Estudio del CONICET revela la historia agrícola y migratoria de los Andes del Sur
Investigadores del CONICET publicaron un estudio en Nature que revela cómo la agricultura y la migración ayudaron a las comunidades de los Andes del Sur a enfrentar crisis durante 2000 años.
18/03/2026 | 23:36Redacción Cadena 3
Un estudio internacional liderado por científicos del CONICET fue publicado en la prestigiosa revista Nature, donde se expone cómo la adopción de la agricultura y la migración basada en lazos familiares fueron fundamentales para que las comunidades andinas del sur superaran crisis sociales y ecológicas a lo largo de los últimos 2000 años.
El trabajo fue coordinado por los investigadores Ramiro Barberena del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Básicas (ICB, CONICET-UNCUYO) y Pierre Luisi del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC), junto con el argentino Nicolás Rascovan del Institut Pasteur (Francia). La investigación también contó con la colaboración de miembros de las comunidades huarpes Guaytamari y Llahué Xumec de Uspallata, en la provincia de Mendoza.
Los científicos resaltaron que la colaboración con comunidades indígenas permitió enriquecer el conocimiento sobre el territorio y su historia. Desde la perspectiva de la arqueogenética, el estudio aporta una nueva visión sobre cómo las sociedades del pasado enfrentaron crisis ambientales y sociales, destacando la importancia de las redes familiares y la cooperación como mecanismos de resiliencia. Aunque la transición a la agricultura es uno de los cambios más significativos en la historia humana, poco se ha investigado en América del Sur desde un enfoque interdisciplinario.
Hallazgos clave desde la paleogenómica y la arqueología
Desde 2020, el equipo de investigación se propuso estudiar la movilidad de las personas que habitaron el Valle de Uspallata durante los últimos 2200 años, buscando identificar si eran habitantes locales o migrantes y conocer el impacto de la agricultura en Sudamérica.
El análisis de 46 genomas de individuos antiguos, comparados con los de diversas regiones de Sudamérica, reveló una fuerte continuidad genética entre las poblaciones que vivieron antes y después de la adopción del cultivo. Esto indica un vínculo directo entre los cazadores-recolectores de hace más de dos mil años y los agricultores de maíz que prosperaron mil años después.
Los investigadores concluyeron que la agricultura no fue introducida por grupos que migraron desde centros de domesticación agrícola, sino que fue un proceso impulsado localmente, donde la transmisión de conocimientos y especies fue clave en la innovación de sociedades que previamente eran cazadoras-recolectoras.
La transición agrícola y sus consecuencias
Barberena explicó que "la transición a una forma de vida basada en la agricultura representa uno de los cambios más profundos en la historia de nuestra especie, así como también en los ecosistemas de los que formamos parte".
El estudio también analizó la composición química de los huesos, lo que permitió identificar el lugar donde una persona vivió durante su infancia y adultez. Los datos revelaron que estos grupos desarrollaron una agricultura centrada en el maíz, cuya dependencia se intensificó entre 800 y 600 años atrás con la llegada de migrantes.
"Los restos de personas del pasado son verdaderos archivos biológicos. A través de su análisis químico y genético podemos reconstruir aspectos centrales de sus vidas", afirmó Luisi.
El análisis también mostró que los migrantes pertenecían a la misma red de poblaciones interconectadas que los agricultores locales, pero presentaban señales de estrés nutricional y enfermedades infecciosas, sugiriendo que su desplazamiento pudo haber sido motivado por una crisis ecosocial en un contexto de inestabilidad climática.
Las migraciones se llevaron a cabo de manera organizada y sostenida, en grupos familiares extensos, predominantemente matrilineales, durante al menos tres generaciones.
El estudio enfatiza cómo las comunidades andinas utilizaron la cooperación, la movilidad y las redes familiares como estrategias de resiliencia en períodos de inestabilidad, y cómo entender estos cambios puede ayudar a proyectar riesgos y desafíos futuros en un contexto de cambio climático.
Un linaje genético único
Una de las conclusiones más relevantes del estudio es el hallazgo de un linaje genético único en las poblaciones antiguas del Valle de Uspallata y Calingasta, que sigue presente en la población actual de la región. Luisi destacó que este descubrimiento reafirma la continuidad cultural y biológica de las comunidades indígenas locales, desafiando la idea de su desaparición.
Los investigadores subrayaron que las comunidades huarpes de Uspallata jugaron un papel activo durante la investigación, contextualizando los hallazgos dentro de su historia y tradiciones orales, lo que enriqueció la interpretación de la evidencia científica.
Este estudio colaborativo ofrece una visión innovadora sobre la intersección entre clima, economía, salud y parentesco durante una gran transición cultural, y aporta nuevas perspectivas sobre la resiliencia de las sociedades andinas.
Lectura rápida
¿Qué revela el estudio?
El estudio muestra cómo la agricultura y la migración ayudaron a las comunidades andinas a enfrentar crisis durante 2000 años.
¿Quiénes lideraron la investigación?
La investigación fue liderada por científicos del CONICET, incluyendo a Ramiro Barberena y Pierre Luisi.
¿Cuándo fue publicado el estudio?
El estudio fue publicado el 18 de marzo de 2026 en la revista Nature.
¿Dónde se realizó la investigación?
La investigación se llevó a cabo en el Valle de Uspallata, Mendoza, Argentina.
¿Por qué es relevante?
El estudio aporta nuevos conocimientos sobre la resiliencia de sociedades andinas y la continuidad cultural de las comunidades indígenas.





