Los Suburbios del Fútbol

Adolfo Res, de película

El Loco del Grabador, mentor de la increíble vuelta a Boedo

Es historiador, tiene 57 años, y hace 21 comenzó predicando

sobre el Viejo Gasómetro en bares del barrio. Armó su segundo hogar

en la legislatura y transformó su utopía en proeza.

06/08/2019 | 16:40

Diego Borinsky

Diego Borinsky

De mostrarles a 20 parroquianos unas fotos clavadas con chinches en cartones en el bar Dante, a citar a Perón frente a una multitud de 110 mil cuervos que lo aclamaban en la Plaza de Mayo. De repartir volantes en los ingresos al Bidegain a pararse en el techo de una combi frente a la embajada de Francia. De distribuir una publicación de 4 páginas en 400 puntos de la ciudad a dejar trabajo y vida social para montar su segundo hogar en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires. De dar clases de historia santa a sentir un día que les temblaban las piernas frente a las cámaras de una señal televisiva internacional, justamente en territorio santo felizmente recuperado.

“Rincón de las utopías”.

Así se llaman los talleres sobre la vida sanlorencista que dicta Adolfo Bernardo Resnik. Y nunca mejor puesto ese nombre para retratar el ideario que guía a un hombre, auténtico impulsor de esta epopeya que demandó 21 años de lucha y resulta casi imposible de empardar en el mundo. ¿Quién o cómo, acaso, es capaz de obligar a una multinacional a tener que deshacerse de un terreno de 36 mil metros cuadrados en plena ciudad de Buenos Aires sin un mínimo padrinazgo político, apenas con la incontenible convicción de argumentos históricos y la prepotencia de la movilización popular?

El Loco Res lo hizo, aunque todavía no pueda bajar la guardia porque de la mole de cemento aún no se ve ni un ladrillo. “No hay título ni Copa que hayamos ganado que se compare con esto; lo único más importante que la vuelta a Boedo es la fundación del club”, argumentará el Padre Massa del regreso, fundamentos irrebatibles en mano, y más vale no contradecirlo, porque nadie conoce la historia de San Lorenzo de Almagro como él.

Ya estamos entendiendo por qué.

Delante de la bandera de Jacobo Urso, el futbolista que dejó la vida por San Lorenzo.

Adolfo Bernardo Resnik nació en la ciudad de Buenos Aires hace 57 años, y es el mayor de tres hermanos, por delante de Diego y Lorena. En 2003, con su hermano varón 10 años menor, inició un programa de radio llamado “San Lorenzo ayer, hoy y siempre”. Parece que mucha fe no se tenía. “Pensamos que iba a durar un año, por eso me puse Res como seudónimo, porque si iba a fracasar, que fracasara Res y no Resnik. Así dejábamos el apellido a salvo”, reconoce, sonriente, sin imaginar entonces que a su padre, hoy, le explotaría el corazón de orgullo y emoción viendo delirar a más de 120 mil cuervos en el predio donde hasta hacía unas semanas se levantaba un supermercado.

A Res, evidentemente, la intuición le falló: su programa ya roza las mil salidas al aire. “Buenas tardes amigos sanlorencistas, emisión 987 de San Lorenzo ayer, hoy y siempre; vivimos un tiempo donde se ha profundizado la decadencia en casi todos los aspectos de nuestras vidas. Obviamente, el periodismo no es la excepción”, arranca nuestro protagonista, prendiendo mecha desde el inicio, el domingo 28 de julio de 2019 por Radio Génesis, AM 970. Y enseguida critica el “pasquín” que se repartió en el partido ante Cerro Porteño, porque allí se afirma que la idea del regreso a Avenida La Plata nació en 2006.

“Hacemos un programa con la historia del club, y no solo de fútbol, sino de todos los deportes, actividades culturales, institucionales y de la hinchada. Es una mezcla de folclore con hacer pensar a la gente, aunque también es una pelea contra el mundo, porque la verdad es que los medios partidarios, en el 98 por ciento de los casos, y hablo de todos los clubes, no sólo de San Lorenzo, está financiado por el oficialismo o por la oposición. Nosotros nos sostenemos con el verdulero, que pone 300 pesos, o con el de la óptica, que pone 500. Con mi hermano vamos lo más atrás posible en el tiempo con los recuerdos. Yo valoro a los dirigentes de los primeros 30 o 40 años del club, que convirtieron a San Lorenzo en la institución más importante del país. Utilizamos separadores, hay mucho trabajo, inversión en materiales históricos, fotográficos y fílmicos, leemos crónicas de revistas viejas como El Gráfico, La Cancha o Alumni”.

Adolfo y su hermano Diego, juntos conducen un programa de la historia sanlorencista desde 2003.

