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Daniel Salzano, el hombre que no entra en una columna

POR PANCHO MARCHIARO.

10/01/2026 | 12:38Redacción Cadena 3

Perspectiva Córdoba

Daniel Salzano.

FOTO: Daniel Salzano.

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Las autoridades de Cadena 3 me han pedido algo que es imposible de hacer: relatar en una columna la historia de una persona que se dedicó a hacer columnas, pero que, paradigmáticamente, no entra en una columna. Así que haré un recorte muy personal y subjetivo de Daniel Salzano: gran periodista, poeta y autor de canciones.

Esta semblanza de Salzano tiene dos particularidades. Primera: no es nada objetiva, porque Salzano fue mi amigo; mejor dicho, yo fui su aprendiz, su seguidor. Por consiguiente, todo lo que cuente aquí va a estar muy atravesado por el cariño, el afecto y la emoción de una persona que, en cierta medida, cambió mi vida y la de muchos otros cordobeses, empezando por sus lectores.

La segunda característica es que, al final, te voy a contar una de las anécdotas más desopilantes y maravillosas de la historia contemporánea de Córdoba, que naturalmente lo tiene a él como protagonista.

El dandy de la calle Charcas

Pero empecemos por el comienzo. Salzano fue un hombre que nació en 1941 en la calle Charcas, en plena barriada de Córdoba. Era hijo de un ferroviario y de una costurera. Por eso, aunque nadie lo sabe, Daniel podía enhebrar una aguja y reparar su propia ropa. Sí, ese dandy, ese flâneur, ese personaje de trajes vistosos que recorría la peatonal buscando una canción desesperadamente y eligiendo palabras, también sabía arreglar sus propios sacos.

Salzano tuvo la suerte de conocer a Cristina y engendrar a León en Argentina, pero cuando vino la noche política de nuestro país, debió emigrar a España. Allí continuó con su carrera como escritor y poeta. De hecho, siguió publicando en La Voz del Interior desde España como si nunca se hubiera ido de los barrios de Córdoba capital. Escribió en ese diario desde 1968 y hasta muchos años después de haber fallecido; cuando murió, el diario no sabía qué hacer con sus páginas de los sábados, así que siguieron poniendo sus notas. En cierta medida, se fue volviendo inmortal.

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Un poeta de bares y cines

Salzano era un personaje de cafés, al punto que todavía hoy lo podés encontrar (en espíritu y en bronce) en el Sorocabana, frente a la Plaza San Martín. Este escritor inexplicable también fue un gran gestor cultural: fundó el cine Sombras, el cine El Ángel Azul (dos veces), el Centro Cultural España Córdoba y el Cineclub Municipal Hugo del Carril.

Además, fue el autor de canciones emblemáticas para Baglietto y, sobre todo, para Jairo. Seguro han escuchado "Milagro en el Bar Unión" o "El Ferroviario", grandes letras que ya caracterizan al cancionero nacional.

Era un personaje único. Se sentaba a tomar un café y, mientras escribía una nota, a veces pegaba un puñetazo sobre la mesa porque no sabía cómo terminarla. El mozo ya reconocía esa instrucción y venía con una bandeja llena de ideas para que Daniel pudiera retomar el concepto, terminar su columna y hacernos felices a todos los lectores.

El Ángel Azul y el final feliz

Te había prometido una anécdota. Me dan ganas de contarte cómo era su casa, que tenía dos leones que parecían los de la Metro-Goldwyn-Mayer, o las fiestas que hacía, pero elijo esta historia apasionante:

Cuando Daniel era muy joven, fundó el cine Sombras. Les fue tan bien que reunieron una verdadera fortuna. Junto a sus socios empezaron a discutir qué hacer con el dinero y surgieron tres ideas: dar la vuelta al mundo, hacer una película o fundar otro cine. Uno hoy piensa: "¡Salzano, da la vuelta al mundo!". Pero no, decidieron fundar un segundo cine: El Ángel Azul.

No sabían que los militares estaban golpeando la puerta de la historia argentina. Imaginen cómo terminó esa historia: lo perdieron todo. Sin embargo, hay noticias buenas: treinta años más tarde, una empresa compró el viejo predio de El Ángel Azul y ¿a quién llamaron para que lo volviera a dirigir? A él.

Como todos los poemas de Salzano, esta semblanza —que seguramente no le hace justicia— al menos tiene un final feliz.

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