Baja el dólar y se queman las bibliotecas
20/02/2026 | 14:43Redacción Cadena 3
Hay semanas en las que la realidad económica argentina no solo descoloca a los analistas: directamente incendia manuales enteros. El dólar baja y, con él, se queman bibliotecas. No porque no se haya escrito sobre esto, sino porque lo que está ocurriendo contradice casi todos los reflejos aprendidos.
El tipo de cambio mayorista abrió en torno a los 1.389 pesos, por debajo de los 1.400, y el resto de las cotizaciones se movió en la misma sintonía, sin brechas relevantes. En lo que va del mes, el dólar cayó cerca de 4%. El dato, aislado, podría no llamar tanto la atención. El problema —o la rareza— es el contexto en el que sucede.
Primero, ocurre en pleno verano, cuando históricamente a la Argentina le faltan dólares. Segundo, sucede con un Banco Central que no está vendiendo reservas para planchar el tipo de cambio, sino todo lo contrario: está comprando divisas de manera sostenida. El Banco Central de la República Argentina adquirió en enero un promedio diario de 58 millones de dólares y en febrero elevó ese ritmo a unos 93 millones por día. En el proceso, inyectó alrededor de 1,6 billones de pesos en la economía.
En condiciones normales, este esquema tendría efectos previsibles. Si el Banco Central compra dólares y libera pesos, el peso debería perder valor, el dólar subir y la inflación recibir presión adicional. A la vez, la tasa de interés tendería a bajar. Pero nada de eso está pasando. El dólar baja, la tasa se mantiene alta y la economía real no termina de reaccionar.
¿Por qué? Porque el Gobierno está absorbiendo pesos por otro lado. Toma deuda en moneda local para evitar que ese exceso de liquidez se traduzca en inflación. Es una ingeniería fina, compleja y, sobre todo, difícil de sostener en el tiempo si la economía no empieza a demandar esos pesos para crecer.
Hay, dentro de este esquema, una señal moderadamente alentadora: la inflación mayorista de enero fue del 1,7%, un dato relativamente benigno frente a los registros minoristas. Pero eso no alcanza. Para que este equilibrio extraño se mantenga, hace falta que la actividad económica absorba los pesos que hoy el Estado está neutralizando de manera artificial.
El problema es que otra de las anclas que ayudaba a absorber liquidez empieza a debilitarse. El superávit fiscal, que durante meses permitió "congelar" pesos en las cuentas del Estado, se achicó de forma significativa en febrero y enfrenta nuevas presiones. Las provincias comenzaron a recibir mayores transferencias y aparecen compromisos futuros que pueden tensionar el gasto.
Uno de ellos es el Fondo de Cese Laboral, el esquema que busca reemplazar las indemnizaciones tradicionales. Si se generaliza, implicará que el sistema previsional tenga que afrontar pagos futuros sin que las empresas aporten un extra inmediato. Eso supone una presión adicional sobre organismos como la Anses y, en definitiva, sobre las cuentas públicas.
Todo esto ocurre mientras el Gobierno intenta sostener un delicado equilibrio externo y fiscal, en una economía que todavía no termina de arrancar. El resultado es esta situación anómala: el Banco Central compra dólares en una época en la que suele escasear la divisa, el dólar baja y la inflación, por ahora, no se desborda.
Es un escenario raro. Muy raro para la historia económica de la Argentina. La pregunta no es si el esquema es ingenioso —lo es—, sino cuánto tiempo puede sostenerse sin que la economía real empiece a acompañar. Porque cuando las bibliotecas se queman, tarde o temprano alguien tiene que escribir una nueva explicación. Y esa explicación, como siempre, la va a dar la realidad.





