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Opinión

Política esquina economía

Este domingo, prendele una vela al empate

Las Paso son más cruciales que la elección de octubre. No definen presidente. Pero determinan si habrá caos o una transición racional. Y si Argentina peleará el ascenso o se hundirá en su pasado.

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Estamos hartos de escuchar que las Paso del domingo no significan nada. Es falso. Significan todo. Hay un aspecto, al menos, por el que serán más cruciales que la general de octubre o el eventual balotaje de noviembre. 
En las últimas dos se va a definir quién va a gobernar la Argentina hasta 2023. Y eso no es para desmerecer.

Pero este domingo se va a definir cómo va a ser la transición desde el lunes próximo hasta el traspaso de gobierno el 10 de diciembre. Serán 125 larguísimos días. Y serán mucho más definitorios para el futuro institucional, político y económico del país que el mero hecho de saber si el futuro presidente será Pelopincho o será Cachirula.

Desde hace un año y medio, una incógnita pende como un hacha sobre la Argentina: ¿Nuestra élite política -oficialista y opositora- tendrá esta vez las agallas suficiente para poner en caja las cuentas públicas y para que la economía complete la reconversión que ya no puede seguir esquivando? ¿O, como otras veces, van a tirarse la papa caliente entre sí a la espera de que una crisis homérica -una hiperinflación, un corralito, una megadevaluación, un default- licuen déficits y disimulen ineficiencias por un tiempo, hasta que vuelvan a aparecer, como las manchas de humedad en la pared cuando se repintan sin cambiar los caños rotos?

Ascendemos o descendemos

Es la pregunta del millón. Si rompe el maleficio, Argentina tendrá por delante un par de años duros para completar el ajuste iniciado hace un año por Macri y luego pasará a jugar en la A. Si arruga y vuelve a su pasado de mitos mal curados, descenderá un escalón más para despedirse de sus hermanos latinomericanos.

Traducido a los mercados -y esto incluye a todos los agentes, desde los grandes inversores hasta el último consumidor que decide comprar o no una heladera- esto implica dos escenarios claros: el primero es tentador porque puede ofrecer un largo futuro para ahorros, inversiones, empleos y proyectos; el segundo es una garantía de pasado, del cual hay que huir con lo puesto, enterrando a medio metro más los dólares, emigrando adonde tenga sentido trabajar y postergando otra vez cualquier modernización de un país miserable. Y por eso las Paso del domingo serán claves. 

Macri, con rumbo único

El macrismo está claramente en la línea de ir por el ascenso. No porque los Macri sean más patriotas, más ambiciosos o más racionales. Es porque ese es su programa, que no supo, no quiso o no pudo hacer efectivo en sus dos primeros años de gestión, pero que terminó activando por las malas a principios de 2018, cuando se asomó al infierno y el FMI le tiró una soga. 

De manera que, si Macri es reelegido, no habría cambio de rumbo. Al contrario, sería, por primera vez, un ajuste ratificado en las urnas.

Las dudas son con el kirchnerismo. Allí se librará una batalla entre su militancia sentimental y sus políticos pragmáticos, liderados por el propio Alberto Fernández. El cristinismo puro e ingenuo no especula. Querrá abandonar el ajuste el primer día si Fernández es elegido. 

Pero el albertismo (el candidato, los gobernadores, los barones) no come vidrio. Si ganara las elecciones, podría tomar un camino u otro, según lo que más convenga, de acuerdo al cálculo racional de cualquier actor político experimentado.

Alberto y el caos

Si resultara elegido, ¿a Alberto Fernández le convendría el caos inflacionario o el duro orden del ajuste?
Depende. El caos le convendría siempre que sucediera antes de que él asuma, por acción u omisión de un Macri ya vencido que no pueda aguantar la actual política hasta el 10 de diciembre. Si las cosas se les fueran de la mano a un Macri delarruizado, Fernández podría decir el famoso “vieron, yo les dije”.

Y el día después de asumir podría ponerse a repartir pesos entre gobernadores, empleados estatales y jubilados. Podría condonar los créditos UVA. Tomar los pesos que el Central paga en Leliq y dárselos a los jubilados. Podría hacer todas las inconsistencias que ha dicho en la campaña. Los pesos que repartiría valdrían mucho menos que hoy. Pero en semejante caos eso no importaría mucho. La llamarada de inflación y devaluación habría licuado una vez más el déficit fiscal -desatándole las manos- y licuado los salarios aún más para que Argentina exporte sí o sí, una vez más, por las malas y no por las buenas.

Alberto y el ajuste racional

Pero, si Macri resistiera y no lograran delarruizarlo, para Fernández no sería lógico ni racional asumir el 10 de diciembre y declarar él el fin del ajuste. Sería pegarse un tiro en el pie. En poco tiempo, la situación sería aún más inmanejable que hoy. Y el culpable sería él.

De manera que Fernández tiene incentivos cruzados para incentivar la desestabilización financiera del gobierno de Macri, pero también para mostrarse como un moderado que no hará locuras si es elegido. Por eso su campaña es tan poco clara, su supuesto equipo fluctúa entre lo ambiguo y la vaguedad y sus presuntos asesores dicen cosas contradictorias.

Alberto Fernández es todo servicio. Se ofrece para encabezar la “recuperación” repartiendo a rolete pesos sin valor si el plan Macri no llega a diciembre (como hicieron Duhalde y Kirchner tras la caída de De la Rúa) o para continuar el ajuste si Macri pierde la elección pero aguanta de pie hasta entregarle el mando.

Un empate en el que ganan todos

¿Por qué, entonces, serán tan definitorias las Paso del domingo? Por una razón clara: si el resultado muestra chances de que el kirchnerismo va a volver al gobierno los agentes económicos (todos, desde el gran inversor hasta el pequeño consumidor) probablemente van a llegar a la conclusión de que es mejor retirarse antes de que lleguen los bárbaros. Y probablemente el kirchnerismo y Alberto Fernández den señales en ese mismo sentido para garantizar que esa profecía autocumplida se concrete. La huída provocará la huída.

Pero si el resultado muestra que Macri puede llegar a retener la Presidencia en primera o en segunda vuelta, en una de esas la Argentina, por primera vez, no huye de sus demonios y los enfrenta.

En ese marco, Fernández difícilmente podrá mostrarse como un incendiario, porque no obtendría los votos moderados necesarios para ganarle a Macri en primera o en segunda vuelta.

Y en ese marco, sólo en ese marco, ambos candidatos con chances podrían llegar al 10 de diciembre remando en el mismo bote de la racionalidad.

Según las encuestas, si el domingo se impone el kirchnerismo y no lo hace por más de 4 o 5 puntos, la elección de octubre y la Presidencia está para cualquiera de los dos. En los hechos, será un empate.

Y por eso, ese es el escenario más conveniente para la Argentina. Es el escenario racional, donde nadie sufre una derrota irremontable que lo lleve a tirar del mantel en su caída y donde, al contrario, a todos les conviene presentarse bañados y peinados para la primera comunión.

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