Adolfo Res es un auténtico predicador cuervo, aunque antes deberíamos decir que es un arqueólogo que va con lupa y linterna detrás de cualquier registro histórico que le permita reconstruir usos y costumbres de otros años. No sólo tiene su programa semanal, sino cinco libros escritos (uno por el centenario del club, en 2008), dos publicaciones mensuales (El Sanlorencista y Raíces del Deporte Argentino) y los talleres que da de lunes a jueves por la noche.

“Los diarios que hacemos son gratuitos, de 4 páginas, y los repartimos con mi hermano en bares, kioscos y centros culturales de la ciudad, son 400 puntos en total, lo hacemos todo nosotros: tiramos el centro, vamos a cabecear y marcamos en la mitad”, explica en clave futbolera.

El curso sobre la historia del club que da de lunes a jueves de 18 a 21.30 en un salón que alquila en Parque Centenario consta de 4 talleres y dura dos años. Es decir, el hombre diseñó una carrera con su pasión. El plan de estudios abarca un primer cuatrimestre con la historia deportiva y cultural de San Lorenzo, desde 1908 hasta 1959 (incluye los campeones de bochas y de tenis, por citar un par de ejemplos). Segundo: de 1960 hasta nuestros días. Tercer cuatrimestre: vida política del club, todas las elecciones desde 1920, las promesas incumplidas no pueden faltar. Ultimo cuatrimestre y frutilla del postre: taller de la vuelta a Boedo. Se muestran imágenes, por supuesto, y los participantes se llevan material inédito.

Res asegura haber conseguido un gol de Isidro Lángara a River de 1939 que no tenía nadie y la vuelta olímpica completa, en super 8, que el San Lorenzo campeón del Toto Lorenzo dio en la cancha de Huracán en 1972. “No lo quiero subir a YouTube, y no lo hago por mezquino, sino porque lo van a utilizar para cargar y no le darán el verdadero valor histórico que tienen esas imágenes -razona, y prosigue-. Yo estoy en contra del modelo político del club de los últimos 60 años, quiero crear dirigentes que conozcan profundamente la historia, y en esa dirección considero que son muy importantes los talleres que damos”.

El pequeño Adolfo mamó el sentimiento azulgrana de la mano de su padre, Pablo, quien lo llevaba al Viejo Gasómetro: “Era un espacio de encuentro social y cultural, no sólo los partidos. Era un asombro urbano”. Recuerda que se las rebuscaba bastante bien jugando a la pelota y que, en un campeonato intercolegial, el Nano Gandulla, histórico formador de juveniles de Boca, le echó el ojo y lo invitó a practicar en La Candela, donde se moldeaba el semillero xeneize. “Habrá sido por el año 77 o 78, yo estaba en tercer año del secundario y mi viejo le dijo que no a Gandulla, que tenía que terminar el colegio. Mi viejo era demasiado cuervo, yo creo que le dijo que no por eso; si el que le hablaba hubiera sido un entrenador de San Lorenzo, creo que habría agarrado viaje”, sostiene.

Res estudió en la escuela industrial José Luis Delpini y se recibió de calculista de hormigón armado. Paradojas de la vida: sin imaginar qué le depararía el destino, ¡ya estaba para ayudar a construir un estadio! Casualmente, en 1980, una de sus casas (el Gasómetro) cerró sus puertas y la otra (la escuela) se mudó de barrio: de Flores a Lugano. Luego hizo un año de ingeniera y dos de sociología, y al final dejó los estudios universitarios para convertirlos en exclusivamente azulgranas.

-Mi viejo estaba en la construcción y murió en el 87, bastante joven, y con su muerte yo también enterré la construcción. Tenía 25 años y largué todo. Trabajé en el comercio y en la década lamentable de Menem me fundí y tuve que agarrar un taxi, ni siquiera era propio, sino que trabajaba de chofer. Desde el 2003 laburo en la Municipalidad, antes en el Ministerio de Cultura, hoy en el de Espacios Públicos.

-¿Quién era tu ídolo de la infancia?

-Agarré una época linda, la del Ratón Ayala, Cacho Heredia, el Sapo Villar, el Lobo Fischer, la Oveja Telch, no puedo elegir a uno solo. Ahora, si me preguntás quién es el máximo símbolo del club, no tengo dudas: Angel Zubieta, capitán durante 13 años, figura del campeón del 46, el mejor equipo de la historia del club. En un partido contra Tigre, Zubieta se golpeó la cabeza al final del primer tiempo, lo atendieron en el vestuario y salió a jugar el segundo con conmoción cerebral. Esto lo descubrí investigando y lo cuento en los talleres. El otro es Jacobo Urso.

