus hombros.

Ese fue el plus. No necesariamente para los jugadores, pero sí para millones de personas que observaron la semifinal desde la memoria, la identidad y la pertenencia.

Por eso la sensación de saciedad. La Copa sigue siendo el objetivo y ganarla sería la culminación perfecta. Pero el Mundial ya dejó una noche para contar durante décadas: Argentina jugó bien, sufrió, insistió, remontó y eliminó a Inglaterra.

El postre ya fue servido. El domingo puede llegar la frutilla. Y si no llega, nadie podrá quitarle a este equipo el campeonato emocional que ganó en la semifinal.

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