Turistas para afuera: al final no nos fuimos a cococho, al menos a Chile
Menos argentinos cruzaron a Chile y el dato incomodó a muchos pronósticos. El tipo de cambio ya no hace magia y obliga a repensar el turismo, adentro y afuera.
13/01/2026 | 10:52Redacción Cadena 3
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Durante semanas se instaló la idea de que los argentinos nos íbamos a ir todos "a cococho" a los países vecinos, empujados por un supuesto tipo de cambio imbatible y precios imposibles de igualar en casa. Sin embargo, los datos duros empezaron a pinchar ese globo. Entre el 26 de diciembre y el 7 de enero, los cruces hacia Chile por el paso Cristo Redentor cayeron un 22%. No es un detalle: es el principal paso fronterizo y el descenso es contundente.
La sorpresa fue general, aunque no tanto para quienes venían advirtiendo que la foto del turismo al exterior estaba distorsionada por comparaciones engañosas. Se miraban números de 2025 contra 2024, un año atravesado por un dólar carísimo, cepo, incertidumbre y consumo reprimido. Cuando el dólar bajó, mucha gente compró pasajes con anticipación y eso infló estadísticas que hoy ya no se sostienen.
La cuenta es simple. Hace un año, comprar 100.000 pesos chilenos costaba 120.000 pesos argentinos. Hoy cuesta 168.000. Un 40% más caro. En Brasil pasa algo similar: los 1.000 reales que costaban 222.750 pesos hoy demandan casi 288.000, un aumento cercano al 30%. La ecuación cambió. Y cuando cambia el precio relativo, cambia el comportamiento.
En el caso de Chile, además, se suman otros factores. La inseguridad, cada vez más presente en el debate público trasandino; el componente histórico del turismo de compras, que hoy perdió atractivo; y el crecimiento del comercio electrónico en Argentina, que achica aún más la ventaja de cruzar la cordillera. A eso se suma que Chile nunca fue, estrictamente, un destino de playas seductoras frente a Brasil, donde el agua cálida sigue siendo una tentación difícil de discutir.
Brasil es otro cantar. Probablemente las cifras sigan siendo altas, porque el destino se vende solo. Pero incluso ahí el fenómeno ya no se explica únicamente por el dólar barato. Hay algo más estructural en juego.
La conclusión es incómoda pero necesaria: el tipo de cambio ya no garantiza, por sí solo, ni el éxodo masivo ni la protección automática del turismo interno. Y eso interpela directamente a los empresarios argentinos del sector. Hoteles, teatros, restaurantes, cabañas, transporte, líneas aéreas: si esperan que la competitividad llegue solo por la vía cambiaria, el margen es cada vez más estrecho.
La alternativa es la de siempre, pero ahora sin atajos: eficiencia, precios cuidados, promociones reales y mejor servicio. "Bueno, bonito y barato" dejó de ser un eslogan simpático para convertirse en una condición de supervivencia. En Carlos Paz, por ejemplo, las entradas de teatro no están fuera de alcance y abundan las promociones. Las cabañas buscan escala para diluir costos fijos. Los restaurantes ajustan cartas y precios. Hay esfuerzo, pero no alcanza con confiar en la macro.
Al final, no nos fuimos tan a cococho como se temía en octubre y noviembre. Al menos no a Chile. Y eso deja una enseñanza: cuando se corre el velo de la euforia cambiaria, lo que queda es trabajo, competitividad y adaptación. En turismo, como en la política y la economía, no hay milagros que duren para siempre.





