El consumo sufrió un golpazo electoral en noviembre
La caída de las ventas en noviembre expuso una paradoja: con menor inflación, el consumo masivo no repunta, pero otros gastos sí crecen.
23/01/2026 | 11:18Redacción Cadena 3
Los datos publicados por el Indec sobre ventas de consumo en noviembre dejaron una señal incómoda para el relato económico: el consumo no reaccionó como muchos esperaban. En los supermercados cayó 2,8% interanual y 3,8% respecto de octubre. En los mayoristas, el derrumbe fue aún mayor (–8,3%), mientras que en los shoppings se registró una baja del 2,3%. Un golpe fuerte, en un mes clave y con clima político cargado.
Si la inflación desacelera y deja de erosionar los ingresos, ¿Por qué no mejora el consumo? La respuesta no es única ni lineal. De hecho, el fenómeno parece explicarse por una combinación de factores que van más allá de la simple ecuación precios–salarios.
En primer lugar, los ingresos siguen débiles. No hay un rebote generalizado ni una mejora contundente del poder adquisitivo. Y, además, los ingresos no evolucionan igual para todos. No es lo mismo un trabajador de una actividad orientada históricamente al mercado interno —que hoy perdió protección y demanda— que alguien vinculado a sectores dinámicos como el petróleo, la energía o algunos servicios exportables. La heterogeneidad del mercado laboral pesa, y mucho.
A eso se sumó un factor clave y muy puntual: noviembre fue un mes de alta incertidumbre política y cambiaria. El proceso electoral y el temor a un giro abrupto en la política cambiaria impulsaron una fuerte dolarización preventiva. Muchos pesos que podrían haber ido al consumo terminaron inmovilizados en dólares. El resultado fue inmediato: menos dinero circulando en comercios y supermercados.
También hay que mirar con atención los cambios en los canales de consumo. Parte de lo que cae en las estadísticas tradicionales puede estar ocurriendo fuera del radar del Indec. Consultoras privadas, como Scentia, muestran otra foto: en el año, las ventas en supermercados crecieron 5%, y en almacenes de barrio, 9%. No es una contradicción total, pero sí un indicio de desplazamientos y subregistros.
La paradoja se vuelve más evidente cuando se observan otros indicadores. En 2024 se vendieron 48% más autos que el año anterior. El turismo mostró dinamismo. Las hipotecas tuvieron su mejor año desde 2004. Los bienes durables también crecieron. Entonces, ¿Cómo puede caer el consumo cotidiano mientras aumentan estas operaciones?
La respuesta está en el cambio de prioridades. Muchas familias están ajustadas, no porque no gasten, sino porque gastan distinto. Pagan la cuota del auto, del crédito hipotecario, del viaje que antes no podían hacer. Ese dinero ya no va a la góndola del supermercado, pero sigue siendo consumo.
Nada de esto niega la realidad: el consumo masivo está débil, y los números lo confirman. Pero reducir el diagnóstico a una sola causa sería un error. Noviembre fue un mes excepcionalmente volátil, atravesado por miedo, especulación y espera. Un mes que “congeló” decisiones y paralizó a muchos.
La clave, hacia adelante, será ver si esa incertidumbre se disipa y si los ingresos logran una recuperación más pareja. Recién entonces se sabrá si la caída del consumo fue solo el reflejo de un momento político-económico extremo o el síntoma más profundo de una economía que todavía no logra arrancar.





