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Política esquina economía

Macri vs gobernadores: la ingenuidad mató al gato

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Cristina Fernández los tenía cortitos. En los primeros cinco meses de 2015, en su último año de gobierno, con campaña electoral y con casi todos los distritos bajo gobernadores peronistas, de cada 100 pesos recaudados, 44 iban para la Nación. Se los quedaba ella. Y 27 iban a las provincias (el resto iba básicamente a pagar jubilaciones y subsidios de la Seguridad Social).
Tres años después, en los mismos cinco meses, de cada 100 pesos apenas 38 fueron a la caja fuerte de Macri, mientras 32 quedaron para los gobernadores.
En términos absolutos, y básicamente por efecto de la inflación, los fondos disponibles para el gobierno nacional aumentaron 89 por ciento entre 2015 y 2018. Mientras tanto, los fondos para las provincias crecieron 157 por ciento. Sobre estos destinos presupuestarios no hay discusión: surgen de las planillas oficiales del Ministerio de Hacienda. 
Y es un proceso que parece profundizarse. Si no se compara con 2015 sino con el año pasado, en los primeros cinco meses del año la chequera de Nicolás Dujovne engordó apenas 16 por ciento –menos que la inflación– mientras que los recursos que encaran para las provincias crecieron 46 por ciento interanual (y los de Anses lo hicieron en 25 por ciento).
Es el resultado de haber cumplido fallos judiciales generados por las provincias en los años en que el kirchnerismo incumplía compromisos, de haber dado por hecho que otras demandas se iban a perder, de haber desestructurado el Fondo del Conurbano a cambio de enormes concesiones a las provincias, de firmar consensos fiscales que no tenían detrás el poder político para imponer su cumplimiento. Entre muchas otras cosas.

La liga de los pícaros

Macri debe masticar veneno cuando escucha a los gobernadores decir que “la mayoría de las provincias no tienen déficit fiscal” y que, por ende, el que tiene que ajustar, ahora que llegó la hora de la verdad, es el gobierno nacional, que tiene los números en rojo.
Por ingenuidad, por un pésimo cálculo o porque no le quedaba otra que comprar gobernabilidad, Macri les cedió todo y mucho más a las provincias en los primeros dos años de Gobierno. Que encima fueron los años del gradualismo. O sea: el Presidente gastó buena parte de sus recursos en “comprarles” a los gobernadores un respaldo que, en realidad, es mucho más necesario ahora que antes. Porque antes el ajuste se postergó. Y ahora es ineludible.
De haber hecho al revés, es probable que hoy la Nación tuviera números mucho más balanceados. Y muchísimas provincias, es seguro, estarían en rojo, tirando a incendiadas.
Con estos antecedentes es que el Gobierno se dispone a negociar con el sector de la oposición peronista que conforman una liga de mandatarios pícaros y los diputados y senadores que juegan a que a veces les responden y a veces no les funciona el grupo de Whatsapp.
Macri ya no tiene nada que darles. Es más: tiene que pedirles. Y ellos tienen sólo hasta tres incentivos para llegar a un compromiso (no quiere decir que todos tengan los tres incentivos juntos): una eventual cuota de responsabilidad social y política, que ningún cinismo debe descartar de plano; el temor a que una explosión sea demasiado grande y también se los lleve puestos (aunque saben que el culpable de cualquier hecatombe ante el electorado sería Macri); el riesgo de que, si todo se va de las manos, terminen dejándole la mesa servida otra vez al kirchnerismo.

Nada que ofrecer al resto

Del resto –massistas, kirchneristas– es difícil esperar algo. Sin el manejo de distritos, estos dos sectores no encuentran con facilidad qué negociar eventualmente con un gobierno al que ahora ya no conviene quedar muy pegado. Un ejemplo: a falta de una provincia para la cual recibir dinero y en la cual hacer obras, a Massa le servía que Macri, cuando salía elegantemente del cepo y del default, al inicio de su mandato, lo paseara por Davos como si se tratara de su delfín en la oposición. Pero ahora el massismo no tiene nada que obtener: ni prestigio ni presupuestos. 
El kirchnerismo ampliado, incluso, ni siquiera está en condiciones de negociar dejar de darle manija al Club del Helicóptero: ya ha dejado de hacerlo para prevenirse de que alguien lo apunte como culpable de una crisis. Esa es una de las razones para el silencio de Cristina Fernández.

Fórmula

Son pésimas condiciones para ir a buscar un arreglo al Congreso. Todavía no hay números siquiera preliminares. Pero algunos legisladores del peronismo que gobierno van dando algunas proporciones de lo que a ellos les parecería razonable. La mitad del ajuste que debe hacer el fisco debería recaer en el propio gobierno nacional. Alrededor de un 30 por ciento, en los dos distritos principales de Cambiemos y del país (la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires) y el 20 por ciento restante en el resto de las provincias.
Esos números, es obvio, son inversamente proporcionales a la capacidad de negociación y presión que tiene cada uno en este truco en el que se juega el futuro.

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