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La paciencia que pide Milei

   

10/04/2026 | 13:39Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

En un tuit, Milei pidió "paciencia" a los argentinos. (Foto: NA/Archivo)

FOTO: En un tuit, Milei pidió "paciencia" a los argentinos. (Foto: NA/Archivo)

  1. Audio. La paciencia que pide Milei | Por Sergio Suppo

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La paciencia que pide Javier Milei no es un dato menor. De hecho, es llamativa. No es habitual que el Presidente se autocritique o reconozca problemas en su gestión. Lo ha hecho en contadas ocasiones, pero en general el tono es otro: suele presentar su gobierno como un proceso histórico, ubicar a Luis Caputo como “el mejor ministro de Economía del mundo” y destacar a Federico Sturzenegger como una figura central del rumbo económico. Incluso, en algún momento, deslizó su propia candidatura a un Premio Nobel.

Por eso, el mensaje reciente —ese pedido de paciencia— marca un matiz distinto. Aunque, en rigor, mantiene los extremos habituales: por un lado, la crítica al periodismo por no reflejar los logros del gobierno; por el otro, la explicación basada en la pesada herencia del kirchnerismo. Ese diagnóstico, hay que decirlo, tiene fundamentos. La gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner dejó desequilibrios profundos.

Ahora bien, transcurridos casi dos años y medio de gestión, el margen para explicar el presente exclusivamente en el pasado empieza a achicarse. En ese tiempo, el Gobierno llevó adelante un ajuste macroeconómico fuerte, necesario para ordenar variables, pero también doloroso. Y hoy enfrenta un problema que combina dos factores centrales.

El primero es la inflación. Hace alrededor de diez meses dejó de mostrar una tendencia clara a la baja. En algunos períodos recientes, incluso, volvió a acercarse al 3% mensual. No es un dato menor para un gobierno que hizo de la desaceleración inflacionaria su principal bandera.

/Inicio Código Embebido/

/Fin Código Embebido/

El segundo es la actividad económica. Los niveles de consumo siguen retraídos y los datos del INDEC confirmaron caídas interanuales importantes en la industria, especialmente en sectores con problemas estructurales de competitividad. La apertura de importaciones, en algunos casos, profundiza ese impacto. Es cierto que hay sectores —como la minería— con perspectivas de crecimiento a mediano plazo, pero el presente muestra un tejido productivo golpeado.

En ese contexto, el pedido de paciencia funciona como reconocimiento implícito de esas tensiones. Milei ratifica el rumbo general —una economía más abierta, con protagonismo del sector privado—, un camino que no solo respalda el oficialismo sino también parte de la oposición. Sin embargo, empiezan a aparecer dudas sobre la consistencia del programa en su fase actual.

La inflación que no termina de ceder y la actividad que no reacciona configuran un escenario complejo. A eso se suma un elemento político: el desgaste en la opinión pública. Distintas mediciones muestran una caída en la imagen del gobierno y del propio Presidente.

Y hay un factor adicional que en Argentina suele actuar como acelerador de las crisis: la corrupción. Cuando la economía se complica, la tolerancia social frente a estos temas disminuye. Los casos recientes —desde el conflicto en el área de discapacidad (Andis) hasta el denominado caso Libra o las controversias en torno a Manuel Adorni— alimentan un clima de desconfianza que el Gobierno no logra disipar del todo.

Nada de esto implica, necesariamente, un escenario de colapso. Los gobiernos atraviesan ciclos, momentos buenos y malos. Este parece ser, para Milei, uno de los más complejos desde su llegada al poder.

El desafío es doble. Por un lado, político: dar señales claras de integridad y recuperar confianza. Por otro, económico: sostener el rumbo general pero introducir ajustes que permitan aliviar la situación de sectores productivos y sociales que hoy están bajo presión.

Porque el riesgo de fondo es otro. Pensar en una transición larga —de siete u ocho años— donde algunos sectores desaparezcan esperando ser reemplazados por otros puede volver inconsistente el plan. Y ese es, probablemente, el punto más delicado del presente: cómo transitar el cambio sin romper lo que todavía sostiene a la economía real.

Ahí, más que paciencia, lo que empieza a ponerse a prueba es la capacidad de reacción.

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