-El jugador que se murió por un golpe en un partido.

-Ese. ¿Viste que muchas veces los jugadores dicen que dejan la vida por el club? Bueno, Urso la dejó de verdad. Pasó en 1922, en la vieja cancha de Estudiantes de Buenos Aires, en Dorrego y Figueroa Alcorta: chocó la cabeza con un rival, cayó, se le fracturó una costilla y en vez de salir, como no había cambios y no quería dejar al equipo con uno menos, siguió jugando. La costilla le perforó un riñón, estuvo siete días internado en el hospital Ramos Mejía y se murió. En ese interín en que estuvo internado, el diario El Telégrafo le realizó una entrevista. “Lo hice por mi club, en este momento en que está por ser el mejor club por las tribunas”, declaró Urso, fíjate vos.

-¿Qué hacías en Avenida La Plata?

-Iba a ver los partidos con mi viejo, esa es la primera imagen que tengo: entrando por el portón de Avenida La Plata a la popular local. También iba a la pileta, hacía complemento de pesas y jugaba a la pelota. Incluso cuando dejó de jugarse allí, en 1980, el club siguió funcionando hasta el último día de 1982. En esos años armábamos picados con amigos de 7 contra 7, a lo ancho, en el campo de juego del Gasómetro.

-¿Cuál fue el primer partido que viste?

-En 1967, contra Central Córdoba de Santiago, por el Nacional. Ahora, memoria tengo desde diciembre del 70, un 6-3 que San Lorenzo le ganó a Gimnasia con 4 goles del tucumano Albrecht. De ahí en adelante me acuerdo de todo: partidos, jugadores, hasta los cantitos.

-Si tenés que elegir un cantito.

-Por lo emotivo, me quedo con la despedida de Primera, el 29 de noviembre de 1981. Ya habíamos descendido, pero igual teníamos que jugar el Nacional. Fue contra Ferro en cancha de Ferro. Perdimos 3-1 contra el gran equipo de Griguol. “Ciclón, Ciclón tan solo es un año, te vamos a seguir, a donde quieras ir”, empezamos a cantar cuando faltaban 20 minutos y no paramos hasta después del pitazo final. Cacho Saccardi, el capitán de Ferro, llamó a todos sus compañeros y vinieron a aplaudirnos. La gente de Ferro también. Fue espectacular.

-Si tenés que elegir un partido en el Gasómetro.

-Ufff, tengo varios… Uno inolvidable fue el 3-1 a Boca en el 75, 12 de octubre, con dos goles de Premici de cabeza y uno de Scotta. Ese día nació el cantito “Que nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán”, con la música de “Pican pican los mosquitos” de Los Parranderos. Fue por el Nacional; en la vuelta de ese 3-1 les ganamos 5-3, el día en que Scotta batió el récord de los 47 goles en un año de Arsenio Erico.

-¿Lloraste mucho por San Lorenzo?

-Sí, por supuesto. Hay un partido que todavía hoy me genera angustia, fue mi primer gran llanto, y sigo buscando material: tengo los diarios, también El Gráfico pero me falta la revista Goles. Fue cuando Independiente nos eliminó de la Libertadores 73. Compartíamos grupo con ellos y Millonarios. En la ida, en nuestra cancha, empatamos 2-2 y Pestarino nos anuló un gol que hubiera significado el triunfo y la clasificación a la final. En la revancha, el Toto Lorenzo se fue a defender a Avellaneda y perdimos 1-0; el Rojo pasó a la final y ganó la segunda de las 4 Copas seguidas que logró en ese tiempo. Fue vox populi que San Lorenzo pidió control antidóping previo al partido, pero Independiente se negó. Ellos tenían un gran dirigente, José Epelboim. Ese día lloré más que con el descenso.

Basta charlar un rato con el Loco Res para corroborar que conoce la historia cuerva con un grado de detalle sorprendente. Ahora que lo descubrimos en esta entrada en calor vamos a dejar los recuerdos futboleros para introducirnos en la cronología de esta auténtica epopeya que concluyó en la vigilia santa del 30 de junio de 2019, antesala del instante en que el club volvió a tomar posesión de los terrenos del Viejo Gasómetro (a esa epopeya, volvemos a aclarar, aún le falta la construcción de la mole de cemento para cantar victoria).

Gran parte de los canales de noticias transmitieron en vivo ese momento festivo e inolvidable. Lo que muy pocos vieron, lo que muy pocos saben, en realidad, es que detrás de esos fuegos artificiales y rostros famosos, hay una lucha anónima de 21 años plagada de obstáculos.

El puntapié inicial, según establece el propio protagonista, se dio el 17 de julio de 1998. Res tenía 36 años recién cumplidos.

