Incontinencia urinaria: un procedimiento ambulatorio sin cirugía que transforma vidas
Afecta a una de cada cuatro mujeres en el mundo, pero la mayoría lo esconde, lo minimiza o no consulta. Este procedimiento mejora la calidad de vida.
Buenos Aires, 5 de julio (NA) -- La incontinencia urinaria es un problema común que a menudo genera vergüenza, y sus síntomas pueden variar desde pérdidas ocasionales al toser o estornudar, hasta una necesidad urgente de orinar que no permite llegar al baño a tiempo.
Esta afección, que consiste en la pérdida involuntaria de orina, es más común de lo que indican las estadísticas oficiales, ya que muchas personas no se atreven a consultarlo con un médico.
Frases como "son solo unas gotitas" o "es normal después de tener hijos" son frecuentes en los consultorios de urología. Quienes las dicen, a menudo llevan años lidiando con un problema que tiene nombre, tratamiento y solución.
Una revisión sistemática internacional publicada en 2025 y referida por la International Continence Society estima que el 25,7% de las mujeres adultas sufre algún grado de incontinencia urinaria, lo que representa aproximadamente una de cada cuatro. En países con menor acceso al sistema de salud, esta cifra puede ser aún más elevada. A nivel global, la condición afecta a cerca de 200 millones de personas, siendo las mujeres el 70% de los casos.
En Argentina, la situación es preocupante, ya que estudios locales indican una prevalencia del 28,35% en mujeres, con un notable incremento a partir de los 35 años: el 55% de las mujeres de entre 40 y 45 años reportan síntomas.
A pesar de ello, solo el 7,89% de las afectadas se consulta espontáneamente con un profesional, lo que significa que la gran mayoría permanece en silencio.
El mito que más daño hace
Lo que es común no es necesariamente normal, y esta distinción es crucial, ya que si una afección se considera inevitable, nadie la tratará. La Organización Mundial de la Salud define la incontinencia urinaria como "la pérdida involuntaria de orina que condiciona un problema higiénico y/o social", y la clasifica como una prioridad de salud.
Sin embargo, es probable que la prevalencia real esté subestimada debido a factores sociales como la vergüenza y el miedo, que dificultan la discusión abierta sobre los síntomas.
El impacto de esta condición va más allá de lo físico, ya que muchas mujeres dejan de hacer ejercicio, viajar o participar en actividades sociales por temor a sufrir un episodio. El aislamiento, la baja autoestima y el deterioro en la vida de pareja son consecuencias documentadas que rara vez se mencionan en el consultorio.
Cuándo aparece y por qué
La incontinencia no discrimina etapas de la vida, aunque hay momentos de mayor vulnerabilidad. El embarazo y el parto afectan el suelo pélvico, que sostiene la vejiga, el útero y el recto.
La menopausia, con la disminución de estrógenos, también impacta la calidad del tejido urogenital. Además, el sobrepeso, el sedentarismo y la constipación crónica son factores que contribuyen.
La relación con el índice de masa corporal es clara: la prevalencia de incontinencia en mujeres con normopeso es del 13%, sube al 43% en quienes tienen sobrepeso, al 58% en obesidad tipo I y alcanza el 100% en casos de obesidad tipo III.
Existen tres tipos principales de incontinencia: incontinencia de esfuerzo (escapes al toser, reír o estornudar), incontinencia de urgencia (necesidad imperiosa de ir al baño) y incontinencia mixta, que combina ambas. Cada tipo tiene un tratamiento específico, y es un error intentar resolverlo sin un diagnóstico profesional.
La alternativa sin bisturí que pocos conocen
Además de los ejercicios de Kegel y la kinesiología, la medicina ofrece opciones mínimamente invasivas que pueden mejorar la calidad de vida sin cirugía convencional.
El urólogo Martín Lerner (M.N. 99.513) menciona un procedimiento endoscópico que se realiza de forma ambulatoria con sedación, sin incisiones ni necesidad de internación. A través de la uretra, se aplica una sustancia biocompatible llamada elastómero de polidimetilsiloxano, que mejora el cierre uretral y reduce o elimina la pérdida involuntaria de orina.
"Este tratamiento tiene más de 30 años de experiencia y cuenta con la aprobación de organismos como la FDA y ANMAT", destaca Lerner, quien agrega que se utiliza en varios países con buenos resultados en pacientes adecuadamente seleccionados.
La clave está en la selección: la indicación depende de una evaluación médica que considera el tipo de incontinencia, antecedentes clínicos y estudios complementarios. No es una solución universal, pero sí una opción concreta para quienes cumplen con los criterios.
Consultar, la decisión más difícil y más necesaria
El recorrido de quienes sufren incontinencia urinaria no diagnosticada suele incluir años de estrategias caseras, como reducir la ingesta de líquidos o evitar el ejercicio intenso, que no abordan el problema de fondo y generan más ansiedad.
El dato más elocuente es que en Argentina, apenas el 7,89% de las mujeres con síntomas busca ayuda profesional. Perder orina no debería ser algo normalizado, sino un signo que merece atención. Las opciones son amplias, desde la rehabilitación del suelo pélvico hasta procedimientos ambulatorios de última generación, pero ninguna de estas opciones se activará sin el primer paso: consultar.
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¿Qué es la incontinencia urinaria?
Es la pérdida involuntaria de orina que puede variar desde escapes ocasionales hasta episodios incontrolables.
¿Qué porcentaje de mujeres la padece?
Se estima que el 25,7% de las mujeres adultas sufre incontinencia urinaria a nivel global.
¿Cuáles son los tipos de incontinencia?
Los tipos principales son la incontinencia de esfuerzo, de urgencia y mixta, cada una con su tratamiento específico.
¿Qué tratamiento ambulatorio existe?
Se aplica una sustancia biocompatible a través de la uretra para mejorar el cierre uretral y reducir pérdidas involuntarias.
¿Por qué es importante consultar?
La mayoría de las mujeres no consulta a un profesional, lo que retrasa el tratamiento y mejora de la calidad de vida.
[Fuente: Noticias Argentinas]