-Empezamos con mi hermano a dar charlas en el Café Dante, que era el verdadero café de San Lorenzo, en Boedo 745. Lamentablemente ese bar se perdió en 2003, después de nueve décadas, lo tendrían que haber salvado, pero bueno... Era un café emblemático, en la década del 20 los jugadores paraban ahí. Yo llevé unos cartones que todavía tengo, con los nombres y fotos de los primeros jugadores y dirigentes, del padre Massa, con imágenes del Viejo Gasómetro clavadas con chinches. Se juntaron unos 20 parroquianos, mientras otros seguían jugando al billar y miraban de reojo. La idea era hablar de nuestra historia, era una especie de predicador cuervo (¿era?). Ahí conté que San Lorenzo tenía que volver a Avenida La Plata. Parecía muy loco porque hacía 5 años se había inaugurado el nuevo estadio en el Bajo Flores, y en ese encuentro un señor de 80 años se largó a llorar. Me impactó, me quedó marcado, tuvimos que frenar la charla. Pero bueno, lo cierto es que el regreso se gestó en un lugar emblemático para todos los sanlorencistas, el Café Dante.

-Por esa época apareciste en el Programa El Aguante diciendo que comprarías Carrefour.

-Fue en 1999, justo había salido un premio muy grande por el Quini. Y dije: “Si hubiera ganado el Quini ese de los 30 palos, compraba el Carrefour de vuelta y hacía el Gasómetro de hierro y madera, te puedo asegurar”. Eso dije.

-¿Cómo siguieron?

-Continuamos con las charlas y al poco tiempo armamos un volante cuyo título era: “Diez razones para volver a avenida La Plata”. Ibamos con mi hermano antes de los partidos, cada uno parado en uno de los ingresos a la popular, y los repartíamos. Muchos hacían un bollo y lo tiraban a la mierda, así que los volantes que nos quedaban cerca los levantábamos (“éramos tan pobres”, diría el Negro Olmedo) y volvíamos a repartir. Insisto: hacía pocos años se había inaugurado el nuevo estadio, así que casi todos nos miraban raro.

-¿Cuáles eran esas 10 razones?

-Volver a ser el club más importante de la Argentina, como en los años 40, recuperar el viejo departamento cultural y el lugar en los medios, pero sobre todo que podamos mirar a la cara al Padre Massa cuando dejemos este mundo. Toda esta prédica la reafirmamos a partir del 5 de abril de 2003, cuando arrancamos con el programa de radio. Ahí pasábamos con frecuencia unos separadores con una música de fondo de Piazzolla y las 10 razones. El objetivo era que la gente comprendiera lo que se había perdido con Avenida La Plata. Todas las semanas, en el programa había una nota polideportiva, estaba la sección de fútbol y una galería de ídolos del pasado, pero la mayor parte era dedicada a avenida La Plata, con el objetivo de recuperar la identidad y pertenencia, para despertar a los que tenían amnesia y para informar a los pibes nuevos que desconocían la historia.

-¿Qué te generaba ir al Nuevo Gasómetro?

-Nosotros sufrimos los 14 años de deambular por Ferro, Huracán, Boca, Atlanta y Vélez. Muchos años gitaneando, así que el Bidegain fue devolvernos la dignidad. La vuelta a avenida La Plata es restituirnos la identidad.

-Daban charlas, tenían el programa de radio, repartían volantes, ¿cómo avanzaron?

-El 2 de diciembre de 2004 hicimos un acto en Avenida La Plata, conmemorando los 25 años del último partido jugado allí. Faltaba una semana para las elecciones del club y nadie se quería quedar afuera de ese acto. Se habrán juntado unas 700 personas. Ahí me mandé un discurso de 40 minutos explicando por qué había que volver. También hablaron Pato Perales, un jugador de basquet de la vieja Catedral, el equipo genial de los años 60, y el Colorado Romero, representante de la vieja hinchada. Enrique Escande, un notable periodista y autor de “Memorias del Viejo Gasómetro”, se mandó un discurso espectacular. Allí se habló de la Ley de Reparación Histórica para San Lorenzo. Después de aquel acto, al año siguiente, en 2005, nació la Subcomisión del Hincha, cuyo trabajo fue el motor de la vuelta. Yo estuve en la Subcomisión hasta 2015, 10 años, liderando un poco el asunto, con las marchas pero también con el trabajo social y cultural en el barrio.

-En 2007 se aprobó la Ley de Reparación.

-Exacto, el 11 de octubre. Fueron los primeros 4.501 metros que recuperamos gracias a la Ley de Reparación, la plaza Lorenzo Massa que estaba abandonada y que nosotros la pusimos en valor y donde 9 años después se inauguró el Polideportivo Robero Pando, que es donde juega actualmente el equipo de básquet, campeón de cuatro Ligas Nacionales consecutivas. Aquel espacio formaba parte de la tribuna visitante del Gasómetro. Con los aportes de la gente compramos una casa en la calle Mármol y la transformamos en una Casa de la Cultura, toda una movida con 20 actividades, teatro, cine, espectáculos de tango y folclore, de derechos humanos. Fue un cambio de cara del barrio.

El Polideportivo Roberto Pando, los primeros metros recuperados por el club.

El equipo de básquet de San Lorenzo celebra su cuarto título consecutivo de Liga Nacional de Basquet este año.

-¿Cuál fue el paso clave a partir de entonces?

-Presentar el proyecto de Ley de Restitución Histórica, el 11 de noviembre de 2010. Hasta ese momento, más allá de los 4.501 metros recuperados de la plaza, la discusión de la vuelta a Boedo estaba en los cafés. Y a partir de ese momento llevamos el tema al ámbito en el que lo definen los representantes del pueblo, que es la Legislatura. Si no, hubiera seguido siendo una discusión de café. Cuando aquel 11 de noviembre de 2010 presenté el proyecto, lo fundamenté, le di todo el contenido histórico. Hablé de la espada de Damocles que pendía en aquellos años sobre el club porque el Estado hablaba de abrir las calles Salcedo y Muñiz para un desarrollo urbano, y entonces San Lorenzo, coaccionado, terminó malvendiendo el predio entre 1982 y 83. Y resulta que a los 15 días de desprenderse de los terrenos, el intendente que sucedió a Cacciatore, Guillermo Del Cioppo, hizo caducar esas ordenanzas de las calles. O sea: fue una estafa doblemente comprobada.

-¿Qué pedían en la Ley que presentaron?

-El proyecto era con expropiación del Estado, la ley de máxima. Es decir: que el Estado pagara por esos terrenos porque era el que había obligado a San Lorenzo a malvender y tener que irse, con el verso de las calles y el desarrollo urbano. Todo mentira. Y vos fíjate que no hubo ni un solo medio partidario que hiciera referencia a nuestra presentación hasta un mes después. Fue un ninguneo total. Presentamos semejante proyecto en la Legislatura y durante un mes ni un solo medio partidario dio la noticia.

-¿Por qué hicieron eso? Si toda la gente de San Lorenzo quería volver a Boedo, ¿o no?

-Por mezquindades, porque los medios respondían al oficialismo de Rafael Savino, que nos tiraba en contra. El único programa en el que se dijo algo fue el de Eduardo Aliverti, porque mi hermano había estudiado en Eter, su escuela de periodismo, y Aliverti entonces leyó la gacetilla que le pasó mi hermano. Anunció que el ciudadano Adolfo Bernardo Resnik presentó el proyecto que pedía la aplicación de la ley 238 de utilidad pública. Para explicarlo en términos simples: yo quiero hacer un hospital en tu casa, vos sos el propietario, pero si existe una utilidad pública para 10 mil personas, listo, te pagan y te tenés que ir. Eso pedía. Fuimos a hablar con la gente de prensa de Legislatura de la Ciudad para explicarles de qué se trataba, pero hicieron como en el Lawn Tennis: miraban para un costado y para el otro. La cuestión, a partir de entonces fue convencer a los legisladores, porque nunca salió una ley del Concejo Deliberante que naciera de un ciudadano común. Y para ello la debía hacer propia un legislador. Así que codo a codo con Daniel Peso, un compañero de la Subcomisión del Hincha, empezamos a militar la Ley dentro de la Legislatura. Largamos todo, laburo y familia, para golpear puertas en los despachos, para hablar y convencer a los legisladores.

-No debe ser un trabajo sencillo.

-Para nada, porque primero pasás por un asesor o alguien que te recomiende, y después el legislador te cita a las 4 de la tarde y llega 3 horas después, viste, es como ir al médico sin turno. Había que tener una paciencia total, vivir ahí adentro de lunes a viernes, hubo que apretarse los cinturones. Pero así son las causas. Para las causas no hay tiempo libre.

Adolfo frente a la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, su segundo hogar durante un par de años.

El 25 de noviembre de 2010, en la puerta de la Legislatura de la Ciudad, Adolfo empezaba a hablarles a grupos cada vez más numerosos de gente. Fue antes dos mil cuervos aquella vez, la primera marcha, para celebrar que en el recinto habían levantado el proyecto. “Hoy acá no tengo ninguna duda que está el alma de Federico Monti -proclamó Res-, de Jacobo Urso, del Padre Massa, de todos los forzosos de Almagro. Acá están los pibes que no conocieron el Viejo Gasómetro, que son la llama encendida de esta lucha que no para más. Si nos llegan a denegar este proyecto, acá hay un montón de pibes que van a presentar miles de proyectos para volver a Avenida La Plata. Esto no lo pueden parar más, no lo paran más”. Estaba en lo cierto: no lo pararon.

La segunda marcha fue el 12 de abril del 2011. Se acercaban las elecciones para Jefe de Gobierno de la Ciudad, las que determinaron la reelección de Mauricio Macri, y era un buen momento para meterles presión a los legisladores. El efecto multiplicador de la causa resultaba evidente: ya no eran 2 mil los manifestantes sino 20 mil.

El 22 de junio de 2011 es otra fecha para resaltar en rojo en esta travesía desquiciada. “Ese día me recibí de loco”, asegura el propio Res, y el juez bajaría el martillo y afirmaría: “A confesión de parte, relevo de pruebas”. A ver de qué se trata…

-Ese día se llevó a cabo la reunión de la Comisión de Deportes y Turismo en la Legislatura -revive-. Era la primera Comisión que debía superar el proyecto de Restitución Histórica. Eran 9 miembros y necesitábamos un despacho favorable de mayoría. En el día a día dentro de la Legislatura tratábamos de convencer a cada uno de esos 9 legisladores. Y ese día llevé un grabador para pasar el tango “Adiós al Gasómetro”, donde se canta “se abrirán las calles, se harán muchas casas”. Es decir: uno de los argumentos que utilizaba para comprobar la estafa a San Lorenzo. Llevé el grabador con pilas, por si me decían que no había enchufes, y una compañera tenía un micrófono para que se escuchara bien. Ese día me recibí de loco, la verdad -cierra, y por primera vez en la charla deja escapar un par de sonrisas.

El Loco del Grabador en acción, el día que les hizo escuchar el tango “Adiós al Gasómetro” a los legisladores. Alguno se agarra la cabeza.

Ya diplomado de lunático, y viendo que no le daban los votos en esa Comisión, armó una marcha para 5 días antes de las elecciones en la Ciudad. Aquel 5 de julio de 2011 fueron 40 mil los cuervos que se hicieron sentir. Pero habría más ocurrencias para este boletín: el 15 de diciembre le agregó un toque exótico a las manifestaciones que encabezaba.

-Se me ocurrió armar un suceso político, ir a la embajada de Francia (el país del que es originario Carrefour). Fuimos unos 7 mil, menos que otras veces, pero la repercusión internacional fue impresionante. Entregamos un petitorio al embajador, y aunque sabíamos que ellos iban a jugar para la empresa de su país, la idea fue nacionalizar el reclamo. Fuimos por la 9 de julio a contramano, cantamos el himno, la marcha del club y hablé desde el techo de una combi. Fue una de las manifestaciones que más me gustó. Se largó a llover al final, además, y eso le dio un tono más místico. En esos días me llamaron de la BBC Londres y de la cadena árabe Al Jazeera para hacerme notas. Ahí conseguimos el apoyo del sindicato de comercio de Francia.

El acto frente a la Embajada de Francia: al fondo, de remera blanca, Res dando su discurso en el techo de una combi.

-Supongo que habrán tenido que hablar mucho con los legisladores en ese tiempo…

-Fue muy duro. Eran 60 y necesitábamos 40 votos. Ahí fue cuando nos instalamos con Daniel Peso en la legislatura. Les hablábamos de la cancha, de una escuela popular, de la sala pediátrica, en síntesis: del proyecto igualador que uniría en el estadio el Boedo norte, la zona de cafés con mucha actividad, con el Boedo Sur, más postergado. Yo no inventaba nada, argumentaba con mi conocimiento histórico, con números de ordenanza, con todas mis convicciones, apoyadas en datos, resaltando el daño que habían hecho. De muchos multimedios me llamaban para entrevistarme, con periodistas pagos por la empresa francesa, y conmigo perdieron todos. También fui a dar charlas a los colegios de la zona. Encima, cuando el tema parecía encaminado, nos avisaron del PRO: “Miren que Mauricio no va a poner un peso para la expropiación, eh”. Era la excusa que tenían para no aprobarnos la ley: que la ciudad no tenía presupuesto.

-¿Cómo lo resolvieron?

-Ahí inventamos lo de los metros cuadrados del fideicomiso. Lo charlamos con Bruno Screnci en una reunión que le pedimos tener fuera del ámbito de la legislatura. Nos juntamos en un café en los bosques de Palermo. Ellos reconocían el daño que nos había hecho el Estado, pero no podían aprobar la Ley porque no tenían guita. Con Daniel Peso le hablamos de los 36 mil metros a recuperar y que cada metro costaría 2.600 y pico de pesos y que se podrían pagar en 36 cuotas de 90 pesos. Que todo eso iría a un fideicomiso, que se incluiría dentro de la Ley, para que ningún dirigente pudiera tocar la plata. No confiábamos en ningún dirigente, obviamente. Y si no se compraba el terreno lo teníamos que devolver. “Ah, ustedes están más locos de lo que pensaba”, nos dijo Screnci. Y así pudimos neutralizar un factor clave y se terminaron juntando los 110 millones de pesos que se le pagaron a Carrefour.

-También juntaron 110 mil personas en la Plaza de Mayo.

-Esa fue la marcha siguiente, la más grande, la que hizo explotar todo: el 8 de marzo de 2012, más de 100 mil personas en la Plaza. Era un modo de apurarlo a Macri, entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad, para que sancionara la ley. Y lo curioso es que yo era empleado de Macri. Pero para llenar la Plaza tuvimos que laburar mucho, estuvimos dos meses con compañeros en mesas ubicadas en 10 puntos de la ciudad para explicar todo. El club nunca acompañó ni puso plata. Siempre el mismo verso: le pagaban 1 palo verde a un jugador y no tenían mil pesos para imprimir volantes.

In crescendo: Res le habla a 40 mil cuervos, en 2011.

Ahora, en 2012, antes 110 mil hinchas en la Plaza de Mayo, con los legisladores que apoyaron el proyecto detrás.

-¿Qué sentiste al hablar frente a esa multitud?

-Y… fue fuerte. Di el último discurso, y en la Plaza de Perón hablé de Perón justamente. Recordé que en el cuadrangular final del Nacional 73 en el que enfrentamos a River, Atlanta y Central, que finalmente fue el campeón, cantábamos al son de Palito Ortega: “Yo tengo fe que vamo’ a ser campeón y vamo’ a dar la vuelta de la mano de Perón”. Necesitábamos 40 legisladores y de 0 voto llegamos a 50. Ganamos 50-0 y faltaron 10. El 15 de noviembre de 2012, dos años después de presentar el proyecto, salió la Ley de Restitución Histórica. Me gustaría que nombres a los legisladores que más ayudaron para llegar a ese final: Laura García Tuñón, Eduardo Epszteyn, Juan Carlos Dante Gullo, Bruno Screnci, Virginia González Gass y Raúl Fernández.

Una vez sancionada la Ley, comenzó la etapa de la negociación con el supermercado, que incluyó el pago de 4 cuotas de 1 millón de dólares por parte del club, además de los 110 millones de pesos juntados por los socios. A partir de 2013, las riendas del asunto las tomó la dirigencia del club y el Loco Res se presentó a las elecciones de San Lorenzo e ingresó a la Comisión Directiva por la minoría. Aunque se demoró más tiempo del que Res y sus muchachos consideraban lógico, el 5 de mayo de 2019 Carrefour cerró sus puertas (“fue muy emotivo, porque hasta último momento estuvo la idea de que podían hacer una jugarreta por atrás para estirarlo”, sostiene) y el 30 de junio el pueblo azulgrana se volcó a las calles para la vigilia tan esperada. En los primeros minutos de la medianoche del 1 de julio definitivamente volvieron a pisar tierra santa, tierra propia, llenando el predio de Avenida La Plata con mucho calor (a pesar del frío), música, fuegos artificiales y, sobre todo, emoción genuina.

El impresionante festejo del 1 de julio de este año: el pueblo de San Lorenzo vuelve a pisar suelo santo.

-Me llamó Tinelli para estar cerca de él en esa noche tan especial, aun habiéndolo criticado más de una vez. Uno puede estar loco, pero tampoco soy boludo. Fui a disfrutar con mi hermano, aún teniendo que ver caras que no me gustaban en el palco VIP, con rosqueros políticos, pero fui con la idea de disfrutar de esta película que no es solo de los últimos 21 años, sino de toda mi vida.

-¿Por qué hablás de rosqueros políticos?

-Porque el club tiene un problema de politiquería berreta desde hace 50 años. La negociación con Carrefour la hicieron los dirigentes, se tardó mucho, demasiado, teniendo la ley a favor, habiendo pagado 110 millones de pesos y con la movilización popular siempre latente. Es una pena, en estos años se han muerto varios de los aportantes y no han llegado a ver el estadio nuevo. Yo me peleé con todo el mundo. Desde Lammens y Tinelli para abajo, con los diferentes presidentes también. La fueron alargando, el club tampoco ayudó a publicitar lo del fideicomiso, no hubo una sola mesa en el estadio, pero la realidad es que la gente se llevó puesto todo. Yo solo no hubiera podido hacer nada, fui un agitador y conseguí ir sumando gente, aunque ahora se suben todos al caballo. El que está alejado del club cree que lo hizo Tinelli. Algunos te quieren bajar el precio. “Sé lo que hicieron ustedes, pero si no fuera por Tinelli…”, de dicen. Y Tinelli estuvo bien, nobleza obliga, ayudó, subió el pulgar, pero cuando tenés 120 lucas de personas en la calle, no podés ir contra la marea.

-¿Este regreso en qué plano lo ubicás en relación a la Libertadores, por ejemplo?

-Eso no es más importante que la Libertadores, ¡es mil veces más importante! La Libertadores tiene un valor para que no me carguen en el café. Yo fui siempre muy cargador en mis círculos, como tachero y estudiante en la Facultad, era inaguantable, pero tenía argumentos para defenderme aún sin haber ganado la Libertadores. No cambió la grandeza del club por haber ganado la Copa. No tengo dudas de que después de la fundación, este es el logro más importante en la historia del club. Aparte porque le doy valor a los próceres de la fundación, que son seres extraterrestres para mí.

-¿Está bien que el estadio se llame Papa Francisco?

-Por supuesto. Ese nombre lo propusimos nosotros en Comisión Directiva y se votó en 2014. El Papa representa a miles de millones de personas, es el hincha de San Lorenzo más popular de la historia. Y hay que utilizarlo en el buen sentido: mirá si aparece un millonario en el Líbano y te pone la moneda para hacer el estadio (risas).

-¿Qué harías con el Bidegain?

-Haría un Cenard del sur. Que siga siendo propiedad del club, pero habría que firmar un convenio con Ciudad y Nación para levantar un Centro de Alto Rendimiento, que la gente del sur no tiene nada.

-¿Cuándo imaginás que va a estar listo el estadio?

-Imaginar no me imagino, yo puedo ayudar con ideas, me puse a disposición, pero el poder lo tienen otros. Si se pusieran las pilas, el estadio se hace en 3 o 4 años, pero como no termino de creer que se vayan a poner las pilas, creo que tardará un poco más. Ojalá me equivoque. Igual, llegará por decantación. Lo que no queremos es que decaiga el tema, hay que seguir con todo. Yo ya tengo una grilla armada de 6 actividades culturales de jerarquía para hacer en el predio este año, entre otras que toque la Orquesta Filarmónica de la Ciudad. Hay que hacer cosas para los vecinos, para los dubitativos.

-Primero debe salir la Ley de Rezonificación, ¿no?

-Para poder hacer la cancha, la Legislatura debe aprobar esa Ley, sí. En realidad, la Ley debería llamarse “Devolución de la zonificación” porque cuando el supermercado llegó en 1983 no se podían hacer estos negocios y lo cambiaron de forma oscura en el viejo Concejo Deliberante. Eso debería ser un trámite. Después está la financiación del estadio. Considero que no es difícil, sólo hay que actuar con inteligencia.

El abrazo de Adolfo con su hermano (de espaldas) al aprobarse la Ley de Restitución Histórica. Al costado, el presidente Lammens.

-¿Vos también eras de los que no compraba nada en Carrefour?

-Por supuesto. Una vez me peleé con un cliente en el taxi porque pretendía que entrara al estacionamiento y yo le dije que no y me planté. Entré una sola vez a ese lugar, cuando fuimos a hablar con un gerente antes de que saliera la ley y me descompuse antes de entrar. No pude.

-Me imagino que el mensaje que deja esta historia es que vale la pena luchar por un sueño, aunque parezca una locura.

-La satisfacción es gigante. Primero, como hincha de San Lorenzo. Y después, porque yo tengo una mirada ideológica de la vida, y este es el triunfo de un laburante, un tipo que sigue viajando con la SUBE. No hay que ser poderoso para conquistar metas, no hay que doblarse, hay que tener condiciones y dignidad. Yo me adoctriné con José Ingenieros, y creo en eso, y llevo la biblioteca en el lomo. Yo me podría haber vendido tranquilamente a la empresa, y tendría un pasar bárbaro, pero hay alguien que me está mirando desde arriba, y me hubiera cagado a tiros. Ese es Pablo, mi viejo. Todo esto se logró por tres factores: sanlorencismo, dignidad y la fuerza de creer. Apenas eso. Nada más que eso.

Sanlorencismo, dignidad, la fuerza de creer. Y, agregamos: un grabador, cuatro pilas, un micrófono y un Loco que se cambió el apellido por miedo a defraudar a sus antepasados.

Si lo viera su padre.

Los hermanos Resnik, en una de las últimas manifestaciones. Diego (izquierda) y Adolfo (derecha) con la fecha estampada del regreso. En el medio, un amigo de ambos.

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